La estructura circular está abandonada. Se ve desgastada por el paso del tiempo. La madera ha engullido parte de la construcción y las inscripciones en la piedra ya no son claras.
Él se acerca y dice las palabras en un idioma antiguo. Debe darse prisa antes de le encuentren, porque los ángeles siguen buscándole. Así de insistentes son esas criaturas. Ni siquiera sabe si va a funcionar, pero debe intentarlo.
El portal se abre. Sabe que al otro lado las temperaturas serán alta y árido. Debe seguir, no hay vuelta atrás. Cruza y e ve en medio de un desierto rojizo con un sol brillante. La tormenta de arena le impide ver con claridad. Se esfuerza y ve unas construcciones. Esos muros de piedra negra ya los había visto antes. Lo había logrado.
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Él es arrastrado por lo guardias. Lo llevan hasta el señor del Infierno. A su derecha está la consejera real. Tiene la visión borrosa y no puede apreciar una clara imagen de esa chica. Se ve como un demonio, pero tiene algo de humana. Hay algo aún más raro, algo familiar.
-Mi señor, otro humano.-dice uno de los guardias.-merodeaba a fuera de las murrallas.
Lucifer lo mira con repudio. Se ve miserable. Él hace un esfuerzo por levantar la cabeza y encontrar la fuerza necesaria para hablar.
-Necesito hablar con Collet, la hija de Caín.- se da cuenta de que la chica que está al lado del rey es ella.
-¡Llevároslo!
Él intenta desesperado resistirse y escapar. Los demonios son más fuertes. No se puede comparar la fuerza humana con la de ellos. Es arrastrado por la alfombra. Empieza a gritar el nombre de Collet. Los guardias le silencian con un bozal de acero. Se lo llevan. No iba a ser fácil llevarle el menaje a Collet.
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Bajando las escaleras de caracol, están las mazmorras: frías y húmedas. Le van atan a unas cadenas. Hay otro hombre con pintas de criminal al otro lado. Está demasiado herido y cuelga de la pared. Uno de los guardias le suelta un momento para quitarle el francotirador y la mochila. Ni puede permitirlo. Un cabezazo y un puñetazo en el estómago al otro. Coge el arma de fuego y dispara contra el primero. Contra el segundo le golpea en las rodilla con el francotirador y aprieta el gatillo.
-Esa es buena.-dice el hombre que cuelga en la pared.-Coge las llaves y libérame, te puedo ayudar.
Él le mira serio, sin mostrar ninguna emoción. Igual en un pasado le habría ayudado, pero había aprendido a no confiar en casi nadie. Si va solo, trabaja solo…
Empieza a correr escaleras arriba. Una vez llega arriba, se ve en medio de un gran pasillo. Debe largarse lo antes posible porque los disparos son cualquier cosa menos silenciosas. No tardarán en venir más guardias. Ha podido contra dos demonios por suerte, pero ya no tiene más fuerzas para pelea.
Abre una puerta y entra. La sala está llena de armaduras y armas pesadas. Se queda ahí. Lo más sensato es quedarse ahí descansando hasta que anochezca…
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Estoy tumbada en mi cama. Son media noche pasadas y no puedo pegar ojo. Tengo demasiadas cosas que procesar y no podré dormir hasta que me aclara. Siendo sincera eso no pasará, soy consciente. Darío había muerto delante de mis ojos. Una de sus cicatrice, específicamente la del cuello, coincide por donde le atravesaron el cuello con una lanza.
Un ruido me hace volver a la realidad. Es como si algo estuviese rascando el interior de las paredes. En palacio real está lleno de sirviente y miembros de la nobleza y Corte. Pensar en eso me hace despreocuparme del extraño ruido. No obstante, persiste y cada vez está mas cerca. Escucho de repente dos golpes en un cristal. En mi ventana hay un chico. Ese tipo me mira con un brillo de ilusión en sus ojos negros y me saluda con una amplia sonrisa.
Cojo la daga y me acerco. Esos profundos ojos oscuros sin fin que me captan y esa nariz afilada. Es Jack. Tiro la daga, no me lo pienso dos veces.
-¡Jack!-digo casi gritando.
-Baja la voz.
Ha cambiado: pintas de un chico que ha vivido el fin del mundo, cejas más gruesas, pelo castaño más largo y recogido a medias en un moño mal hecho. Se sacude el pantalón y la camisa negra. Asomo la cabeza por la ventana. No sé cómo ha logrado trepar por la pared hasta llegar a un tercer piso. Miro sus botas grises y noto que tienen clavos en las suelas.
Jack se suelta el pelo y lo vuelve a recoger.
-¿Qué-?-no sé que decir.-
-Perdóname, Collet. Sé que te debo una explicación por mi desaparición, pero…
Él tampoco tiene palabras. Los dos estamos en silencio y este reencuentro entre dos viejos amigos se siente como una conversación entre dos desconocidos. Caigo al suelo de rodillas. Durante más de un año pensé que me odiaba o, peormente; que había muerto. Ahora todo eso cambió porque mi Jack estaba vivo.
-Una noche desapareciste…-hablo con la voz temblorosamente.
-Collet…
No lloro de tristeza o de ira por aparecer de la nada; lloro de la alegría, de alivio. Toda la agonía que he guardado por un año se va. Una parte de ella me deja por fin en paz. Le veo la intención de querer abrazarme. Me lanzo a sus brazos.
-Collet, lo siento…-su voz se rompe.
-Pensé que estabas muerto, Jack.-me aferro a él.-Joder…Me alegro de que estés bien.
Jack espera a que me sienta mejor. Después, se quita la mochila y el francotirados que carga en su espalda. Deja todo en el suelo y, con cuidado, me enseña una gema del interior de la mochila. Me quedo embobada viéndola.
-La gema del Fuego.
Esa era la magia que usaban los demonios y la única.
-¿Cómo?
-Quiero que veas esto.- pone su mano en ella haciendo que su luz parpadee.-Antimagia. Podemos destruirlas.
-Jack…
-Collet, escúchame: El Cielo vino a por nosotros porque tenían miedo de nosotros. Temían a la antimagia de los humanos.