Fecha:27/07/2006
El sol de avecinaba lentamente por el cielo creando el nuevo amanecer. Su luz se adentraba en las calles de la ciudad, en las ventanas de los edificios o casas. Las personas se levantaban y empezaban su nuevo día junto con sus ramas que se estiraban (al despertarse) que generaban un sonido estrecho. Cuando salían de sus hogares al mezclarse con la multitud, en ellos era muy visible que en todo su cuerpo estaban conformados por una cierta cantidad de hojas verdosas, en realidad casi todos tenían las mismas cantidades, lo que les daba un toque más significativo en sus vidas y en sí mismos excepto por los niños que estos no habían llegado aún a la etapa de hacerlas florecer.
Algunas personas las tenían más en los brazos, piernas o cuello que en la mayoría de su cuerpo, sin embargo, estas no crecían en un lugar exacto, sino que crecían al azar en diferentes partes, había algunos que extendían un poco más las ramas de su cuerpo para dar más espacio a más florecimientos. Los hombres, generalmente sobre sus frentes cuando llegaban a la etapa se les extendía unas ramas las cuales de allí brotaban las primeras hojas dejándolos como con un peinado afro en la mayoría de ellos, mientras que en las mujeres estas no se les extendían unas ramas sobre la frente, sino que allí arriba se extendía una rama que era algo más ancha de la cual en su punta salían unas riendas que caían rodeando su cabeza hasta su mentón dejándolas como con un peinado lacio.
Pero esta historia está enfocada en un hombre que se veía tan común como el resto. Lo único que lo diferenciaba eran sus movimientos lentos mientras caminaba por las calles o su mirada baja apuntando al suelo mientras que se mezclaba en la multitud y estos lo pasaban por al lado. Cada vez que intentaba alzar la mirada siempre los veía, siempre, esos recuerdos, esos tiempos pasados, como si cada vez que parpadeara pudiera cambiar de lugar y de tiempo a esos recuerdos que lo mantienen así.
Cerró los ojos, levantó la cabeza y empezó a correr. Y a correr. Y a correr, mientras que los demás se hacían aun lado, mientras que sus hojas se sacudían con el enfrentamiento cara a cara con el viento, mientras que un camino pequeño y oscuro se avecinaba a su distancia. Se metió al callejón. Paro de correr y se recostó sobre un muro hasta que el agotamiento fuera lo único en lo que pudiera pensar. Cuando decidió levantarse, se dio cuenta que el agotamiento físico que le dio unos momentos de alivio se había esfumado, pero pensó que le podía ser útil para “evitarlo”. En su hombro derecho, las pequeñas ramas que habitaban allí empezaron a abrirse un poco cada una lo cual le provoco un poco de molestia, sin embargo, no fue por espacio ya que a este le sobraba. Cuando dejaron de moverse, una delgada línea verde empezó a salir del espacio que dejaron las pequeñas ramas y de esta línea se creó una nueva hoja del mismo tono verdoso que tenía en su cabeza. El hombre estaba impresionado, pero a la vez confundido, confundido más que nada. No habían crecido hojas en él desde hace mucho tiempo y ¿Por qué ahora? Que había hecho el en ese entonces para recibirla, era la pregunta que se hizo hasta que llego a su departamento, hasta que llego a su piso, hasta que ceno y hasta que se acostó.
Fecha:28/07/2006
Al otro día su alarma sonó a una hora que le hizo perder la mitad del día. Eran como las 17:30, una hora antes de prepararse e irse a juntar con una vieja amiga que tenía pero que nunca se comunicaban. La amiga llamada Samara le había propuesto una salida ese día una hora después de la que se había levantado. Salió de su departamento y al rato se vio con su amiga. Esta no tenía mucho tiempo, pero le explico algunas cosas junto con una nota, tenía una dirección que le dio lo cual por un momento, de todo lo que le dijo en menos de 12 minutos, este sintió un alivio diferente pero que a la vez ese alivio se apagó al instante que recordó lo que debía de hacer.
Cuando entro a su departamento cerró la puerta detrás de el en lo que se calló el papel de su bolsillo y este lo recogió. Se quedó unos segundos mirándolo y luego al mismo tiempo miraba su nueva compañía que por alguna razón desconocida no la terminaba de aceptar, quizás fue un error, aunque el seria el único error en su mundo que le pasara algo que no cree que debería de haberle pasado. Apretó los puños con fuerza mientras que las raíces de las manos se endurecían y luego las aflojo. Se calmó. Agarro el teléfono de cable que había en su pared y anoto el número de teléfono que se encontraba en la nota con la esperanza de que a pesar de la hora valga la pena llamarlo.
- Buenas noches, se está comunicando con el centro de Atención Psicológica y Apoyo Social. Mi nombre es Celina ¿En que podemos ayudarle? - atendió rápidamente una voz femenina.
Arthur se quedó callado y pálido ante la rapidez de su llamada sin formular la respuesta.
- ¿Hay alguien ahí? – pregunto la mujer al tiempo que Arthur estaba por colgar la llamada dejando a centímetros el teléfono de su posador. Cuando se armó de valentía un tono de su voz salió, pero se cortó al tiempo que la mujer corto la llamada.
Este, frustrado volvió a apoyar el teléfono en su posador y se fue a su habitación. Al rato que volvió rápidamente, saco el teléfono anoto los números y apretaba con la otra mano el cable en lo que esperaba la llamada que ni siquiera tuvo que esperar.
-Hola, buenas noches, se está comuni…-Un turno a las 14:20. Mañana. - dijo Arthur.
- Bien, podría darme su nombre y apellido para agendarlo a la lista de mañana señor…- Arthur.Lonson-
-Bueno señor Lonson su turno está agendado para mañana en el sector… disculpe ¿Qué sector quisiera para su turno de mañana? – Connn... ell… sectorrr… psicológico-
-Bien entonces mañana usted tiene turno a las 14:20 en el sector psicológico junto con el doctor Bartolo. Cuando llegue debe firmar unos papeles y será recibido a su oficina, hasta entonces le comunicare mañana por la mañana al doctor sobre su turno. Buenas noches-
#653 en Thriller
#235 en Suspenso
#1276 en Fantasía
#706 en Personajes sobrenaturales
Editado: 14.03.2026