Flores del Palacio de Yermen

Capítulo 37: Amor Verdadero

Esa madrugada del 14 de noviembre, Fernand y Alessandro sellan su compromiso con un beso lleno de cariño y pasión, que se prolongó por varios minutos. Mientras ella acariciaba su cabello y cuello, él acariciaba su cintura. Conforme pasaba el rato, su pasión se intensificaba y terminan con sus cuerpos pegados el uno al otro, mientras él pasea con lentitud sus manos en su espalda. Deja de besarla en la boca un momento y la mira enamorado. “Dejame besar tu piel. Dame tu permiso de besarte con todo el amor que tengo para ti.” susurra en su oído. Ella se desabrocha la camisa, ante su mirada sorprendida. “Besame tú y sólo tú hoy y por el resto de nuestras vidas...” dice ella en su cuello y él tiembla. La besa en el cuello mientras sus manos acarician su cuerpo, aumentando cada segundo más el calor entre los dos, pese a el frío que se sentía en la casa. Él se quita la camisa y ella comienza a acariciar y apretar su espalda, mientras suspira. En un punto dado él la besa y a ella se le escapa un gemido. “¿Y eso?” dice burlón. “Es tu culpa.” dice ella sonriente. Acto seguido procede a besar y luego morderle el cuello a él. Y sí, también se le escapa un gemido y comienza a respirar con fatiga. Había despertado su pasión por completo. Ella sonríe burlona y nerviosa, mientras él la mira fijamente y con ojos entrecerrados. La atrae hacia sí y le besa los hombros y comienza a descender a su pecho. La acuesta suavemente sobre la cama y comienza a besar lentamente su pecho, mientras sus manos acarician su tórax. Ella lleva sus manos a su cabello y lo acaricia. Mientras la besa ella gime y él asciende a su cuello, para finalmente llegar nuevamente a sus labios. Pero sus besos se habían vuelto más apasionados y frenéticos. De pronto, ella no puede respirar y él se aparta asustado. Ella tose un momento y cuando pone su mano en su boca, nota que se ensucia de sangre. Cuando se ve la mano así, sabe lo que eso significa. Sus lágrimas comienzan a salir y Alessandro la abraza.

—¿Qué pasa? ¿Qué tienes mi amor?—

Ella se esconde en su pecho y al verle la mano así él la limpia. Se sienta con ella en su pecho en la cama y la abraza con cariño.

—Esto se debe a tu enfermedad ¿No es así?—

Ella asiente.

—Calma amada mía. Apenas amanezca iremos al hospital y haré que te vea un doctor. No te preocupes. Todo estará bien.—

—La última vez que me vieron en un hospital, el médico me internó de una durante un mes completo.— dice y él la aprieta contra su pecho.

—No creo que sea necesario, es decir, no estás tan mal como en aquel entonces ¿O sí?—

—No... Aún así ¿Porqué ahora? Estuve tomando las pastillas, ¿Porqué...—

—Ya Fer', eso lo aclarará el médico. No te preocupes. Pase lo que pase, estoy aquí para tí— dice y ella lo mira a los ojos.—¿Qué pasa?—

—Alessandro... Te amo.—

—Yo también...—

—¿Sabes a éstas alturas qué significan para mí el color de tus ojos?—

—No lo sé amada mía. Mis ojos siempre me fueron símbolo de humillación y de desprecio por parte de mi familia y conocidos. Aún me sigue sorprendiendo que a tí te gusten.—

—Yo amo todo de ti Alessandro. No deberías dudar nada de eso.—

—Suelo ser muy inseguro, perdona.—

—Entonces seremos dos esposos inseguros que se aman con todo e inseguridad y se complementan entre sí.—

—No lo habría dicho mejor Fer'.—

—Alessandro... Hay algo que me tiene pensando...—

—¿Qué es?—

—¿No se enojará tú familia si te casas conmigo?—

—No debes de preocuparte de eso. Mi padre me quiere en el fondo, pero poca es la atención que le presta a lo que hago. Y mi madre quisiera que yo nunca hubiese nacido.—

—¡Alessandro!—

—Es la verdad amor mío.—

—¿Porqué?—

—Pues... Ya te lo he dicho antes. Mi madre se enamoró de mi padre en plena discusión diplomática, y estuvieron juntos pese a que él ya tenía una familia. Cuando yo nací, mi madre le exigió que se llevara a cabo su compromiso, pero él se negó. Según lo que sé, ella trató de matarme siendo un bebé, y fueron los sirvientes quiénes me llevaron con mis abuelos, contándoles lo ocurrido. Ellos decidieron que lo mejor era que me quedara con mi padre, ya que temían lo peor. Así fue. Tenía yo 4 años cuando me sacaron de Vulgonia y me llevaron a Azturis. Allí, lo creas o no, quién me recibió con todo el amor del mundo fue Cassandra, mi madrastra. Mis hermanos me odiaban y mi padre no era capaz de verme a los ojos. Ella lo sabía y por eso procuraba tratarme como a uno más de la familia. Eso nunca resultó. Con algunos años fue que, no sé si sería costumbre o tanto Cassandra pelear con ellos, pero finalmente comenzaron a tratarme como parte de la familia. Igual, en secreto me despreciaban. Papá sólo me veía llorar con esa expresión de compasión y nunca hacía nada...—

—¿A quien me recordará?— dice ella y toma sus manos.

—Tu me comprendes mejor que nadie. Viviste una vida similar... O inclusive peor.—

—No diría que peor. Tú eres hijo de una Princesa y de un Duque enemigos, y yo de un General obstinado y una Princesa fugitiva. ¿Hay mucha diferencia no crees?—

—Yo creo que es la misma cosa.—

—No estoy de acuerdo.— dice ella y ambos ríen.

—Ya... Oye pero a todas éstas, ¿Que significan para tí mis ojos?—

—Amarillo de Alegría y Verde Esperanza. Dos cosas que perdí con los años y has venido a traerlas de vuelta... Tus ojos me recuerdan que eres todo lo que alguna vez soñé y los años me hicieron creer que nunca tendría. Pero aquí estás...— dice y él enrojece. Ella lo mira y ríe.—¿Qué?—

—Rayos Fer'...— dice y ríen a carcajadas.

Después de un rato, ambos se quedan dormidos en la misma posición en la que estaban. Cuando Alessandro despierta, ya había amanecido, pero estaba todo muy nublado. Fernand aún duerme en su pecho con total paz y él se siente el hombre más afortunado del mundo. Lanza una plegaria al Cielo rogando poder dormir así con ella el resto de su vida, y se levanta procurando no despertarla.




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