La mañana del 22 de junio, Azucena entra en el Palacio de Apamelia a todo dar, hasta encontrarse en los brazos de su querida amiga.
—¡Fernand! ¡Estaba tan preocupada por vos!— dijo sin poder contener sus lágrimas.
Fernand y ella se toman de manos una frente a la otra.
—Estoy feliz de que todo haya salido bien.— dijo Azucena con una sonrisa que llenaba su rostro de ternura.
—Todo estará bien. Es mi promesa para contigo.—
En eso se acerca Roderick y Azucena se lanza a abrazarlo. Ellos se besan y comparten frases llenas de cariño. Fernand siente su corazón doler. El Rey observa la escena a la distancia. Ahora viéndolas juntas, nota el gran parecido de la Princesa y su protectora. Era una extraña y afortunada coincidencia, aunque él lo consideraba más que una coincidencia. Antoine llama a Fernand a su lado.
—Cuentame Antoine ¿Está todo bien en casa? ¿Qué ha dicho mi padre al ver a la Princesa?— pregunta Fernand con notoria preocupación.
—Pues... Te cuento que al principio la única que notó que no eras tú fue mi abuelita. Incluso el General pensó que ella eras tú. Estuvo a punto de castigarle inclusive, pero no sé qué le dijo la Princesa que provocó que el General se encerrara en su habitación hasta que salió para acá al baile. Y cuando la señora se enteró, se veía muy consternada. Cuando se enteraron, estaban casi que se desmayaban. Bueno, la señora si sufrió un desmayo, pero está bien.—
—¿Estás seguro?—
—Si Fernand, descuida. Ella está muy bien ya.—
En eso, el Rey llama a Fernand a su oficina.
—¿Qué tal te encuentras la mañana de hoy, Gadeón?— pregunta el Rey, de pie mirando por la ventana.
—Me siento mejor que ayer, Majestad. Pido permiso para ir a casa hasta antes del baile de esta noche. Mi escudero me ha hecho saber que mi madre y mi nana se encuentran muy preocupadas por mí desde ayer.—
—Entiendo Fernand. Está bien, puedes ir. Pero no faltes más tarde al baile ¿Entendido?—
—Entendido, Majestad.—
Fernand se despide de Azucena, quien intentó decirle algo justo cuando ella se iba en compañía de Antoine. Azucena hablaba con Roderick respecto a lo ocurrido el día anterior. Y en eso, le comenta la idea de hacer que Fernand se quede en el Palacio con ellos.
—Pero Azucena, ¿Qué viste en la casa de los Gadeón que te ha hecho pensar así?—
—Hace ya tiempo que he notado la manera injusta y severa en la que es tratada mi amiga en ese lugar. No quiero que viva más allí. Quiero que se quede conmigo donde nadie le lastime. Además... Su corazón está muy frágil. Temo que eso se deba, más allá del efecto de la sustancia que le dieron, a su estado emocional. Tengo el presentimiento de que mi amiga no está bien.—
—Pensé que era yo nada más— indicó el Rey acercándose a ellos.— Y perdonen que me entrometa en sus asuntos, pero temo decir que también he notado lo que mencionas, querida Azucena.—
—¿Tendrán los rumores de Fernand y el Coronel de Gadilrroba algo que ver?— indica Roderick y Azucena y el Rey se lo quedan mirando.
—¿Qué rumores?— dice Azucena consternada.
—Pues, según lo que he oído, el Conde Axel de Gadilrroba le ha pedido a Fernand matrimonio, pero al mismo tiempo la denigra delante de los soldados.—
—¡¡Es un idiota!!— exclama Azucena enojada, pero su enojo la hacía ver mucho más adorable y dulce que de costumbre. Roderick la mira enamorado.
—No te enfades por eso Azucena. Después de esta noche, se le quitarán las ganas de molestar a Fernand.— indica el Rey.
—¿Por qué lo dices Padre?—
—Pues, esta noche nombraré a Fernand Guardaespaldas de usted, Princesa. Por lo tanto, Fernand deberá permanecer en el Palacio de Apamelia, y su rango tiene peso aristocrático a nivel político. Pero eso no les interesa a ustedes. Lo que sí, Fernand estará lejos de su familia cuando empiece con sus funciones.—
—¿Cuando será eso?—
—A partir del día 7 de julio. Antes, Fernand deberá ir a Gubón.—
—¿Y eso?—
—Otro asunto más.— indicó el Rey y se alejó caminando.
Por otro lado, Fernand y Antoine llegaron a su hogar. La nana sale a recibir a Fernand a la puerta mientras la abraza. Fernand le devuelve el abrazo, dado que a la Nana era a la única que Fernand abrazaba en su casa. Al entrar, su madre también salió a su encuentro, quedándose a unos pasos de ella. Se acercó lentamente y le tocó la cara (por primera vez en muchísimos años).
—Estaba muy preocupada por ti.— le susurró.
—Y yo por ti. Me dijeron que te sentiste mal ayer.—
—Oh, hijo... Es que, cuando tú padre me dijo lo que te ocurrió anteayer... Creí que no volvería a verte con vida.— admitió tras mucho tartamudear y rompió a llorar. Fernand le limpió las lágrimas con un pañuelo.
—Basta por favor. Mírame. Estoy aquí.—
Ella “lo” abraza con fuerza. Joaquín mira la escena desde la escalera. Cuando su madre “lo” suelta, Joaquín le pide que suba a su oficina. Fernand entró a la oficina, creyendo que le esperaba un regaño y par de latigazos.
—¿Te encuentras bien?— le preguntó mientras la miraba a los ojos. Se acercó a ella y le recogió el cabello en una coleta. Luego la soltó.— Debía asegurarme de que fueras tú realmente primero. ¿Qué te ha dicho el médico?—
Fernand enmudeció un rato.
—Pues... Qué debía guardar reposo, el cuál tomaré el 30 de este mes, dado que el Rey me ha permitido tomar 7 días de descanso a partir de esa fecha.—
—Me parece bien... Lo tienes merecido... Yo... Tú.... Tu madre estaba realmente preocupada por ti.— dijo tras titubear varias veces. En realidad hablaba de si mismo.
—Así me lo ha hecho saber.—
—¿Seguro de que está todo bien?—
—Si, General. Me siento bien... Debo regresar al Palacio más tarde dado que el Rey me pidió que estuviese ahí.—
—Sí, eso me comentó ayer.—
Fernand no pudo evitar notar que su padre tenía los ojos rojos e hinchados, además de que su mirada reflejaba preocupación y tristeza. Se levantó y se le acercó de nuevo. Tomó su cara entre sus manos.
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Editado: 21.02.2026