Pasan algunas semanas y Alessandro consideraba a Fernand como un gran amigo. Pese a que Antoine insistía en contarle la verdad, su ama se lo impedía. Y lo peor del caso es que, dado que Alessandro era todo un caballero, atento y sensible, Fernand no podía evitar que sus mejillas enrojecieran cada vez que él le hablaba dulcemente. Siendo esas fechas del mes de octubre, Fernand sale de permiso a su casa para pasar algunos días con su hermanito.
Esa mañana, Fernand se acuesta en el pasto del terreno, casi saliendo del jardín, mientras piensa detenidamente los aconteceres. Pese a que pasaron meses sin novedad, ella seguía atenta de cualquier cosa. Algo en el fondo le preocupaba, pero ella no sabía qué. En eso llega Antoine a su lado en compañía de Alessandro. Ambos se tiran a su lado tras saludarla.
—Oye Fer', ¿Realmente te relaja estar aquí así nada más?— pregunta Antoine.
—No relaja. Sólo me ayuda a pensar.—
—Tienes razón Fernand. Ayuda mucho a concentrarse. El cielo ésta mañana luce precioso.— dice Alessandro sonriendo.
—Así es... Pero eso no aplica para ti Alessandro, tú te concentras únicamente en los libros.— dice ella y ríen.
En eso la Nana llama a Antoine y Alessandro se queda a solas con Fernand. Guardan un rato de silencio, hasta que Alessandro decide hablar.
—No es el cielo lo que me gusta... Me agrada estar cerca de tí. Contigo cerca todo es más agradable. Y siento que puedo contarte cualquier problema y tú tendrás una palabra de alivio para mí y un buen consejo. No creí que en mis viajes conocería a alguien con tanto talento como tú. Eres especial.—
—Tambien me agrada tenerte cerca Alessandro. Eres muy gentil. Y no tienes temor de decir cómo te sientes ni de demostrarlo. Eso es admirable. Tal vez me consideres valiente, pero no lo soy tanto como tú. Soy capaz de enfrentarme a un regimiento entero, pero jamás de decir lo que realmente siento.—
—Tu eres muy valiente Fernand. Y no te juzgo eso. Fuiste criado para ser un oficial, es común que se te enseñara a ocultar lo que sientes.—
—Así es...—
—Fernand ¿Es normal que uno quiera a una persona, pero esa persona no pueda estar contigo? ¿Qué se haría en ese caso?—
—Todo lo que tiene que ser de una forma, lo será quieras o no, y lo que no debe ser, simplemente no es. Cada cosa fluye de manera constante sin que nos demos cuenta. El amor es el sentimiento más poderoso del ser humano. Pero si amas a alguien y esa persona no te corresponde puede significar que no es para ti y debes olvidarla. O que aún no es su momento de estar juntos.—
—¿Y si fuese un amor prohibido?—
—Usa el corazón y la cabeza, ambos juntos como parte de tu ser. Y entiende que por más que amemos a alguien, si toca aceptar que esa persona ame a alguien más, lo mejor es quitarnos de enmedio sin decir nada. Eso sería y será siempre una buena opción. El verdadero amor siempre quiere lo mejor para esa persona.— dijo, suponiendo en sí que Alessandro se refería a Azucena.
—Nuevamente me dejas anonadado con tu sabiduría... Fernand ¿Alguna vez te has enamorado?—
Fernand se sienta y baja la mirada.
—Sí... Alguna vez me enamoré y amé con todo mi ser a una persona... Pero no se pudo. No era quién debía estar a mí lado.—
—Cielos... Tú... ¿Estás bien respecto a eso?—
—Claro que sí. Sé que esa persona está muy bien y poco a poco el sentimiento a menguado. Además...— dijo y guardó silencio.
—¿Qué?—
—No importa.—
—De acuerdo... Fernand, ¿Me acompañarías más tarde a la ciudad? Debo comprarme un traje nuevo para el próximo congreso de la Corte. El Rey me ha invitado a participar.—
—Me parece muy bien por tí Alessandro. Así complementarás tus conocimientos de nuestras leyes. Vale... Iré contigo. Tal vez me compre uno yo...— dice y Alessandro ríe.
Pasado un rato, Fernand sale con Alessandro y Antoine a caballo y llegan pronto a la ciudad. Mientras trotan hacia la tienda, se cruzan con dos de los soldados que custodian la ciudad. Uno de ellos voltea y mira a Fernand fijamente mientras sonríe. Era el mismo soldado de incidente de semanas atrás.
—Mira Jair, mira quién es.— le dice al otro soldado. Eran totalmente opuestos: Gregory era alto, robusto y musculoso; mientras Jair era bajito, delgado y parecía un niño.
—Por favor no le busques pleitos Gregory, mira que no va uniformada y sí te puede partir peor la cara.—
—Cállate. Precisamente eso Jair, no va uniformada.—
Fernand se acerca en el caballo, mientras Antoine se prepara para ayudar pelear si hacía falta.
—Buenas tardes Capitán, gusto verle por éstos lugares.—
—Sargento Gregory Darlif, del Regimiento 4, Comando C, General Julián de Madgrey.—
—Supongo que al igual que yo, también estuvo investigando. En las calles le llaman “El Tigre”. Para ser dama, es un apodo muy poco llamativo.—
—Eso no tiene importancia alguna.—
—Je, tienes razón. Oiga Capitán, dado que me derrotó en una pelea, por simple tradición del regimiento, estamos en el deber de obedecer una orden que usted nos dé. Así que utilice esa orden pronto... Odio tener deudas.—
—Lo tendré en cuenta, soldado.—
—Bien, lo que usted diga Capitán.— diciendo ésto, se despide y ellos siguen su camino.
—Eso fue raro.— indica Antoine.
—Lo fue sin duda. ¿Está mal si pregunto qué ocurrió? Claro que, no es necesario...— dice Alessandro con las mejillas enrojecidas al ver a Fernand seria y firme.
—Una pelea. Sólo eso.—dice ella.
—Sabía que no debía preguntar.— dice Alessandro en voz baja y Fernand lo mira detenidamente y sonríe.
—No es eso. Es que en realidad es sólo una pelea...—
—De la cual, por cierto, ese Goliat salió con la boca partida y Fernand sin un rasguño.— dice Antoine burlón. Fernand voltea a mirarlo con enojo.
“¡Vaya! ¡Pero qué cosas!. Ni con Aristoles se ponía de esa manera. Uy si, cualquiera cree que Alessandro nunca se enterará de cómo es ella realmente y de cuán enamorada está... Aunque si es tan idiota como para no notar que ella es mujer, no se puede esperar mucho de él.” Piensa Antoine intentando contener la risa. Alessandro observa lo que pasa y sonríe.
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Editado: 02.04.2026