Mientras en el Palacio de Apamelia lloran su muerte, Fernand se despierta adolorida en una habitación que desconoce. Estaba acostada en una cama. Le dolía todo el cuerpo. Ahora comenzaba a recordar; cuando perseguía a Abdinoren, él les lanzó una bomba a ella y a los soldados. Ella voló por los aires hasta caer boca arriba en el suelo, perdiendo la conciencia en ese momento. Recuerda a Abdinoren tomarla en sus brazos, pero sólo eso. Intenta sentarse, pero no puede. Las fuerzas no le dan para ello.
—Querida mía, te has despertado.— dice Abdinoren entrando a la habitación. Se acerca a ella y besa su mano.— ¿Cómo te sientes?—
—¿Qué me sucedió?—
—Te has dado un fuerte golpe en la cabeza querida mía. Eso te ha hecho perder las fuerzas.—
—Ya veo... Por eso me duele tanto.—
Abdinoren se acerca a ella y besa su cuello. Se acuesta sobre ella y le susurra en el cuello.
—Ya que has despertado al fin, ya puedo jugar contigo. No temas, te gustará. Me encargaré de llenarte de placer querida.—
Al oír ésta frase, Fernand sabe lo que le espera. Pero ya estaba preparada para ello.
—¿Lord Duque me hará su mujer a la fuerza?— dice con sutileza, dejando ver un vejo de tristeza en su voz.
—De otra manera nunca hubieses accedido. Lo último que pasa por tu mente es el ser mujer.—
—¿Tenía otra opción?— dijo y Abdinoren retrocede, sorprendido.
—¿Qué quieres decir?—
—No se me permitía ni siquiera ser cortejada, ni pude conservar siquiera los regalos que usted me envió. Usted dice que yo no hubiese accedido, pero ¿Tenía otra opción?—
Abdinoren la mira detenidamente a los ojos, tratando de descifrar si se trataba de una mentira.
—¿Me estás queriendo decir que, de haber podido, si hubieses aceptado casarte conmigo?—
—Nunca he conocido un hombre tan atento y guapo como usted, Lord Duque. Supo de manera ingeniosa cómo ganar mi corazón. Pero ¿Qué podía hacer? Mi padre me hubiese castigado si se enteraba.—
Aún Abdinoren no le cree. Le levanta la cabeza con una mano, mientras la otra sostiene su cintura.
—¿Qué cosas dices Fernand querida? ¿Debo de llevarte a un hospital? Ese golpe pareciera haberte afectado.— dice burlón y Fernand sonríe.
—Lejos de casa, y con usted tan cerca de mí, puedo decir lo que realmente pienso. Adoré sus regalos. Usted supo cómo llegar a mí corazón. Pero nunca pude devolver las bellas palabras que me escribías en sus cartas.—
En eso, Abdinoren la besa en la boca con gran pasión, pero Fernand se mantiene quieta.
—¿Ves cómo sé que mientes? Si tus palabras tuviesen algo de cierto, me habrías correspondido Fernand.—
—Quisiera pero... No sé cómo hacerlo. Es algo nuevo para mí.— dice ella y enrojece.— No puedo corresponderle porque no sé cómo hacerlo...—
Abdinoren la sienta en sus piernas, mientras la sujeta con un brazo, la otra mano recorre las muchas curvas de Fernand por debajo de su camisa. Para su sorpresa, ella se queda muy quieta en su pecho, inclusive pareciera estarlo disfrutando. Entonces le cree cada palabra que ha dicho. Se acerca y le besa las mejillas.
—Me tienes loco por ti Fernand... No sé qué clase de magia poseas... Pero desde que te ví, nunca he dejado de pensarte. Me fascinas. Y ese carácter tuyo me enloquece.—
—Agradezco tanto sus palabras... Lord Duque, quisiera poder corresponderle, pero no sé qué decir ni qué hacer. ¿Me enseñará usted?—
—Claro que lo haré querida... Entonces... ¿Te casarás conmigo?—
—¿Aún Lord Duque me quiere como su esposa?—
—Sí querida. Aún deseo que ese anhelo mío se haga realidad. ¿Aceptarás?—
—Me gustaría de verdad... Pero, mi padre me matará si se entera.— Él la acuesta con cuidado en la cama y se recuesta a su lado.
—Oh, por él no te preocupes. Él y toda la nación piensan que has muerto. Nadie te buscará. Nos casaremos y te llevaré fuera del país Fernand. Dónde nadie nos moleste. ¿No te gustaría?—
—Me encantaría realmente.— dijo y extendió la mano hasta ponerla en la cara de Abdinoren.— Pero, ¿está seguro de eso?—
—Lo estoy sí. Dejé una falsa evidencia de tu muerte. Tomé algunos de tus cabellos y piel similar a la tuya y la dejé dentro de tu chaqueta de uniforme, desgarrada y manchada de sangre. En éstos momentos, la Corte debe estar realizando tus exequias. A mí siempre me perseguirán... Pero a ti no. Ellos piensan que has muerto. Eres libre ahora.—
—¡Eso es maravilloso! Entonces ¡Podemos casarnos sin problema!—
—Así es querida. Entonces está decidido. Nos casaremos en Vombert en unos días y de allí nos mudaremos hacia Azturis.—
—Entendido— dijo con una sonrisa.
Él comienza a besarla con unas ganas insaciables. Aprieta su cuerpo contra el de ella mientras sus manos se deslizan con cariño y delicadeza en su espalda. Con cada segundo, las caricias y los besos se vuelven más frenéticos. Fernand no haya qué hacer. Solo le quedaba seguir envuelta en su lascivia, mientras se le ocurría una forma de poder escapar. Sólo le quedaba seguir su juego. Cuando ya la pasión y el calor entre ellos se vuelve exasperante, él intenta quitarle la ropa, pero ella se rehúsa.
—¡Espere! Si hace eso, nuestro matrimonio no será bien recibido delante de la iglesia. Debemos de aguardar querido Duque.— dice y él retrocede.
—Tienes razón. No sé en qué estaba pensando. Perdóname querida mía. No puedo ensuciar nuestro compromiso de esta manera. Será cuando nuestra boda se haya consumado.— dice, besa su frente y se levanta de encima de ella.— Aunque deberás aceptar mis caricias mientras tanto querida. Tú me vuelves loco. Me derrito por ti.—
—Eso no me molesta. Pero si queremos hacer las cosas bien, lo mejor será que nos abstengamos de ello.—
—Tienes razón querida mía. Tienes toda la razón.— dice y se sienta al lado de la cama.
La mira detenidamente a los ojos y ella enrojece. En eso llaman a la puerta y el Duque sale de la habitación mientras masculla un montón de quejas. Fernand aprovecha para levantarse y mirar por la ventana. Hacía rato se sentía mejor ya, pero seguía en sus trece. Estaba descalza y desarmada. Cuando se asomó, notó que estaba en el piso alto de una torre, casi en medio del bosque. Necesitaría una cuerda o algo así para bajar. Además, debía tener cuidado de no llamar la atención de los hombres del Duque. Su plan ya estaba tomando forma. Tenía que salir de allí lo antes posible. En eso, escucha a alguien venir por las escaleras y se acuesta en la cama de regreso. Se finge dormida, hasta que el Duque viene y le da un beso en la frente.
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Editado: 13.03.2026