Flores del Palacio de Yermen

Capítulo 8: El Tigre

Mientras Fernand yacía en la enfermería, Vercollen y sus soldados intentaban hacer hablar a los hombres que habían capturado. Pero nada decían. Joaquín como General de la Guardia Real y Louis Padrón Comandante del Regimiento primero (que integraban los primeros 5 Escuadrones) miraban al hombre con desprecio.
—Ya le dije que no hablaré con usted. Lo que puedo decir, no se lo diré a usted. Se lo diré al Tigre.— dijo por tercera vez el hombre al oficial que le interrogaba.
—¿Y según él quién es “El Tigre”?— preguntó el Comandante.
—La hija de éste.— indicó Ignacio señalando a Joaquín.— Él cree que Fernand de Gadeón es varón.—
—¿No lo es?— preguntó un oficial.
—¡Otro más! ¡Obvio no hombre!— exclamó Ignacio.
—Déjame hablar con él.— le pidió Joaquín.
—Ve a ver qué logras. Sin golpes... Aún.— le dijo Ignacio enojado.
Joaquín entra en la sala dónde estaba el hombre.
—¿Se puede saber qué quieres tú con mi hijo?— le preguntó Joaquín.
—¿Usted es el padre del Tigre?— Joaquín asintió.— Vaya hijo se gasta, General.—
—Mi hijo no vendrá a hablar contigo. En éste momento está recibiendo atención médica ya que el ataque que tú y tus compañeros muertos le propiciaron envenenó a mi hijo.— le dijo lleno de rabia.
—A diferencia de mis compañeros, su hijo no se morirá y ellos no viven para contarlo.—
—¿Qué dices?—
—Lo que había en la cuerda era Rudonio— un veneno extraído de las raíces de una planta llamada con ese nombre, cuyo veneno suele ser letal.— Si su hijo no se murió en los primeros 20 minutos de haber el veneno entrado en contacto con su piel hace que sea una persona dura de matar. Además... Faltándole el aire, sin haber siquiera caído al suelo ya había desenvainado su espada. Ni siquiera noté en qué momento acabó con ellos... Ese muchacho... Tiene algo diferente... Me sorprende la edad que dicen que tiene... 15 años... No puede ser... Es un Tigre... Es impresionante.—
—¿Y se puede saber porqué quisieron matarlo?—
—Ni se moleste. No hablaré con usted. No perdamos el tiempo. Dígale al Tigre que venga. Le apuesto a qué él sabe exactamente qué preguntar porque allí dónde está sabe más de lo que dice... Vamos, dígale al Tigre que venga.—
—Mi hijo está con fiebre alta debido la veneno. Créeme que no vendrá.—
En eso, Fernand, portando su uniforme diario, recién mejorando de su enfermedad y aún algo débil entró a la sala de interrogatorios.
—¿Me decía, General?— dijo el hombre burlón.
—General, me encargaré del interrogatorio. Déjelo en mis manos.—
—¿Tú no deberías estar en cama, Fernand?—
—No va a ser necesario.—
Joaquín le dedicó una mirada de enojo, la que siempre hace retroceder a su “hijo”. Pero está vez se encontró con la mirada de Fernand, firme, penetrante y decidida. Eso hizo que Joaquín cediera.
—Espero sepas lo que haces.— le susurró Joaquín antes de retirarse de la sala.
