Sabiendo que el hombre capturado confesaría su delito, la Condesa de Maldioren salió durante la madrugada del Palacio, sin dar explicaciones de a dónde y porque se iría. Algunas horas más tarde, el hombre confiesa que la Condesa Camile de Maldioren fue quién los contrató para asesinar a los Herederos. Inmediatamente, el Rey la manda a buscar y encarcelar. Pero la Policía Militar, por más que la busca, no la encuentra. Pasan 3 semanas, y la Condesa se esconde de la Policía Militar y la Guardia Real con precisión.
Se acerca el cumpleaños de la Princesa Heredera y el Rey planea un gran festejo en su honor. El cumpleaños de Azucena coincide con el primer abrir de las Apamelias. Digna era la ocasión. Una tarde, Fernand pide permiso para salir y el Rey accede bajo la condición de que Antoine la acompañara a dónde quiera que fuera. Al día siguiente, un 4 de junio, Fernand sale de permiso junto con Antoine. Pasan por casa, dónde la nana les prepara desayuno y almuerzo para llevar. Cuando están por salir, Joaquín llama a Fernand a su oficina.
—Buenos días General, siento haberle despertado tan temprano.— dice firme delante de él.
—Buenos días Fernand, me sorprende tu visita a una semana del cumpleaños de la Princesa. ¿Y eso?—
—Voy saliendo hacia Gubón a retirar un trabajo que mandé a hacer hace algún tiempo atrás. Si desea saber de qué se trata pues... Decidí darle un obsequio a la Princesa por su décimo sexto cumpleaños. Pero ni siquiera su Majestad sabe que por eso he salido.—
—Así que de eso se trata. Descuida, guardaré el secreto.—
—Se lo agradezco General.—
—¿Antoine irá contigo?—
—Si señor.—
—¿Cuando regresan?—
—Me imagino yo, ésta misma tarde. No pretendo viajar de noche, si dado es el caso regresaremos en la mañana.—
—Espero así sea. Bien, puedes irte.—
—Con permiso.—
Fernand sale de la oficina y Antoine aguarda afuera.
—¿A qué vino eso?—
—Ni idea, pero ya sabes cómo es... Vámonos, mientras más pronto salgamos, más pronto volveremos.—
—Vale... Fer...—
—¿Qué?—
—Te luce el peinado. El de hace días no mucho, pero el de hoy sí.—
—Supongo debería decir gracias.—
—De nada.—
Ambos salen de la casa entre risas y Joaquín los mira con nostalgia. Apenas ayer esos dos jugaban con espadas de madera y se daban puños por cualquier cosa. Ahora era que lo recordaba. Fernand también cumpleaños el mismo día que la Princesa. Había crecido mucho. Tal vez demasiado.
Mientras Fernand y Antoine se dirigen a Gubón, en el Palacio Azucena y Roderick miran las decoraciones y planes que tenían los sirvientes para el día del festejo. Por otro lado, el Rey tenía ganas de todo, menos de festejar. Su corazón estaba roto. Había amado a Camile durante años y todo se vino abajo por la ambición de ella. Recordaba aún cuando la conoció. En aquel momento, era joven e inocente, y mientras ella tenía 16 años, su esposo tenía 38. Tampoco fuera que estuviera mal, su esposo la trataba como una niña pequeña y consentía cada uno de sus caprichos. Se conocieron durante el baile, dónde el Rey (que para ése entonces tenía unos 20 años) se enamoró perdidamente de ella. Pasó un tiempo, dónde Camile realmente dudaba si abandonar a su marido y a su hija con éste, por irse con el Rey. Al final lo hizo, considerando que su vida tomaría un mejor y más apasionado camino siendo esposa del Rey. Pero nunca se casaron, ni siquiera cuando Gabriel nació. Luego el Rey tuvo un matrimonio político con la Princesa de Azturis que fracasó por intervención de ella. Pero de ese matrimonio nació Roderick, quién nunca conoció el pecho de su madre, pues ésta fue asesinada la misma noche que él nació. Nada sabía él de eso. Pero el Rey, aunque sospechaba lo ocurrido y siempre señaló a Camile como la asesina de su esposa, nunca la dejó. Realmente la quería. Pero lo de ella para con él era ambición. Le dolía saberlo. Se arrepentía de haberla tomado por mujer. Ahora su corazón se había roto y sentía que nunca volvería a confiar en alguien.
—¡Majestad! ¿Puedo pasar querido suegro?— lo llama Azucena desde la puerta.
—Si, entra querida.— responde cambiando su semblante.
—Mire Majestad, mi madre le ha enviado un obsequio felicitándole por su primer nieto.— le dice y le entrega una caja decorada. Cuando él toma la caja, no puede evitar mirar a Azucena, acusándola.
—Princesa, ¿No está muy pesada ésta caja para que la haya traído usted?— ella se sonroja apenada.
—Bueno...—
—Querida, agradezco que te hayas tomado la molestia de traer tú misma el presente, pero debes cuidar de tu salud y la de tu bebé querida.—
—Tiene razón. Realmente lo siento Majestad.—
—No te preocupes querida. ¿Que tú madre lo ha enviado?—
—Si Majestad. Dice que vendrá para celebrar su bautizo cuando nazca.—
—Aquí la esperaremos. Me sentiré muy feliz cuando finalmente mi pequeño nieto esté con nosotros.—
—Yo más aún. Lo que sí, creo que estaremos compitiendo los 4 por el cariño del bebé.—
—¿Cuatro?—
—Si Majestad. Roderick, usted, yo y Fernand.—
—En contra de ella ya perdimos todos.— dice y comienzan a reír.
Ya al medio día, Fernand y Antoine llegan a Gubón y buscan al artesano al que Fernand le había encargado el regalo de la Princesa.
—Oh! Muy buenas tardes Capitán. Me alegra verle por aquí.— exclama el hombre al verla.— su pedido está listo hace días. He tenido que rechazar muchísimas ofertas de compra mientras lo hacía. Se lo mostraré. Espero le guste, Capitán.—
El hombre saca de un cofre y envuelta en seda una cajita tallada y decorada con oro y porcelana. Cuando Fernand la abre, dentro había una muñeca con un bebé en brazos, que comenzó a girar lentamente mientras sonaba una melodía del interior de la cajita. Era precioso.
—Ha superado usted las expectativas previstas para éste trabajo, señor Gustav. Realmente un trabajo maravilloso.— dice y guarda la cajita de vuelta en el cofre. Luego le da al hombre tres bolsitas con monedas.
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Editado: 02.04.2026