A escribir se aprende cayendo y levantándose, pero a terminar una historia se llega gracias a la constancia, a las propias vivencias y al impulso de ver las ideas convertidas en realidad.
Quiero agradecer a cada momento de inspiración que alimentó las páginas de este relato, a los rincones que sirvieron de lienzo para construir esta atmósfera de misterio y a la perseverancia necesaria para sacar adelante este proyecto de principio a fin.
Gracias a quienes disfrutan de un buen libro y se atreven a adentrarse en la niebla para descubrir la verdad.