—Digame algo Capitán ¿Qué es lo que usted tiene, que ha sido capaz de salvarle del Rudonio?—
—Suerte supongo. Pero ambos sabemos que no es para eso que me has insistido tanto en que viniera.—
—No... Mire Capitán, sepa y entienda que no le diré quién pagó por su cabeza, tampoco le diré sus intenciones. Lo único que puedo decirte es que esa persona va duro. Por eso quería eliminarte, Tigre. Al quitarte del camino, su plan tendrá resultado.—
—¿Qué es lo que busca?—
—Que Azucena de Andalacia no llegue a ser la Reina. Tampoco el Príncipe Roderick. Por eso piensa matarlos. Y lo hará de manera mediática y brillante. Después de la boda, ellos morirán. Uno antes que el otro.—
—Supongo que tú Jefe planea matar a la Princesa Azucena para provocar una guerra vengativa. Luego al Príncipe Roderick para desestabilizar a la nación y hacer que el pueblo se levante en contra del Rey ¿O me equivoco?.—
—Luego él será el Rey y yo saldré de este agujero vil.—
—Pudiera ser sí... ¿Y no has pensado en que podría fallar y tú serías ejecutado?—
—Seré ejecutado de igual modo si el Príncipe Roderick gobierna. No me perdonarán la vida.—
—Tampoco tu Jefe cuando sepa que lo has delatado.—
—No lo he hecho.—
—Pues claro que sí. Porque ¿Quién más aparte del Duque Alexander y el Duque Gabriel podrían gobernar luego del Rey Augustus V? Uno de ellos tuvo que haberte contratado... O ambos... Así que ahora te sale mejor decir toda la verdad y salvarte de la guillotina o esperar morir de una u otra manera.—
—Tigre, ¿Ya lo sabías verdad?—
—No... Yo sólo supongo.—
—Si te ayudo ¿Me salvaré de la muerte?—
—Así es. Si ayudas a salvar al sucesor al Trono, te será perdonada la vida. Si no, yo misma te mataré ahora mismo.—
—No lo harías.—
—Pruebame— le dijo apuntandole a la cabeza con su arma.
—No lo harías— Fernand pasó el seguro.
—Pruebame. Dime quién te contrató y cuando pretende atacar a los Príncipes.—
—Justo en el Festival de las Apamelias que se celebrará en el palacio este 21 de junio. Cuando todos se distraigan, la Princesa Azucena será asesinada. Pero tú morirás antes, Tigre. Si no conseguíamos matarte anoche, Él mismo te matará luego de la boda. Y eso sería una lástima... No sabía que eras mujer.—
—¡Ya déjate de rodeos y dime quién es!—
—¿Me vas a matar, Tigre?—
—Lo haré si no me dices quién es.—
—No lo harás.—
—¡Pruébame!— dijo y lo golpeó con la punta de la pistola. Luego le apretó la cabeza entre la mesa de la sala y la pistola.— ¡Habla o muere!—
El hombre entró en pánico. Sudaba, miraba a Fernand con terror y empezaba a dudar de si saldría vivo de su mano. Ignacio quiso intervenir, pero Joaquín y Louis no se lo permitieron. Tal vez fue su firmeza, o su insistencia o por lo agresivo de su actuar.
—¡El Duque Gabriel! ¡Abdinoren no sabe que cuáles son sus verdaderas intenciones! El Duque Abdinoren no quiere que tú mueras, pero Gabriel te matará el mismo, a la Princesa, al Príncipe y al mismo Abdinoren si se entromete. Abdinoren quiere acabar con los Herederos sí, pero no planea nada en contra tuya. Y el dice que convencerá al pueblo de derrocar al Rey, pero Gabriel quiere ir por sus cabezas. Ambos me contrataron sí... Pero el Duque Abdinoren no sabe con quién se ha aliado... Terminará traicionándolo de seguro. Sus mayores discusiones son porque Abdinoren te quiere con vida Tigre, pero Gabriel nos mandó a matarte.—
—¿Así que traicionaste al Duque Abdinoren?—
—No es por mal Tigre... Tú cabeza para nosotros representaba un escape y una nueva vida sin preocupaciones en un país lejano.—
—Pues me alegro por ustedes— dijo con sarcasmo.
—Tigre, a ese tipo no le importa nada ni nadie. Él solo quiere poder. No le importa a quién se llevará por el medio. Incluso dijo que se compadecía de la inocencia de la Princesa, pero que igual la mataría y exhibiría su cuerpo para provocar una revuelta. Es todo lo que sé. Ahora ruego que tengas misericordia de mí, Tigre.—
Fernand le quitó la pistola de la cabeza.
—¿Necesita saber algo más, General?— preguntó Fernand en voz alta.
—No, querida Capitán.— le respondieron. Pero no era Vercollen.
Al salir, Fernand notó que se trataba del Rey. Se miraba destrozado. Pero disimuló rápidamente.
