Pasan los 10 días restantes y llega el cumpleaños de la Princesa. Al amanecer, Fernand deja su regalo ante ella, luciendo una sonrisa mínima. En realidad estaba sufriendo mucho. Azucena agradece su gesto con un abrazo, para luego enloquecer de alegría y ternura al ver su regalo.
—Pero Fernand ¡Es injusto que te me hayas adelantado!— exclama Roderick, quién ahora era que traía su regalo de cumpleaños para su esposa.
Fernand y Azucena ríen, mientras Azucena le da cuerda a su cajita de música y mira a la muñeca bailar con el bebé. Estaba fascinada. Luego se acerca Roderick para entregar su regalo dedicándole un beso apasionado a su esposa.
—Con el permiso de sus Altezas, voy a reunirme con los Comandantes para verificar las posiciones de los soldados ésta noche.— dice y hace una reverencia. Tenía en su cabello el décimo octavo diseño de trenzado creado por Azucena.
—Aguarda Fernand, no te vayas aún.—
Azucena se levanta y saca de entre los cajones una caja.
—Podré ser olvidadiza, pero jamás olvidaría que compartimos natalicio querida amiga.— dice y le da la caja. Fernand agradece su gesto y abre la caja. La Princesa le había obsequiado un broche de oro pequeño en forma de fusil. Se lo coloca en la chaqueta y a Fernand le fascina.
—Es precioso. Realmente se lo agradezco Princesa.—
—Sabía que te gustaría... Pero realmente me superaste con tu regalo— dice sonrojada y Fernand ríe.
Ambas comparten un abrazo. Roderick también se acerca. Y le da una cajita. Dentro había un pasador en forma de espada color azul con pequeños diamantes en la empuñadura. Fernand agradece y lo coloca en su chaqueta, junto al broche que le dió Azucena, el cual llevaba a la altura del seno izquierdo.
—Ahora no se van a librar de mí. Los llevo a ambos en el pecho.— dice burlona.
—¿Porque querríamos hacer eso?.— dice Roderick y los tres ríen.
En eso, una sirvienta entra en la habitación informando que el General Joaquín quería ver a Fernand. Ella sale rápidamente. Y consigue a su padre en el pasillo, cerca de la oficina del Rey.
—Buenos días General, ¿Quería verme?— dice fríamente.
—Viniste más rápido de lo que creí. En fin, la Policía Militar descubrió una asociación que según parece pretende atacar a los Herederos por orden de la Reina de Vulgonia. Así que, se te agradece estar al pendiente de lo que pueda ocurrir ésta noche, Fernand.—
—Entendido General, agradezco que me informe. ¿Habrá doble turno de Guardia Real ésta noche?—
—De eso me ocuparé yo. Aunque, no lo creo necesario. Dado que lo de hoy es un evento aristocrático, no creo que ataquen hoy.—
—Entiendo, General.—
—Ve a la oficina, el Rey quiere verte.—
Fernand se da vuelta y llega a la oficina del Rey.
—Buenos días Fernand, ¿Te ha comentado Joaquín lo que está ocurriendo?— dice él al verla entrar.
—A grandes rasgos sí, Majestad.—
—¿Qué piensas hacer?—
—Por los momentos, estoy segura de que no atacarían al palacio directamente... Pero me preocupa el baile de ésta noche. Podrían infiltrarse durante el baile y ganarnos por descuido... Pero no pienso permitirlo.—
—¿Qué planeas?—
—Hay una serie de escalinatas y pasillos superiores, desde los que la Guardia Real puede vigilar y mantener el baile asegurado sin ser vistos. Pero facilitan la defensa. Todo el palacio está conectado de manera ingeniosa. Es sólo cuestión de hacerles creer que no hay nadie custodiando. Al hacer eso, si vienen, creerán que pueden cumplir su acometido. Pero serán fácilmente capturados. Además, desde esos puntos se tiene una mejor vista de lo que ocurre en el baile. Si llega un infiltrado, lo sabremos de inmediato.—
—Eso es una buena táctica Fernand, y así los invitados no se sentirán hostigados por la Guardia Real. Está muy bien pensado. Ponlo en marcha.—
—Sí, Majestad.—
—A propósito ¿No es en el cabello que va ese pasador?—
—No se me permite usar ningún tipo de adorno en el cabello, Majestad.—
El Rey saca una peineta decorada con una línea de apamelias azules. Se la pone en la trenza, del lado derecho de la cabeza y le da un beso en la frente. Luego la toma de las mejillas y habla en su oído, lo que hace que Fernand se aterre.
—Si alguien dice algo en contra, que venga y me lo diga a mí.— le dice en el oído, refiriéndose a Joaquín.
—Entendido Majestad.—dice nerviosamente y el Rey le vuelve a dar un beso en la frente.
—Cuídate Fernand, y que tengas un lindo cumpleaños.—
—Se lo agradezco Majestad.—
Al salir de la oficina, se vuelve a cruzar con Joaquín, quién mira la peineta con enojo.
—¿Y eso?—
—Me la ha dado su Majestad. Dijo que fueses a hablar con él al respecto.—
—Si es para lo que creo, no creo que debería...—
Fernand le dedica una mirada enigmática, y él se aleja caminando. Tras reunirse con los Comandantes, Fernand vuelve a la habitación de la Princesa.
—¡Es preciosa esa peineta!—exclama Azucena y Fernand enrojece. Sigue sin entender a qué se refería Joaquín.
Pese a lo que se esperaba, el baile y los días posteriores pasan sin novedad. Así pasan dos meses y llega un 22 de agosto. Azucena contaba con 8 meses de embarazo ya. La mañana de ese día, Azucena pide permiso para salir al jardín, el cual tanto Roderick como el Rey deniegan. Azucena termina por salir al teatro (que quedaba dentro de los mismos terrenos del Palacio de Apamelia), atravesando el patio trasero para llegar hasta allí. Fernand y otras damas van detrás de ella, a sabiendas de que las regañarían a todas. Estaban en el teatro disfrutando de los ensayos de la ópera. Todo parecía normal. Hasta que Fernand escucha voces cercanas.
“—Tienes que quitar al guardaespaldas primero, si no quieres que te mate.—
—¿Y qué pretendes hacer?—
—¡Matalo!—
—¡Baja la voz! Podrían escucharnos.—”
Fernand disimula y se acerca a la Princesa, en posición defensiva sin que ella lo note.
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Editado: 02.04.2026