Pasan 3 años, y el 10 de junio (días antes de cumplir los 15 años), Fernand es instada por su padre a tomar la posición de Capitán en la Guardia Real. Pero había un problema, el hijo de un Comandante, el joven Conde Axel Dionisio de Gadilrroba, también habia sido escogido como Capitán de la guardia real. Así que, el Rey decidió que quien desmostrara ser mejor en el manejo de la espada sería quien ocupara el puesto. Esto hizo regocijar a Joaquín, ya que confiaba plenamente en las habilidades de su “hijo”. Y sin embargo, en la Corte esperaban con ansias el momento oportuno de darle a Joaquín una lección. Dado que pretendía nombrar Capitán a su hermosa hija de 14 años, que era exageradamente desestimada por la Corte, éstos pretendían demostrarle a Joaquín que, por muy hombre que pretendiera hacerla, siempre sería una niña. Estaban seguros de que perdería ante el joven Gadilrroba. Y sin embargo, había quiénes confiaban plenamente en que la joven Gadeón triunfaría. Se levantaron apuestas inclusive.
—Mañana es el duelo Fernand— le dice Antoine muy preocupado.
—Eso lo sé perfectamente, amigo mío— responde Fernand tranquilamente mientras acomodaba el uniforme que usaría y pulía el filo de su espada.
—¿No te preocupa?—
—¿De qué debería preocuparme?—
—Pues, te enfrentarás al Conde de Gadilrroba ¡Tiene fama de ser el mejor con la espada!—
—Eso es porque aún no se ha enfrentado a mí.— dice ella tranquilamente.
—Pero Fernand, él es mayor que tú ¿Qué pasa si logra herirte?—
—Seguiré luchando, amigo mío. Lucharé y no me daré por vencida hasta vencer.—
—Fernand, podría matarte.—
—Si es lo que te preocupa, tranquilízate Antoine. No podemos matarnos el uno al otro. Además, hablas como si nunca hubieses peleado conmigo.—
—Es cierto que para mí es imposible ganarte, ¿pero él?—
—¡Basta Antoine! No quiero más dudas. Voy a luchar contra el Conde y voy a ganar—
—Me agrada esa actitud— dice Joaquín entrando de pronto en la habitación.
Antoine y Fernand se paran firmes frente a él.
—Antoine, retírate, Fernand necesita dormir para estar bien el dia de mañana.—
—Si, señor— dice Antoine caminando firme hasta afuera de la habitación, saliendo no sin antes dedicarle una mirada de preocupación a su amiga.
—Fernand, quiero hablarte.— dijo y le indicó que se sentara con él en la cama.
—Puede decirme, señor.—
—Fernand, en cierto modo, Antoine tiene razón: tu contrincante es alguien fuerte y muy bien preparado. Debes dejarle fuera de combate antes de que se vaya a los golpes. No resistirías dos golpes seguidos de ese joven. Será necesario que lo derrotes antes de comenzar una lucha cuerpo a cuerpo.—
—Si señor.—
—Fernand.... Escucha. Que tú seas derrotado mañana representaría una deshonra total a nuestro apellido, sin contar con que seré el hazmerreir de toda la nobleza. No puedes fallar, Fernand.—
—Entendido, señor—
—Cuida lo que haces. Mañana estarás bajo los ojos del Rey. Cualquier mal comportamiento será reprendido severamente y lo sabes.—
—Si, señor.—
—Ahora duerme, mañana te espera un día importante—.
—Si...—
Joaquín sale de la habitación y cierra la puerta tras de sí. “¿Porque Antoine está tan preocupado y mi padre no? Pareciera que a mí padre no le importa lo que me ocurra... Pero eso cambiará a partir de mañana. Cuando logre obtener el cargo de Capitán de la Guardia Real, mi padre estará orgulloso de mi y seré finalmente su hijo amado. Sí ¡Eso es lo que haré!“
Llega la mañana, y Joaquín se alista para salir. Comienza a desesperarse al ver que su “hijo” no bajaba rápido. En su habitación, Fernand dedicaba una plegaria al Creador antes de salir. Al rato, salió de su habitación luciendo un traje de oficial que le sacó un suspiro a su madre. Su nana le amarró el cabello como el de un joven caballero y Fernand junto con su padre partieron hacia el Palacio Real.
—Te luce maravillosamente el traje de oficial, Fernand.— le dice Joaquín tras un tramo largo de camino en silencio. Nunca había notado lo frío e inexpresivo que podía ser su “hijo”.
—Se lo agradezco, señor.— contestó ella sin inmutarse. Su mirada seguía firme, fija y sin mostrar sentimiento alguno. Lucia sería y fría, impropio de su personalidad en su hogar.
—Falta poco para llegar al palacio. ¿Estás preparado?— le preguntó tras un rato más en silencio.
—Si, señor—
Con eso, Joaquín se convenció de que sería imposible sacarle conversación a su “hijo”.
—Mira Fernand, él es el Conde de Gadilrroba, tu contrincante.— dijo señalándole a un joven que venía por un camino diferente, pero con el mismo destino al palacio.
