Flores del Palacio de Yermen

Capítulo 36: Juicio Militar

Poco después de que Fernand y Alessandro huyeran, Axel de Gadilrroba y parte de su Comando llegan al Destacamento.

—¿Dónde está los Generales de Gadeón?— pregunta y los soldados se niegan a responder.— Olvidaba lo obstinado que es éste Regimiento. Por el bien de su General, díganme dónde están esos dos. Padre e hija.—

—Joaquín de Gadeón se fue hace como una hora, después de tratar de matar a nuestra General.— dice uno de ellos y la mirada de terror de Axel los hace considerarlo de confianza.

—¡¿Qué?!—

—Si Comandante. Él intentó matar a su hija ésta tarde.—

—¿Dónde está ella ahora? ¡Necesito que me digan dónde está!—

—No lo sabemos.— dicen ellos al unisono y Axel sabe que mienten.

—Tienen que decirnos dónde está. El Rey pidió que la lleven al Tribunal ¡Él es el único que puede salvarla de la mano de Joaquín!—

—Pues te cuento que ya es demasiado tarde. El tipo no sólo intentó matarla, sino que la obligó a marcharse. ¡El tipo es un desgraciado! ¡La echó de su familia sin derecho a nada!— dice Gonzalo.

—¡¡¿Qué?!!—

—No sabemos de verdad dónde está. Ella se fue.— dice el Coronel Peter cabizbajo.

Después que la Guardia Real revisara el Destacamento, no les quedó más remedio que tomar las medallas que Fernand dejó atrás y volver al Tribunal. Roderick está encolerizado con lo que Axel le informa. La Corte presente está horrorizada.

—Axel... ¿Dónde está ella?— pregunta Roderick adolorido y cabizbajo.

—Huyó Majestad. Dejó atrás sus medallas de mérito y se marchó. Podemos averiguar a dónde fue si la Policía Militar investiga.—

—Esposo mío, no permitas que la busquen.— dice Azucena y todos la miran con sorpresa.— Ella no hubiese huido de esa manera si no creyese que algo malo ocurrió. Sabe lo que Braulius dijo delante de éste Tribunal. En éstos momentos, ella debe creer que será perseguida y ajusticiada. Creo que lo mejor será dejarla tranquila. ¡El nivel de terror al que debe de estar sometida es una cosa inimaginable! Habiéndose visto a punto de morir a manos de su propio padre, ¿No creerá ella que la Policía Militar la buscará para ajusticiarla? Fernand no sabe que Su Majestad no planea nada contra ella. Si la Policía Militar la busca, ¡Fernand creerá que la buscamos para matarla!—

Al oír ésto, la Corte enmudece.

—¿Nos creerá Fernand capaces de hacerle semejante iniquidad?— dice Roderick con dolor.

—¿Cómo hacérselo saber?—

—Yo sé cómo.— dice Axel y Azucena lo mira esperanzada.— Su Regimiento sabe a dónde se fue. Es sólo cuestión de hacerlos hablar. Si sabemos a dónde fue, iré yo mismo a hablar con ella.—

—Es una buena sugerencia, pero primero, hay que ajustar cuentas.—dice el Rey y Braulius tiembla.

El Rey pide encerrar a Braulius para su juicio en la mañana. Lástima no puede hacer lo mismo con Joaquín, dado que el que un Noble asesine a las hijas de su familia por cuidar de su apellido y honor no era penado por las Leyes, siempre y cuando fuese por un hecho comprobado. Tratándose de un hecho incierto o de un ajusticiamiento sin basamento, podía ser juzgado. Pero para eso, necesitaba juzgar primero a Fernand y hacer constar su inocencia. Roderick y Azucena pasan toda la noche pensando cómo traer de vuelta a Fernand.

—Si enviamos a buscarla ella se asustará y se esconderá.— dice Azucena, cabizbaja, mientras duerme a Jhosep en sus brazos. Aunque el pequeño de dos años de edad ya no quería dormir aún.

—Tienes razón. Pero deberíamos buscarla Azucena. Fernand huyó en vísperas de su Juicio y Braulius podría valerse de eso para poner a la Corte en su contra. Fernand tiene que aparecer y rápido.—

—Amor... Alessandro huyó con ella.— dice Azucena y Roderick la mira extrañado.

—¿Cómo sabes?—

—Él tampoco está. Los que lo vieron, dicen que apenas se regó la noticia de lo ocurrido, Alessandro salió a todo dar al Destacamento. Ambos sabemos que ellos se aman. Dónde esté Alessandro está ella.—

—Ese es muy buen dato. Pero de verdad, me enloquece el hecho de que Fernand haya huido. Estoy muy molesto. Pudo venir ante nosotros y tener la certeza de que la ayudaríamos. ¿Es que ya no confía en nosotros? ¿Después de todo lo que ha pasado? ¿Después de que incluso bautizó a nuestro hijo?—

—Claro que confía en nosotros, Roderick. Pero su padre trató de matarla. No le quito razones de huir. Su padre es General de la Guardia Real. ¿Cómo llega Fernand ante nosotros, si la Guardia que nos protege está a cargo de Joaquín? ¿Si me entiendes verdad? Ella no vió otra salida. Me duele muchísimo pensar en cómo se sentirá ella ahora... Tan asustada, mojada con la lluvia y expulsada de su familia... No quiero ni imaginarlo...—dice y no puede evitar llorar. Roderick llega a su lado y la abraza.

—¿Qué propones?—

—Qué la dejes tranquila, aunque sea unas semanas. Déjala calmarse. Estoy segura de que se recuperará si Alessandro está con ella. Si la mandas a buscar, perderemos a nuestra amiga. Huirá fuera de Yermen y no podremos encontrarla.—

—Bien. Lo haremos así. Dónde quiera que esté, no la buscaremos...—

—Gracias amado mío.—

A la mañana siguiente, la Corte Militar se consagra en el Tribunal para el juicio del General Braulius. El Juez llama a varios ciudadanos y miembros de la Corte para que integren el Jurado, y llama a los Sargentos del Regimiento de Fernand como testigos del hecho. Comienza hablando el Juez, haciendo que los presentes sientan la tensión del sitio.

—General Braulius de Tersson, General Jefe de la Corte Militar. Acusado de delitos de inhumanidad y de ejercer actos que sólo el Rey podía hacer.—

—¿A qué se refiere?— dice Braulius indignado.

—A que usted destituyó a Fernand Victoriane de Gadeón de su rango militar sin consentimiento Real. Siendo ésta General Interina del Regimiento 4 del Ejército Nacional, posición que le fue asignada por el mismo Rey, su acción se considera como un desacato a las órdenes reales y un hecho punible de rebelión contra Su Majestad.—




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