Flores del Palacio de Yermen

Capítulo 16: Flor de Oro y Diamante

Joaquín regresa a la habitación y encuentra a Antoine dormido sobre las piernas de Fernand, mientras ésta conspira para despertarlo de la peor manera. “Par de niñatos” piensa Joaquín viendo a Fernand mojar su dedo e intentar meterlo en el oído de Antoine.

—¿Te sientes mejor ya, no?— dice burlón mientras Antoine se queja en contra de Fernand.

Fernand ríe en voz baja. Joaquín sonríe al mirarla por fin reírse. Hacía mucho tiempo que no la oía reír. Joaquín toma la carta y la flor de oro de la mesa.

—¿Y eso?— pregunta Fernand.

—Algo que no estaría aquí de haber estado Antoine al pendiente de tí.—

Fernand y Antoine se miran a los ojos. Su risa había desaparecido.

—Mientras dormían, Abdinoren llegó aquí y dejó ésto.—

Joaquín destapa la carta y la lee.

—¿Qué dice?— pregunta Fernand con impaciencia.

”Bela Minerva, Sarai mio.“ ¿Es italiano ese idioma?. También dice: “te regalo tu primera Rosa”. Sólo eso.—

Joaquín arruga la carta en sus manos y la desecha. Fernand le pidió la rosa, pero Joaquín se niega a dársela.

—No debes conservar nada que él te envíe.—

—Solo quiero ver algo.—

Joaquín accede a dársela. Fernand toma la rosa de oro, aunque los pétalos parecían ser de cristal. Sólo el tallo y las hojas eran de oro. Algo le llamó la atención. Giró la parte de cristal y la despegó del tallo ante la mirada perpleja de Antoine. En sus manos quedó un punzón de oro sólido, con una inscripción en la hoja: “Tiamo, Bella Minerva”. Así fue como notaron que los pétalos de la rosa estaban echos de diamantes.

—¡Esa cosa debe costar una fortuna!— exclama Antoine.

—Es la réplica de la Rosé de Minerva, joyería del museo de Andalacia. ¿Qué quiere decir con eso?—

—Ni idea. Pero me desharé de ella.— indica Joaquín y le quita el punzón de las manos, ganándose un corte en la mano. —¡Cuánto filo!—

Joaquín toma la parte de diamante y la incrusta en el punzón. Luego la guarda dentro de una de las maletas.

—Es hora de dormir... Yo me quedaré al pendiente. Descansa ya Fernand.—

Ella asiente y se acuesta. Antoine teme que lo vuelvan a despertar con alguna broma pesada, así que se aleja de Fernand y se acuesta en un sillón largo en la pared de la habitación. Joaquín se sienta junto a la camilla y mira a Fernand dormir. “Su primera Rosa... Suspiró cuando dije esa frase. ¿Estará confundido ya? ¿Será que en el fondo si siente algo por el Duque? No, no lo creo posible... Tal vez solo sea nostalgia. Él tiene razón, es la primera vez que alguien le regala algo así... ¿Qué haré? Me aterra la idea de que logre confundirlo... confundirla... Fernand es muy joven aún, es normal que sienta cosas. Pero no puedo permitirle ese tipo de cosas. Fernand tiene que asumir que es un oficial ya, no una doncella...“ Pensando eso último, algo dentro de él se estremeció. Recordó haberla visto casi desnuda mientras el doctor de la Corte le cauterizaba las heridas. Ahora la miraba diferente. No era el mismo niño al que estaba acostumbrado. Era una Condesa, era la joven que arriesgó su vida para salvar a la futura soberana del país. Esas cosas no cabían en su cabeza. Y no podía negar lo mucho que se parecían Fernand y Jazmeen. Las curvas de su hija le hacían recordar mucho como era su esposa a su edad. Cuando conoció a Jazmeen, él tenía 21 años y ella 15. Ella había escapado de su hogar porque temía ser asesinada. Hasta el sol de ese día, Joaquín no supo de quién se escondía Jazmeen. Y ahora notaba, Fernand y Jazmeen tenían una pequeña marca con forma de flor en el hombro derecho, más sin embargo la flor de Fernand tenía unos tallitos en forma de espiral. Ninguna de sus otras hijas tenían esa marca. ¿Qué tenía una cosa que ver con la otra? No tenía idea. Lo que sí, hasta el mismo Rey afirmaba que Fernand era hermosa. Hasta el mismísimo Rey estaba en contra de que fuese tratada como un hombre. Pasan algunas horas, y Antoine despierta.

—Me quedaré al pendiente ahora, si quiere descanse General.— le dice en voz muy baja.

—Por favor no te vuelvas a dormir.—

—No lo haré.—

Joaquín se recuesta en el sillón, pero sus pensamientos no lo dejan dormir. En un momento dado, escuchó a Antoine susurrarle algo a Fernand.

—Sé que estás así por culpa de Aristoles y Axel... Sólo dilo y le partiré la cara a Gadilrroba. Aunque eso lo puedes hacer tú sola. Sé que la mayoría de tus arranques de rabia es por su causa. Le mataré si algo te ocurre.—

Joaquín escucha la frase, piensa en ello un rato y termina por dormirse, teniendo inclusive algunas pesadillas con Fernand como su epicentro. Despierta acalorado, cuando ya es de día. Cuando despierta, Antoine tiene abrazada a Fernand contra su pecho, mientras a ella le sangra la boca. Se veía que intentaba hallar consuelo en los brazos de Antoine. “Tienes que calmarte. Saldrás de ésta como siempre lo has hecho Fernand. No te dejaremos sola. Sé que la extrañas, pero debes de calmarte ya. Ya el médico viene, tranquila.“ Le susurraba mientras acariciaba su cabello. La escena encendió en cólera a Joaquín, pero antes de que dijera algo, entra el doctor André. Inmediatamente, Antoine la suelta.

—Buenos días Jazmine, ¿Qué tal pasaste la noche?—

—Bien... No he sentido tanto dolor como antes. Pero ya me siento mal de nuevo.—

—Eso es perfectamente normal querida. Vengo a suministrarte el tratamiento. Ésta pastilla de aquí tienes que tomarla a diario a partir de ahora ¿Vale?— dice y le muestra la pastilla. Luego la deja en la mesita.— Ahora bien, tengo que suministrarte un sedante para poder darte antídoto. Me volverás a ver mañana, me temo.—

—¡¿Cómo?!— exclama ella e inmediatamente se retuerce de dolor.

—Por eso querida. Sacar el veneno de tu cuerpo requerirá tiempo. Y te dolerá. Para que tu corazón no se vea afectado, tendré que sedarte querida. Además, estoy seguro de que deseas recuperarte pronto. Vamos querida. Es momento.—

El doctor con una jeringa le pasa el sedante por las venas. Poco a poco, ella se queda dormida. Pasan unos minutos y le inyecta el medicamento. Pasa un rato y el médico la sienta en la camilla.




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