Flor de Sangre

CAPÍTULO 6

-Collet, despierta.

Parpadeo. Recuerdo haber despertado en medio de la noche y ver a Jack a mi lado. Mientras me observaba los dos nos acercamos y nos besamos. Me acarició y después de eso me envolvió en sus brazos por toda la noche.

Siento náuseas y dolor de cabeza. Jack me ofrece una pastilla de ibuprofeno y una botella de agua. Su mochila es como un bolsillo mágico.

-Sí que tienes de todo…

-Voy preparado.

Trago con dificultad la pastilla.

-Hace tiempo que no tomo una.

-Sí y veo que también te has vuelto una desordenada.-señala el montón de libros esparcidos en toda la habitación.

Miro las cicatrices en su espalda y en su abdomen.

-Tú también has pasado por mucho.-repito sus palabras.

Empiezo a ponerme el kimono verde, mi color favorito. Jack mira a su alrededor, aún sin creerse cómo de patas arriba está mi cuarto.

-“¡Qué desastre!” lo sé-le ahorro las palabras.-Los manuscritos de mi padre. He estado descubriendo la verdad. Es complicado porque su estilo es…un poco raro.

-Sí que has estado ocupada.

Le lanzo a la cara su camisa negra. Le pedí que se la quitara al menos para no ensuciar la cama, aunque igualmente lo hizo porque durmió con esos polvorientos pantalones.

-Antes de que digas nada…-señalo la gema del Fuego que está en la mesilla.-¿De dónde demonios la has sacado?

Me cruzo de brazo y me apoyo en la pared. Estoy dispuesta a esperar hasta que me responda. Aunque me intente cambiar de tema, no pienso hablar sino consigo una respuesta a mi pregunta.

-Regresé a Londres, a nuestro antiguo vecindario. Es lo primero que hice cuando me fui.

Imaginé las casas adosadas y el césped verde de los patios de nuestro antiguo vecindario. Aún puedo recordar cómo nos saludábamos cada mañana porque nuestras casas estaban una enfrente de otra. También añoro el amor con el que me crió mi padre, soltero.

-Entre los escombros de tu casa había un sótano y allí había un diario de tu padre junto a dos gemas.

-¿Y dónde está la otra?

Jack baja la cabeza y desvía la mirada hacia otro lado. Le maldigo porque ese silencio solo puede significar una cosa. Los ángeles se la quitaron.

-Tu padre pasó por demasiadas cosas.

Eso ya lo sabía, no por nada he estado leyendo miles de diarios y manuscritos suyos. Al menos ya no guardaba sola los secretos de mi padre. La pregunta era cuánto sabía Jack.

-Collet, ven conmigo.-se levanta y me abraza por detrás.

-¿Por qué insistes tanto?

Su insistencia me incomoda. Le miro seria y noto que sus ojos etán igual de agotados que los míos. Tiene una mirada perdida.

-Hay más humanos, supervivientes y…Solo confía en mí.

-No, Jack. La verdad es que no puedo irme porque no confío en nadie.

-¿Y en los demonios sí?

-No, pero…-me muerdo la lengua.

-Pero quieres venganza y cambiar el Infierno. No lo quieres admitir, pero te preocupas por ellos.

Le aparto y mantengo mis ojos en él. Jack evita cualquier contacto visual conmigo. Es eso lo que me aleja de él: me mira con ese aprecio que me tiene, pero cuando hablamos de asuntos más serios no puede mirarme a la cara.

-No confías.

-No es que no confíe…Es que no sé si viniste a por las gemas o por mí o a qué. Me besaste anoche.-trato de no darle demasiadas vueltas al aunto.-No te daré las gemas y no iré contigo. ¡Oh!, y la gema del fuego se queda conmigo.- digo cogiéndola y metiéndola en mi bolso.

Jack mira la ventana. Luego me presta atención y ve que se me complica acabar de ponerme el Kimono. Son muchas telas. Quiere ayudarme, pero le aparto.

-Puedo sola.

El no permite que le rechace.

-¿Siempre tienes que ser tan orgullosa?-protesta atacándome con una pregunta retórica.

Le digo que no salga de la habitación. Que hiciese lo que quisiese, pero que no saliese. Cierro la puerta tras mi paso y le abandono, debo ir con ellos necesariamente.




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