Mientras Joaquín aún sostiene a su hija, Antoine llega para ver cómo estaba. En ese momento, lo odiaba más que nunca, pero le era imposible no preocuparse por él. Llega a la sala y mira la escena.
—¿Fer... ¿Fer...— dice tartamudo, al borde de la locura.
Fernand voltea a mirarlo y sonríe. Antoine corre hacia ella y la levanta para luego abrazarla. Pero pierde el equilibrio y ambos caen al suelo. Joaquín ríe con la escena. Aún en el piso, Antoine seguía abrazándola.
—Sabía que no era cierto...— dice y caen lágrimas de sus ojos.
—Amigo mío... Me estás ahorcando.— dice y Joaquín suelta una carcajada.
—¿Ustedes dos nunca van a cambiar verdad?—
Antoine la suelta y sonríe. Pero luego su expresión cambia drásticamente, y parece perplejo.
—¡¡¿Quién demonios te cortó el cabello?!!— exclama, tirando del cabello de Fernand.
Era cierto, su cabello largo y rubio que antes le tocaba la cintura, le llegaba ahora a los hombros. Ahora era que Joaquín lo notaba.
—Lo cortó para armar la escena del crimen...— dice y ella misma se lamenta.
—Ese maldito....—
—Cálmate ya hombre. Es cabello, volverá a crecer.—
—No deja de molestarme.— dice aún con las cejas bajas.
—Supongo fue su manera de darle veracidad a la escena.—
—Por supuesto. Muy pocas jóvenes en Yermen son rubias.— indica Joaquín.
—Venga... ¿Pero porqué lo cortó tanto?...— se queja.
—Ya olvídalo hombre. Agradece que hizo eso y no me asesinó en realidad.—
—Tiene razón.— dice Joaquín y la toma de un brazo para levantarla del suelo.
Ambos lo quedan mirando. Vuelve a abrazarla.
—Ve y despierta a tu madre...— le susurra en el oído.
Fernand obedece y sube por las escaleras. Joaquín mira seriamente su caminar.
—No parece estar herida...— dice en voz baja, pero Antoine lo escucha.
—No lo está. Se habría quejado o algo cuando caímos.—
—No me refiero a eso.—
Fernand llega a la habitación de su madre, quién duerme en una almohada mojada. Tiene la cara hinchada. Fernand se acerca y acaricia su cara con suavidad. Jazmeen despierta y mirando borroso, creía que sus ojos la engañaban. La miró un momento, tocó su rostro inclusive.
—Realmente estoy aquí. No me iré de este mundo aún.— le dice Fernand y ella la abraza.
—Pequeña mía...— dice con sus ojos mojados mientras la abraza.
En eso, entran Natalie, Camile y Charlotte. Y al ver la escena, Camile se lanza sobre Fernand, ignorando si salía lastimada en el proceso o algo. Más atrás se tira Natalie. Ambas la abrazan, casi imposibilitándole el respirar. Pero Fernand las abraza con cariño. Charlotte cae de rodillas en el piso, mientras llora. Fernand se le acerca.
—Hermano...— dice y Fernand se agacha frente a ella.
—Estoy aquí.— dijo y Charlotte se le tira encima, cayendo Fernand de espaldas.
—¿Realmente estás bien? Dime ¿Te ha lastimado?—
—Si hermana. Estoy bien del todo. He escapado antes de darle tiempo de algo— Charlotte la abraza, aún arrepintiéndose de todas sus injurias y malos deseos.
Joaquín entra a la habitación y las encuentra a las 5 en la cama abrazadas. Se veían hermosas juntas. Pero faltaba...
—Buenos días abuelito... ¿Mi mami está aquí?— dice la hija de Charlotte con los cabellos despelucados y somnolienta.
Joaquín la deja pasar. Ella entra y llega frente a su mamá. Ni sé da cuenta de qué está pasando.
—¡Mira! ¿No piensas pedir la bendición tú acaso?— le dice Fernand y finalmente la niña cae en cuenta de la situación. Y para sorpresa de todos, cae en el piso y rompe a llorar.
“Salió buscando al abuelo” piensa Jazmeen, mientras todas ríen con dulzura. Fernand la levanta y la carga en sus brazos, mientras ella llora aferrándose a su “tío”. No logra pronunciar una sola palabra, pero su carita lo dice todo. Estaba muy feliz. Fernand la abraza y la acaricia con ternura, mientras Jazmeen y sus hermanas la miran felices. En eso, Joaquín toma a la niña en sus brazos.
—Ve a presentarte al palacio. Apuesto a que el Rey se alegrará de verte.— dice.
Fernand obedece. Mientras se prepara para salir, la Nana, casi desfallecida por la noticia del día anterior, se lanza encima de ella en un abrazo.
—Niña mía... Niña linda de mi corazón... Voy a prepararte tu postre favorito y tu batido con miel, también tu tecito...—
—Ay Nana...— dice Fernand y la abraza.
Fernand agradece su gesto, pero dice que debe presentarse en el palacio antes. Sale hacia el Palacio, con Antoine siguiéndola.
—No debes ir conmigo, amigo mío.—
—Lo sé. Pero ya no volveré a dejarte sola Fernand. No lo volveré a hacer.—
Ambos galopan hacia el palacio cuando eran casi las 6 de la mañana. Faltaba poco para que amaneciera. En la entrada, cuando desmonta de su caballo, se consigue de frente con Axel, quién estaba trasnochado. Junto Aristoles y el General Vercollen habían salido a buscarla esa noche, teniendo que salir en la captura del Duque en el proceso. Oyó decir que Vercollen la había hallado, pero no de qué forma. Intuyó lo peor. Pero al verla allí, de pie, seria y sana, creyó imposible lo que veía. ¡Incluso portaba una pañoleta de luto en su honor! Fernand se acerca a él, quedando frente a frente, mientras los soldados miran la escena estupefactos. Fernand llega cerca de él y le quita la pañoleta. “No la necesitas” dice y sonríe. Axel queda en shock, inmóvil e incapaz de pronunciar palabra alguna. Fernand sigue su camino hacia dentro del Palacio. Sale en busca primero de su amiga. El Príncipe Roderick estaba en la oficina del Rey, mientras Azucena dormía. Fernand llega a la habitación matrimonial de los Herederos. Llega hasta la Princesa y acaricia su cara y su cabello. Realmente estaba feliz de verla. Pero Azucena no se despertaba. Así que Fernand le abrió las cortinas de la ventana, dejando entrar la luz de la mañana. Luego se sienta a su lado.
—Es muy temprano aún ¿Cerraríais los cortinajes por favor?— dijo aún dormida.
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Editado: 13.03.2026