Flores del Palacio de Yermen

Capítulo 18: De Alta

Es ya el 20 de julio. Finalmente, y después de muchas pruebas, exámenes, tratamientos y altibajos, Fernand por fin se va a casa. Mientras Antoine sube las maletas al carruaje, Fernand se despide del doctor prometiendo cumplir con el tratamiento constante que le envió y el reposo. Se despide de los soldados que custodian el hospital, y junto a su padre y Antoine, regresan hacia Guarari, sin avisarle a nadie que ya se había recuperado. Viajan al alba, llegando a Guarari cerca de las 10 del día.

La Nana está charlando con Jazmeen, muy decaída sin razón médica aparente. El carruaje llega y los sirvientes salen para ayudar con las maletas y los caballos. Joaquín baja del carruaje, mientras Fernand se queda de pie en la puerta. Joaquín la mira extrañado. Ella disfruta el momento. En muchas ocasiones, pensó que no regresaría a casa con vida. Pero había regresado. Pone un pie fuera del carruaje, mientras Joaquín la mira sin entender su actitud. Pese a los días que han transcurrido, está aún un poco enojado por los acontecimientos en el hospital. Fernand lo ignora por completo, mientras intenta no correr de emoción a dentro de la casa, en busca de su Nana. Un sirviente, tras saludarla feliz, le dice que su madre y la nana están en la habitación principal. Fernand va allí y toca la puerta, para luego entrar con cautela. Jazmeen mira al suelo, con un semblante muy triste, mientras la Nana la mira sin saber qué le pasa. Fernand camina hacia ellas sin que noten su presencia. Hasta que Jazmeen finalmente miró hacia adelante, encontrándose de frente con Fernand. Se levanta corriendo, tirando todo a su paso para abrazarla. La Nana llora de alegría a un lado de ellas. Jazmeen la abraza con fuerza, para luego mirarla a los ojos.

—“Rosa de color azul y violeta, corazón del León Real, tu vida es el palpitar de un Reino y tu corazón futuro de un país”. Querido hijo, me alegra tanto volver a verte bien— susurró, para luego apartarse y cubrir su boca con un dedo.—

Ignorante de ésto, la Nana se lanza a los brazos de Fernand, besando sus mejillas y su frente. Ella sonríe con ternura. Luego le dedica una mirada de enigmática a su madre. Ella sólo sonríe. Ya luego hablarían de eso. Joaquín entra, a lo que la Nana sale.

—Tu hijo se portó mal en el hospital, Jazmeen— dijo con burla y besó sus labios. Casi 30 años de matrimonio, y aún Joaquín y su esposa se amaban con locura.

—¿Qué hizo tu hijo?—

—Tuyo también...— dijo y Jazmeen ríe, ocasión que aprovecha Fernand para huir.

Le preguntó a la Nana por Natalie, y ésta le hizo saber que ella estaba en casa del que sería su esposo. Fernand entra a su habitación y descubre a Antoine ya organizando sus cosas. Se recuesta en su cama, tomando al peluche Yuko y la muñeca a su lado.

—¿Será ésto lo que tiene enojado al General?— se preguntó en voz alta.

—No, considera esa muñeca bastante masculina. Es por las flores.—

—¿Flores?—

—Cuando estabas sedada, el Rey te envío un ramo de apamelias azules. Además, el Rey le pidió que te hiciera renunciar al ejército.—

—¡¿Qué?!— Antoine se le lanza encima, tratando de calmarla.

—¡No te alteres! ¡Por favor no!— exclamó y en su mirada se veía un terror descomunal, como nunca antes en su vida.

—Antoine...—

—Perdona. No he querido gritarte Fernand.—

—Descuida... ... ¿Hacerme renunciar? El Rey sabe perfectamente que no puedo hacer eso, sabe que eso sería una deshonra a nuestro apellido.—

—Eso le dijo él. Pero no es sólo eso Fernand, el General sospecha que el Rey se enamoró de tí... Bueno, yo también lo supongo, dada su forma de actuar...—

—¡Antoine! ¡¿Qué cosas dices?!—

—Bueno vale, no sé. Lo que sí, está preocupado por ti. Y le duele el hecho de que no te conoce como un padre debería conocer a un hijo.—

—Eso no es culpa mía.— dijo ella fríamente.

—Pues claro que no. De hecho él es el único culpable de eso. Y el que tú y yo seamos tan cercanos, también es su culpa. Le molesta el trato que nos damos. Pero tampoco somos culpables de eso, es decir, él fue quién decidió que era buena idea criarnos juntos.—

—Venga ya Antoine. No puedes culparle de todo.—

—Él es el culpable. Incluso el Rey se lo dijo.—

—¡Basta!—

—¡¿Porque le defiendes si te ha hecho tanto daño?!—

—¡Porque debo hacerlo!—

—No tiene sentido Fernand, ¡Es como cuidar un cardo espinoso! ¡¿Porqué defender a quién te hiere?!—

—Porque es mi padre Antoine...—

—Tú padre te maltrató incluso cuando al borde de la muerte dijiste que tenías miedo.—

—Eso no importa.—

—¡¿Cómo puedes ser tan ciega?!—

—¡¿Cómo te atreves?! Ni siquiera lo entenderías. ¡Tú no quieres a nadie!.—

—¡Te quiero a ti tonta! Y me duele que te pase algo. ¿Crees que no lo sé Fernand? ¡Todo este problema de tu corazón comenzó en el momento en que comenzó a maltratarte! ¿Crees que no sé qué aún conservas las cicatrices de siempre? ¡Las he visto Fernand y me duele!—

—Y te dolerá más.— dijo y le cruzó la cara de una bofetada.

—Serás terca. ¿A qué vino eso?—

—Y tú idiota. Así que sí estabas espiando todas esas veces que te pedí darte vuelta para bañarme... ¡Te daré tu merecido!— dijo y se lanzó sobre él, forcejeando entre los dos. Terminan los dos en el piso riendo de la situación.

—Eres tan terca Fernand...—

—Y tú idiota...—

—¿Ya acabaron?— pregunta Joaquín de pie sobre sus cabezas.— ¿Se lo estaban guardando era? Osea, ¿Acabamos de llegar y ya ustedes están discutiendo?—

—Culpa de su hijo, General.— dice Antoine ganándose un puñetazo en el brazo.

—¿Ahora de todo tengo yo la culpa?—

Ambos se levantan del piso y Fernand se sienta en la cama.

—Venía a hablar contigo, Fernand.— dice y con un movimiento de cabeza, le indica a Antoine que se retire.

Antoine sale de la habitación, sobando su brazo en el proceso. Fernand supuso que le venían encima mil y un regaños, más tal vez un castigo. Se tira hacia atrás y Joaquín se sienta a su lado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.