Fernand volteó a mirarle. Y el Conde le devolvió la mirada. Axel era un joven apuesto, alto, de ojos verdes y cabello café claro. Portaba un uniforme igual al de Fernand, pero la veía con desdén. Iba hablándole a su padre.
—¿Es a ella a quien debo enfrentar?— le preguntó.
—Así es hijo—
—Esto es una pérdida de tiempo, ¿Cómo sobrevivirá esa cosita delicada luchando contra mí? ¿En qué está pensando su padre? Esto es una tontería.—
—Axel, cuida lo que dices. Podrías ofender al General y a su... “Hijo”—
—¡Qué se ofenda!—
Axel cabalgó y bloqueó la intersección de ambos caminos, evitando que Joaquín y Fernand avanzaran.
—Buenos días General. ¿Quién es la señorita que lo acompaña?— le dijo Axel haciendo que su padre se enojara.
—Buenos días, Conde Gadilrroba.— dijo Fernand aún seria e inexpresiva.
—Buenos días señorita. ¿No debería estar usted en casa, arreglándose para sus deberes hogareños como buena niña?— dijo y a Joaquín le hirvió la sangre.
Pero Fernand rodeó al Conde y siguió su camino. Los tres hombres se quedaron atónitos.
—General, no hay tiempo que perder. El Rey aguarda por nosotros.— le dijo Fernand a su padre, dándole la espalda al Conde.
—¿Co.. Co... Cómo...?— balbuceó Gadilrroba.
—Tienes razón, Hijo mío. Ya deberíamos estar en el palacio.— contestó Joaquín rodeando también al joven Conde.
—¿No le han enseñado que está mal ignorar a un caballero señorita?— le dijo Axel indignado.
—¿No le han enseñado que no es de hombres provocar al enemigo, estimado?— respondió Fernand serenamente.
—Es una insensata. Mira que faltarme así el respeto—
—Al menos no pierdo el tiempo en sandeces que deshoran a su apellido, joven Axel. Le respetaré cuando actúe realmente como un caballero— diciendo eso asió las riendas de su caballo y salió a todo galope.
—¡Qué mala educación!— exclamó Axel enojado.
—Tienes razón, creí haberte educado de buena manera. Si no ganas, estarás castigado Axel.— declaró el General Gadilrroba.
Fernand y su padre llegan a todo galope al palacio de Apamelia.
—Me has impresionado, hijo mío.— le dice Joaquín mirándole con una sonrisa.
—Solo me defendí como es debido. Ya en un rato le daré una lección para que aprenda a respetar.— declaró Fernand.
—Tienes razón.—
Ya en el patio Real, el General Joaquín de Gadeón se reúne con el Rey.
—Su Majestad, hago acto de presentación de mi hijo Fernand Victoriane de Gadeón.— le dice.
Fernand hace una reverencia delante de el Rey. Él se acerca y hace que Fernand levanté la mirada. Y observó con admiración sus ojos azules como zafiros. Extendió su mano hacia ella y ella le besó. Luego volvió a mirarla a los ojos.
—¿Estás segura de querer hacer esto, Lady Fernand?— le dijo el Rey dejando boquiabiertos a todos.— No te juzgaré, ni permitiré que seas juzgada si decides no luchar.—
—Quiero hacerlo, Majestad.— respondió con firmeza. Todas las miradas recaen en ella. Unos la miran con preocupación, otros con desdén y otros con admiración.
—Tú lo has decidido. Avísame si planeas arrepentirte.—
—No lo haré, Majestad.— sentenció.
—Admiro tu valentía, jovencita. Espero que salgas airosa de esta batalla.—
—Se lo agradezco.—
Fernand hace una reverencia y es llevada al sitio donde se realizará el duelo. Su contrincante llega mirándola con ira. Axel también llega a su posición. El duelo da inicio.
Tras el disparo de un guardia, el duelo da inicio. Comienza Axel atacando con estocadas agresivas, mientras que Fernand esquiva. El primer choque de sus espadas se produce ganándose la exaltación de muchos. Se produce un segundo, tercer y cuarto choque. Axel lanza un golpe a Fernand, pero ésta esquiva y lo ataca casi cortándole el uniforme. Axel retrocede indignado. Fernand se alista y ataca varias veces seguidas, haciendo que Axel le ceda en varias ocasiones. Axel esquiva y lanza un ataque que Fernand vuelve a evitar, pero responde cortando de un tajo el pecho de Axel y dejándolo con un corte poco profundo y casi al desnudo. Todos están sorprendidos.
—¿Seguirás?— le pregunta el guardia a Axel.
—Claro que sí— responde él indignado.
—Renuncia hombre. Sé prudente. ¿Qué más necesitas?— le dice Fernand con una voz fría.
—No desistiré hasta vencerte.— dijo señalándola con la espada.
—Entonces, procuraré no matarte al vencerte.— exclamó Fernand ganándose una ovación de quiénes estaban a su favor.
El combate continuó con varios choques más. Hubo un choque de resistencia, en el que el rostro de Fernand estuvo muy cerca del de Axel.
