Unas horas más tarde, Fernand sale a la reunión, luego de burlarse un rato de su amigo hechizado por la hermosura de Rossie. En realidad, le alegra mucho que finalmente se esté enamorando. Rossie era una muchacha buena y Antoine la cuidaría muy bien. “Ojalá y Antoine logre conquistar su corazón. Harían una hermosa pareja, y si algo me ocurriera, mi amigo no se quedaría solo” piensa mientras se mira las manos. Ha estado sintiendo pequeñas punzadas en su pecho, pero nada dice al respecto. Iría con el doctor apenas pudiera. Pero primero, debía ir a la reunión. Fernand llega al Palacio y al primero que consigue es a su pequeño ahijado jugando en un pasillo con Alessandro. Al verla, Jhosep corre y la abraza encantado, mientras Alessandro la mira con cariño.
—Así que andas jugando con Alessandro... ¿Qué tal has estado Jhosep?— dice y lo carga en sus brazos.
—¡Bem!— dice y la abraza del cuello.
—Sigo insistiendo en que él Principito te considera su segunda madre.—dice Alessandro y se acerca a ella.
—Tal vez...— dice y juega unos segundos con el niño. Luego lo baja y Jhosep se aleja a buscar un juguete.
—Estás preciosa.— dice y le coloca una rosa en la oreja. Luego besa su frente.
—Te lo agradezco.— dice, y lo mira un momento. Sonríe y en un descuido le arrebata las gafas de cristales azules.—Me llevaré ésto un rato.—
—¡Hey! ¡Fernand, esos no son juegos!—
Fernand se guarda las gafas dentro de la camisa (porque allí Alessandro no podría quitárselas) y camina hacia la sala de reuniones. Jhosep mira a Alessandro a los ojos y sonríe.
—¡Color! ¡Erde! ¡Rillo!— dice y Alessandro se sonroja.
Fernand se aleja caminando, mientras Alessandro sigue jugando con Jhosep. Pero Alessandro la detiene.
—No te los daré aún, ¿Sabes verdad?— dice burlona. Él se acerca a su rostro y ella se queda inmóvil.
—Eso lo sé. Te gusta mirarme a los ojos ¿Verdad? Mírame ahora con esos bellos ojos.— dice y le levanta la mirada. Ella enrojece y algo dentro de sí tiembla y se siente derretir.
—Me encantan tus ojos.—
—A mí me fascinan los tuyos. Pero hay algo que me gusta más y evita que te saque de mi mente...—
—¿Qué?—
—Tus labios.— dice y la besa con cariño. Ella le corresponde, mientras Jhosep juega con sus muñecos. Él la besa por unos momentos. —¿Qué pasaría si intento recuperar mis gafas?—
—Te golpearía por meter las manos en mi uniforme.— dice ella burlona y con mejillas rojas.
—¿Segura?— dice y acerca su rostro la de ella.
—Muy segura Alessandro. No dejaré que nadie me toque sin mi consentimiento.—
—Eres fascinante, ¿Verdad que lo sabes? Pese a lo mucho que me quieras, no dejarías a un lado tus principios por darme gusto. Me encantas Fernand. Ese carácter tuyo me enamora.—
—Si vamos a un buen ritmo, algún día podrás meter tus manos en mi ropa si gustas.— dice y él la mira sorprendido.
—¿Quieres que lo haga?— dice coqueto y ella sonríe.
—No ahora cariño... Si lo haces te daré dónde más te duela.— dice burlona y él retrocede.
—No lo pongo en duda, igual lo merecería.—
—Me alegra lo entiendas...— dice y se da vuelta para marcharse.
—Fer'...—
—Dime.—
—Te amo. Eres lo único que me hace sentir vivo.—
—Y tú eres lo único que me hace creer que puedo amar y ser amada sin intervención...— dice y sigue su camino hacia la sala de reuniones.
Ella llega a la sala, dónde el Rey aguarda en la mesa redonda con impaciencia.
—Ah! Hola Fernand, ¿Qué tal estás querida amiga?— dice y luego detalla la flor en su oreja.
—Buenas tardes Majestad. ¿Está todo en orden? ¿No debería estar toda la Corte Militar aquí ya?—
—Deberían si, pero sólo tú has llegado. Es una hermosa rosa la que tienes allí. Realza muchísimo tu belleza.— dice y Fernand se sonroja. Se quita la flor y la guarda dentro de su chaqueta.
—Me había olvidado que tenía eso allí.— dice y Roderick intenta no reír.
—Vale, vale... ¿Debo suponer que eso es obra de Alessandro?—
—¡¿Qué?!— exclama ella y Roderick suelta una carcajada.
—Él te ama muchísimo querida amiga. Tal vez quieras corresponderle.— dice y le guiña un ojo.
—Desearía, pero dada mi posición y la fama que me ha dado la Corte, dudo mucho que él quisiera casarse con alguien como yo.—
—Eso a él no le interesa. Te ama. Me lo ha dicho varias veces ya... ¿Qué harás al respecto? A leguas se nota que le correspondes querida amiga.— dice y Fernand enrojece y voltea la mirada.
—Su Majestad a veces tiene unos juegos...—
—Venga Fernand, no exageres... Además, recuerda que tú hiciste una promesa que no puedes romper por nada... Le prometiste a mi padre que te casarías con alguien que te ame y te valore tal cual eres. Y Alessandro reúne esas características.—
—¿Qué insinúa Su Majestad?—
—A éstas alturas ya nada. Es más que obvio lo que quiero decir.— dice y se acerca a ella para acariciar su cabello.—Venga... Jhosep quiere mucho a su casi tío.—
Ante ésto, ambos ríen a carcajadas por un rato. Mientras ellos ríen, llegan Ignacio y Joaquín. Un rato más tarde, se escucha un ruido extraño del lado fuera del palacio y los cuatro salen a ver. Afuera, un grupo armado de hombres los rodean. Ellos se miran rodeados, y no les queda más que abstenerse y levantar las manos. Los tipos los amarran como prisioneros y les quitan las armas, no sin que Fernand pusiera los lentes de Alessandro en el piso, mientras los tipos la ataban con firmeza.
—¿Éste es mujer? ¡Demonios! No se suponía que atrapasemos a una chica.— dice uno de ellos.
—Cuida lo que dices. Esa chica es una General. Te matará en un abrir y cerrar de ojos si se lo permites.— le responden.
Un minuto después, los tipos los sacan a regañadientes del Palacio, por el patio trasero, dejando en el camino a muchos jóvenes de la Guardia Real muertos y algunos heridos. En el portón, Fernand deja caer su broche de fusil sin ser vista. Salen del Palacio con rumbo al bosque, a un sitio lejano de la ciudad. Fernand deja caer su pasador de espada y uno de los tipos la golpea, haciéndola caer inconsciente en las piernas de Joaquín. Poco después, también golpean a los tres hombres y éstos quedan inconscientes.
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Editado: 02.04.2026