—¿Cómo te encuentras, Capitán Fernand?— le preguntó queriendo disimular su tristeza.
—Aún tengo temperatura alta, pero estaré así por un rato largo.— respondió ella.
—Gran trabajo, Capitán de Gadeón.—
—Se lo agradezco, Majestad.—
—La Princesa está en los jardines. Procura usar paraguas o quedarte a la sombra, Gadeón menor.— dijo indicándole que se retirara.
—Lo haré Majestad. Con su permiso— dijo Fernand y se marchó tras una reverencia.
En la puerta, saludó a su padre, a Vercollen y a Padrón.
—¡¡Tigre!! ¡¡Cuídate la espalda, Tigre!!— le gritó el hombre.
Fernand se despidió con un movimiento de cabeza y se fue.
—¡Qué chica! La hija que te gastas, Gadeón.— le dijo Louis, pero a Joaquín no le gustó el comentario.
—Subamos al la oficina. Debemos hablar nosotros tres. Y llamen a los otros dos Comandantes de la Guardia Real. Hay que tomar cartas en el asunto inmediatamente.— les dijo el Rey.
Vercollen les ordenó a los soldados que metieran al prisionero en una de las celdas superiores (destinadas para los sospechosos nobles o testigos criminales) y subieron a la oficina del Rey.
—Hubo algo que me quedó por preguntarle al sujeto...— dijo Vercollen y los demás con él casi se escandalizan.— ¡Claro! Quería preguntarle porqué rayos le dice “Tigre” a Fernand.—
—También quedé con la duda.— afirmó el Rey y los demás rieron.
Mientras, Azucena paseaba del brazo con Roderick y compartían una animada y dulce plática. Todo parecía dulce cerca de Azucena. A lo lejos, Fernand, débil y sudada por la afiebre los miraba. Según el sujeto, después de la boda el Duque Gabriel la mataría. Para luego acabar con Azucena. Fernand sabía que era muy capaz de hacerlo, pero no se la pondría fácil. Vió a los oficiales de la Policía Militar y parte de la Guardia Real saliendo a todo galope del Palacio de Apamelia. “A buscar a los Duques.“ Pensó Fernand, “No los encontrarán. Ya deben haber huido. Pero no por eso puedo bajar la guardia. ¿Qué haré para salvar a mi amiga?“ Eso la hizo recordar el plan que tenía en mente. Sólo debía afinar detalles. La boda sería al día siguiente, ese 18 de junio. Luego el 21 sería el ataque contra la Princesa.
Azucena charlaba felizmente con el Príncipe. Se veían muy felices juntos. Las damas de honor se enternecían con su cariño y comentaban lo mucho que se querían los futuros Reyes. En eso, ambos depararon en Fernand de pie recostada de un árbol mirándolos.
—Capitán, ¿Cómo se encuentra su estado de salud?— le preguntó Roderick.
—Estoy ya mejor, su Alteza.—
—¿Os ha examinado el médico? ¿Qué os ha dicho?—
—Que tendré fiebre leve por un par de horas más.—
—Debería ir a dentro y descansar, Capitán.—
—No es necesario. Tampoco lo es que se preocupen por mí sus Altezas. Pierdan cuidado.—
—Está bien entonces.— dijo Roderick.
Ambos se alejan caminando de ella, aunque Azucena aún la mira con preocupación. Fernand sonríe. Un rato después, un sirviente le dice a Fernand que el Rey solicita que vaya a su presencia.
—Heme aquí, Majestad. ¿En qué puedo servirle?— dijo entrando en la oficina y haciendo una reverencia.
El Rey observa a Fernand con tristeza. Pero se recompone al ver que ella lo miraba a los ojos.
—Has llegado rápido, Gadeón. Toma asiento. Los Duques han huido, pero ya la Policía Militar fue tras ellos. Mientras, estuve hablando con el Alto Mando de la Guardia Real y hemos decidido que después de la boda te quedarás resguardada en tu casa, Fernand. Eso evitará complicaciones.—
—Majestad, con todo respeto considero que no es buena idea que me retire a casa. Allí sería mucho más difícil defenderme. Allí se encuentran mi nana, mi madre y mi hermana y a cualquiera de ellas podrían tomar como rehenes para lograr llegar a mí. Y tendría que ceder. Además, en el Palacio contaría con el apoyo de los soldados y del Coronel. En mi hogar solo con Antoine, mi escudero.—
El Rey miró a Fernand de arriba a abajo. Luego se quedó mirándola a los ojos.