—Descuida, si te gano le pediré a tu padre tu mano en matrimonio. Eres preciosa. Si no tuviese que vencerte, te besaría— le dijo Axel haciendo que Fernand se desconcertara, lo que aprovechó para darle una patada, lanzandola lejos de él.
—No es nada personal, señorita. Es que este puesto está hecho para los verdaderos hombres— dijo mientras levantaba su espada hacia el rostro de Fernand.
Pero ella evadió haciendo un corte rápido en la mano de su contrincante. Se levantó del suelo, hubo dos choques más de espadas, y luego una espada salió volando hasta caer del otro lado del patio. Era la de Axel. Fernand colocó su espada en el cuello de su adversario.
—¿Me matará, Lady Fernand?— dijo Axel entristecido.
—No. Siendo mujer, seré más caballero que usted, Conde Axel. Recoja su espada. El duelo ha terminado— le soltó Fernand. Luego envainó su espada.
Por un momento hubo un silencio de impresión entre la multitud que presenciaba el duelo. Pero al instante, sonaron los aplausos y vítores correspondientes al triunfo de Fernand en el duelo. Joaquín soltó el aliento que contenía y también aclamó a su execelente “hijo”. Finalmente estaba orgulloso de “él”, aunque no se lo haría saber. Ese, a decir verdad, sería su más grande error.
El Rey pidió silencio en los presentes y le pidió a Fernand que se acercara al trono.
—Veo que nos hemos equivocado referente a usted, Lady Fernand. O tal vez, debería decir, Capitán Fernand.— dijo y acto seguido, un soldado le trajo el uniforme y saludó a Fernand firme.
El Rey le entregó a Fernand el uniforme.
—Bienvenida a la Guardia Real, Capitán Fernand.— le dijo el Rey.
—Se lo agradezco grandemente, Majestad Imperial.— dijo Fernand haciendo una reverencia.
Joaquín se reunió con sus amigos para celebrar en el palacio la victoria de su hijo. Pero Fernand le pidió permiso para retirarse a casa bajo el pretexto de que al día siguiente comenzaría con sus funciones. Joaquín accedió tranquilamente. Supuso que en realidad quería darle las nuevas a la Nana y a Antoine. Fernand salió del palacio y montó en su caballo.
—Es tu hijo un joven recatado ¿no?— le dijo uno de sus amigos, el General Vercollen.
—Querrás decir “hija”, amigo mío— intervino otro camarada, un Comandante.
—Es una pena que el Creador no te haya bendecido con un hijo varón, Gadeón.— dice otro Comandante.
—¡Y mira que no le ha hecho falta! Siendo mujer le ha dado una lección a todos los que apostaron en su contra. Hablando de eso ¡Paguénme que Vercollen y yo ganamos la apuesta!— dice otro General.
—¿Habían hecho apuestas al duelo?— se escandalizó Joaquín.
—No nos malinterpretes, Gadeón. No es nuestra culpa. Axel Gadilrroba tiene 17 años, es alto y gallardo y es... ¿Varón?—
—Y sin embargo, ganó la joven Fernand. No sabía ni siquiera que era una chica, pero era de esperarse... Es realmente hermosa. Creo que nunca antes la había visto. Pero ¿Suele ser siempre así de fría?— preguntó Vercollen.
—Usualmente sí, aunque hoy estaba molesta. Gadilrroba quiso provocarla en el camino.— respondió Joaquín pensativo. No había analizado lo sucedido horas antes.
Le contó a sus amigos lo ocurrido. Y todos llegaron a la misma conclusión: su hija era digna de admiración, no solo por su belleza, sino por su valentía, bravura y sensatez.
En el camino, Gadilrroba alcanzó a Fernand quien iba de regreso a casa a paso lento. Pensaba mucho en lo ocurrido. Y si, gracias a su victoria, su padre le tendría mayor estima. Gadilrroba se le atravesó para llamar su atención.
—No es necesario que haga eso cada vez que quiera hablar conmigo, Conde Axel.—
—Lo es dado que le he llamado varias veces y no me escucha, Capitán.— su respuesta impactó a Fernand.
—Lo lamento. ¿Qué necesitas?—
—Ha olvidado su broche, Capitán. El Rey me pidió que viniera a entregárselo.— dijo y le entregó el broche plateado que la identificaba como Capitán.
—A partir de mañana estaré bajo sus órdenes como su segundo al mando, y creo que es necesario que acepte mis disculpas por mi actitud de esta mañana. Es necesario que nos llevemos bien dado que protegeremos a la Princesa Azucena y al Príncipe Augustus Roderick juntos.—
—Lo sé. Acepto sus disculpas...— dijo y al ver que no se apartaba, preguntó:—¿Algo más?—
—Capitán... Lo que dije en el duelo no era una mentira. Lástima que no se le permita a usted ser mujer. Pero tendrá la oportunidad de elegir su camino al cumplir los 21 años, Capitán. Por favor téngame en consideración. Es usted digna de admiración.— al decir esto despejó el camino y regreso a galope al palacio.
Fernand huyó del sitio sin saber si sentirse halagada u ofendida, si enrojecer o intentar matarlo. Eso la confundió mucho.
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Editado: 21.01.2026