🌸 Capítulo 3 – La Máscara del Príncipe Caído 🌸
🌸 Capítulo 3 – La Máscara del Príncipe Caído 🌸
En sus sueños, aún veía los faroles de neón.
La lluvia golpeando el parabrisas.
La canción de fondo que su teléfono no dejó de repetir:
"Este mundo no tiene lugar para las flores marchitas..."
Y luego, el impacto. El dolor. El fin.
Pero no murió.
Solo... despertó en otra historia.
La bruma matinal envolvía el jardín oriental del clan Yin como un velo de tristeza antigua. Entre los estanques de lotos y los sauces llorones, una figura vestida de blanco aguardaba bajo una sombrilla de papel de arroz. Su presencia era silenciosa, como un suspiro olvidado por el viento.
Yin Xie lo reconoció de inmediato.
Yan Lou, el décimo tercer príncipe. Desterrado tras una conspiración que arruinó su nombre, ignorado por su familia, temido por la corte. En la novela, su alma fue una de las pocas que jamás se manchó de crueldad… y por eso fue condenado a la soledad.
Y ahora, estaba aquí. Esperándolo.
—Pensé que eras un fantasma —dijo Yin Xie con voz baja, rompiendo el silencio.
—Tal vez lo soy —respondió Yan Lou, girándose lentamente. Su máscara de plata ocultaba medio rostro, pero su ojo visible brillaba con melancolía—. Pero tú… tú no eres el Yin Xie que conocí.
La afirmación no fue una acusación. Fue un reconocimiento.
—¿Lo notaste?
Yan Lou asintió.
—El antiguo Yin Xie nunca habría caminado derecho frente a Li Zhen. Nunca habría hablado con Hua Jin sin miedo. Y nunca… habría mirado a alguien con los ojos que me estás mostrando ahora.
Yin Xie bajó la mirada, por primera vez en días.
—No sé si eso es algo bueno o malo.
—Eso depende —dijo el príncipe mientras avanzaba, acercándose sin brusquedad—. ¿Eres más libre ahora… o solo estás jugando un papel distinto?
Esa pregunta lo atravesó.
Li An —el verdadero— no había sido libre tampoco. No en su vida moderna, llena de deberes sin alma, familia ausente, y días repetidos frente a la pantalla, deseando que la ficción fuera real.
Ahora estaba dentro de la historia.
Y por primera vez… alguien lo veía.
—No sé cómo responderte —murmuró Yin Xie.
Yan Lou extendió una mano enguantada. Un gesto simple. Humano.
—Entonces no respondas. Solo… camina conmigo. Al menos por hoy.
Pasearon por el jardín, donde las peonías aún no habían sido pisoteadas por las botas del Marqués, donde el aire no olía a sangre ni a incienso pesado. Por un instante, la corte dejó de existir.
—Sabías que te iban a matar, ¿cierto? —preguntó Yan Lou de pronto—. En la fiesta del solsticio, planeaban tu “sacrificio”.
Yin Xie se detuvo.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo también estaba destinado a morir ese día. —La voz de Yan Lou se quebró levemente—. Pero tú tomaste mi lugar. O el Yin Xie anterior lo hizo.
Yin Xie cerró los ojos. El sacrificio a los dioses de la guerra. Un acto simbólico disfrazado de ritual. En la historia, fue Yin Xie quien ofreció su cuerpo, aún vivo, como ofrenda, mientras el palacio celebraba la paz. Todos pensaron que fue elección suya. Que era un honor.
Pero no lo fue.
—Entonces… —susurró Yin Xie—, me arrebataron la vida dos veces.
—Y puede que intenten hacerlo una tercera.
Yan Lou lo miró. No con compasión, sino con una serenidad que quemaba lento.
—Déjame ayudarte, Yin Xie. No por lo que fuiste… sino por lo que eres ahora.
En lo alto de una torre cercana, entre sombras talladas en madera negra, Li Zhen observaba el jardín. Sus ojos, fríos y filosos, no parpadeaban.
—Así que es el príncipe exiliado quien se atreve a robarme lo que es mío… —murmuró, con la voz afilada como una cuchilla envainada.
Una sonrisa.
Lenta. Cruel.
—Perfecto. Que vengan todos los fantasmas del pasado. Yo los enterraré uno por uno.
<> Final del Capítulo 3