—Esa no es la verdadera razón para querer irte ¿Verdad?—
Fernand volteó la mirada.
—Temes por la vida de Azucena y de Roderick ¿No es así?— ella asintió.— Yo también. Pero nada harás exponiéndote a ser asesinada. Porque, si te matan ¿Quién los protegerá?—
Fernand se queda mirando al suelo.
—Tengo un plan, Majestad. Pero necesito afinar detalles. Éste 21 es el Festival de las Apamelias. Será cuando intenten matar a la Princesa. Debemos intervenir antes.—
—¿Qué propones?—
—Un cambio inesperado.— dijo.
Tras un rato, el Rey asiente enérgicamente.
—Pero... ¿No es muy arriesgado tu plan Fernand?—
—Lo es si no consigo afinar los detalles que me faltan. Debo ocuparme de eso.—
—Hazlo, Capitán. No dejes margen para errores.—
—Esta misma tarde comenzaré a ello, Majestad.—
—Confío plenamente en ti Fernand. Por cierto, quería consultarte algo.—
—Diga, Majestad—
—El país de Vulgonia nos está presionando para que vayamos a guerra. ¿Sería propicio aceptar?—
—Aún no, Majestad. Debemos reforzar nuestras tropas, además, le aseguro que a Vulgonia se le quitarán las gana de atacarnos una vez se produzca la boda que firmará una alianza firme y leal con Andalacia.—
—¿Sugieres que es mejor aguardar un poco más para tomar una decisión?—
—Si, Majestad. No estamos en condiciones propicias para ir a una guerra y garantizar salir victoriosos de ella.—
—Has sido muy sincera conmigo y eso lo valoro y te lo agradezco muchísimo, Fernand querida.—
—Para servirle, Majestad.—
—Otra cosa, Fernand. Ese tipo, el testigo. ¿A qué se debe ese sobrenombre de “Tigre”?—
—En la milicia (el ejército poco entrenado y con poca disciplina) se le conoce como “Tigre” al soldado más ágil, fuerte y valiente... También, en la jerga popular se refiere al caballero noble que es astuto y admirable. A diferencia del “León”, el Tigre no necesariamente es un noble.—
—¡Ya veo! ¡Las cosas que uno aprende a menudo! Así que viene de un término popular... Quién lo hubiera imaginado... En cierto modo, si eres un “Tigre” Capitán. En ambos sentidos. Te agradezco el haber atendido a mi duda.—
—Le agradezco a usted por ese alago sobrestimado, Majestad. Y recuerde que estoy para servirle.—
—Te lo agradezco. Afina los detalles de tu plan y ponlo en marcha. Tienes mi autorización.—
—Muchas gracias, Majestad. Con su permiso, iré a hablar con la Princesa y el Príncipe Roderick.—
—Ve, avísame cualquier acontecimiento.—
—Si.— dijo, hizo una reverencia y se marchó.
Fernand salió de la Oficina Real y se dirigió a la habitación de la Princesa. Necesitaba lavarse pronto ya que sentía su cuerpo arder. Llegó y la Princesa aún no estaba allí. Se lavó y se sentó en un sofá con un paño húmedo en su frente. En el fondo, había algo en las intenciones del Duque Gabriel que no entendía. ¿Cómo conseguiría poner al pueblo y a la nobleza en contra del Rey?. Una idea surgió en su mente. “A menos... A menos de que.... ¡¡De que pretenda hacerse pasar por víctima!! Eso es lo que quiere, que al ser arrestado o el que arresten al Duque Abdinoren se cree un descontento en la nación a causa de las pruebas insuficientes... ¡Podría incluso decir que el Rey lo planeó todo por favoritismo! Entonces, de ser así, el plan del Duque es mucho más Macabro de lo que pensé.... Pero eso se vendrá abajo cuando mi plan entre en acción. Tengo que lograrlo...“




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