Pasa casi un año desde ese día, dónde parecen haber terminado los ataques y la Guerra misma en sí. Pero ni el Rey, ni la Reina, ni Fernand se sentían seguros al respecto. Era el mes de noviembre, dónde la lluvia caía todas las tardes y llenaba las noches de frío.
En esos meses, cuando todo parecía más calmado, Antoine y Rossie se casaron, cumpliendo uno de los sueños de Fernand: ser la madrina de su boda. Aunque fuese una boda de sirvientes, el mismo Joaquín asistió también, presenciando con rabia como al momento de lanzar el ramo, éste fue directamente a caer en las piernas de Fernand sentada al lado suyo. Aunque estaba molesto, en el momento abundaron las risas al ver a la joven General roja. Tal vez ni siquiera era rabia, sino celos. Repelía el momento de entregar a Fernand en una boda. Pero tendría que hacerlo tarde o temprano.
Ya faltaba poco tiempo para que Julio de Macgrey terminara su entrenamiento y tomara ese rango. Fernand volvería al Palacio cuando eso sucediera, a llevar a Jhosep en su caballo de paseo, como en meses antes.
En ese mes de noviembre, se regó la noticia de que el Rey había llamado a Concilio para el día 13 de noviembre a todos los representantes de Yermen. Eso era una falsedad. El Rey pidió reunirse con los representantes de la Nobleza ese día y el 15 de noviembre sería el Concilio nacional. Pero una vez regada la noticia falsa, el pueblo se consagró ese 13 de noviembre en el tribunal para el Concilio. Pero enfurecieron al ver que sólo los nobles entraban y consideraron una injusticia que sólo ellos pudieran entrar al Concilio Nacional. El General Braulius, Jefe de la Corte Militar, ya envidioso de su fama, le pidió a Fernand que llevara su Regimiento al sitio, para contener a la población descontenta. Pero por más que los soldados y Fernand trataban de calmarlos, la gente reclamaba a gritos sus derechos. La tensión comenzó a aumentar.
—General de Gadeón, si ésto sigue así, ordene a su Regimiento abrir fuego.— dice Braulius y todos los soldados voltean a mirarlo con terror.— Dentro de éste edificio está Su Majestad y la mayor parte de la Nobleza, no podemos permitir una sublevación en éste momento.—
—General Braulius, con todo respeto considero muy drástica esa medida.— dice Fernand y los soldados asienten.
El General la ignora y los soldados siguen intentando calmar al pueblo. Uno de los soldados le muestra a Fernand una hoja que había estado pegada en la plaza de la ciudad. En ella decía que el Concilio era para ese día. Fernand intenta mostrar el papel a Braulius, pero éste la ignora. Ella insiste y él se rehúsa a escucharla.
—Gadeón a mi señal, ordena a tu Regimiento abrir fuego contra los manifestantes.—
—Eso no lo haré General.—
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo...—
—¡¡Batallón, informe!!— grita y los soldados la miran. Ella se acerca a ellos y a la multitud.— ¡Señores! Todo ésto es una obra de los enemigos de Vulgonia. Así como hace un año falsificaron un Edicto para estafarlos, han vuelto haciéndoles creer que el Rey los convocó el día de hoy a Concilio Nacional. Es todo una farsa. Su Majestad citó el Concilio Nacional para el día 15 de noviembre del presente año, no para hoy. Lo que está ocurriendo allá dentro en la renovación de los asuntos triviales de la Corte. Ahora bien, se me ha ordenado abrir fuego contra el pueblo. Y eso no va a ocurrir. Soy General del Ejército y el Ejército es pueblo. ¡Y el Pueblo no arremete contra sí mismo! Ahora, ayúdenme a salvarles la vida. ¡Si yo desobedezco seré fusilada, pero la Guardia Real vendrá contra ustedes y les quitarán la vida!—
—¡¡¡Gadeón!!! ¡¡¡¿Se puede saber qué haces?!!!—dice Braulius por señas le pide que se acerque.
Cerca de él ya, agarra por un brazo con brusquedad, a lo que los soldados y la misma gente protestan y se vuelve a presentar una gritería, ésta vez sólo porque Braulius dejara a Fernand. Es Axel quién le jala el brazo y suelta a Fernand de su agarre.
—¡¡Su Majestad se enterará de éste desacato!! Ahora redímete pidiendo perdón y ordenando a tu Regimiento disparar.—
—Me rehúso.— dice ella con autoridad y firmeza y los soldados y el pueblo mismo admiran su valentía.
—Gadeón ¡¡¡Ordena que tus soldados disparen o sufrirás las consecuencias!!!—
—Mi Regimiento está conformado por personas de ésta ciudad. Ninguno de ellos son nobles, todos pertenecen al pueblo. Y entre la multitud están sus familias y vecinos. ¡¡Pueblo no mata Pueblo!! ¡¡No les pediré levantar sus armas en contra de los ciudadanos de ésta ciudad!! ¡¿Aceptará el Rey que ocurra un baño de sangre sin necesidad?! ¡¡Ésto es un delito criminal de inhumanidad!!— exclama ella.
—Muy bien. Si eso es lo que quieres... ¡¡Fernand Victoriane de Gadeón!! ¡¡Quedas removida de tu rago y por la presente quedas expulsada del Ejército!! ¡¡¡Soldados!!! ¡Pasan a mi mando! ¡¡Fusilenla ahora!!— grita. Pero los soldados no obedecen. Braulius le arranca de la chaqueta la medalla de General a Fernand y los soldados enfurecen. —¡Les he dado una orden! ¡Fernand de Gadeón ya no es su General y ella nunca debió serlo! ¡¡Disparenle ahora!!—
Los soldados rodean a Fernand. Ella baja del caballo y los soldados se paran a su alrededor, protegiéndola.
—Si ella no es miembro del Ejército, igual sigue siendo noble y debe ser tratada como tal. Será presentada en el tribunal judicial y arrestada por el Ejército.— dice Gregory casi ocultándola de él.
—¡¿Qué?! Eso es un desacato ¡Tienen que presentarla delante de un tribunal militar!—
—¡Ella ya fue juzgada por usted como militar! Usted la expulsó del Ejército, por lo tanto debe ser juzgada por lo civil.—
—Muy bien, que la Guardia Real la arreste.—
—Eso no va a pasar. Fernand se Gadeón será arrestada hasta su juicio en el Destacamento dónde sirvió como General, dónde su fiel Regimiento la protegerá.—
—Darlif, ¿Qué...— intenta decir ella.
—Calla.—
—¡Eso es una tontería! Ella...—
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Editado: 16.04.2026