Después de ocuparse de que todo Vompert se enterara de lo ocurrido en Guarari, Axel comienza su búsqueda exahustiva de su amiga. Eso igual que Joaquín, quién, a caballo y cubierto con una larga capa y capucha, no tarda en ver a Alessandro caminar con Fernand de su mano. Los sigue a larga distancia, intentando descifrar a dónde iban. Pero así cómo él, Axel también los encontró. Fernand y Alessandro caminan de la mano por la ciudad hasta la Alcaldía. Cuando llegan un soldado a la puerta le susurra a Fernand cuando pasa por su lado.
—General, ellos saben que está aquí. El tipo del caballo es el General Joaquín. Ocultese dónde él no la encuentre.— le dice.
Fernand mira a sus espaldas e inmediatamente lo reconoce. Cuando nota su mirada de terror, Joaquín se da vuelta y se marcha. Alessandro la mira y sabe que algo pasó.
—¿Quién era?— dice y ella se aferra a él.
No era necesario decirlo. Con lo que sintió en ese abrazo supo lo que ocurría.
—No dejaré que te lastime. Ven, vamos con el Diputado.—
Ambos entran a las oficina del que fue profesor de Alessandro. Theodore era un señor mayor ya, bonachón y muy alegre.
—¡Mira nada más! ¡Pero si es mi ovejito rebelde! ¿Dónde estabas que no te encontré?—
—En la Capital. Fui a terminar la maestría allá.—
—¿De veras? Bueno, supongo así conociste a ésta joven General heroína. Querida, no importa lo que uses de vestimenta, igual eres preciosa.— dice y Fernand enrojece.
—Ah, pues sí. Así es.—
—Venga ¿Y qué hizo éste torpe para que te enamoraras de él? ¿O te hechizó con sus monerías? Da igual, Theodore Depoint, gusto conocerle.—
—Fernand de Gadeón— dice ella sonrojada y él le besa la mano.
—Ya a ver, ovejito mío, ¿Qué andas haciendo? ¿No te quieres quedar aquí en la Alcaldía conmigo y los muchachos?—
—Pues, eso estaría muy bien...—
—¡Vale! Te quedas a cargo de la oficina de administración legislativa. Sé que puedes con eso. ¡Yo mismo te enseñé! A propósito ¿Se han casado ya?—
—No, más bien estamos empezando con los trámites.—
—¡Los trámites al demonio! Consíguete los anillos y ésta misma tarde Fiodor los casa por el Civil.— dice y a Fernand se le ilumina la mirada.— Mira como se emociona. Vaya pues, consigase los anillos ovejito oscuro.—
—Venga profesor, a veces tiene unos juegos...—
—¿Y tú te crees que estoy jugando? Te estoy diciendo que vayas y si ésta tarde no se puede, mañana en la tarde será. Ya voy a llamar a Fiodor.—
—¿Quién me invoca?— dice un joven asomando la cabeza en la oficina. —¿Blacksheep? Jope hombre, yo te hacía en Guarari, ¿Cuando viniste?—
—Hola Fiodor, gusto verte. Pues llegué ayer por la mañana. —
—Ya veo, ¿Ella es tu esposa?—
—Lo será ¡Viniste como invocado muchacho! ¿Cuando puedes casar a éstos dos antes de que ella se arrepienta?— dice y rompen en carcajadas con la cara de disgusto de Alessandro.
—Ya, si tienen los anillos, ésta misma tarde... Aunque, sería problema si ella es noble.—
—Tengo una Absolución Matrimonial que el Rey Agustus V me dejó antes de morir. ¿Eso...—
—Eso significa que si te da la gana de casarte ahora mismo, lo puedes hacer querida.—
—Es lo que quiero.— dice con firmeza y Theodore sonríe.
—Alessandro, tú dejas ir a ésta mujer y yo te mato muchacho.— dice Theodore y Fernand ríe.
Esa misma tarde, tras comprar los anillos de matrimonio, Fernand y Alessandro se casan en la Alcaldía, rebosantes de alegría.
—Más les vale invitarme a las nupcias eclesiásticas ¿Entendieron?— dice Fiodor sonriente y ellos ríen.
—Cuenta con ello amigo.—
Ambos salen esa tarde de la Alcaldía, con su acta de matrimonio en la mano de Alessandro y un ramo de flores en la de Fernand. Joaquín alcanza a mirarlos. Pero la mira en sus brazos, feliz y enamorada y no quiere arruinar eso. Es la primera vez, en toda su vida, que veía una sonrisa tan resplandeciente en su rostro. Decide dejarla ir. Deja una carta colgada a la ventana de la casa y regresa a Guarari, cabizbajo. Alessandro lleva a su esposa a que un pintor les haga un retrato (porque era muy acostumbrado hacerlo), pese a que Fernand odiaba posar para pinturas. La última vez que lo hizo fue prácticamente obligada por la Princesa, en su cumpleaños número 17 le pidió que se retratara junto a ella, retrato el cual mide casi 3 metros y Azucena mandó a colgar en la sala de juegos de Jhosep. El pintor de la ciudad saca un retrato de ambos, felicitándoles además por su matrimonio. Cuando regresan a casa, Axel los estaba esperando.
—¿Se puede hablar con tu esposa, Alessandro?— dice burlón y Fernand se enoja.
—¿Qué necesitas, Gadilrroba?— le dice Alessandro, casi ocultando a Fernand tras de sí.
—Hablar con tu esposa, ¿Se puede?—
—Solo delante de mí.— dice Alessandro con autoridad y Axel lo mira burlón.
—Venga hombre, que no voy a hacerle nada.—
—No es eso lo que temo. De antemano te digo Axel, Fernand no puede volver a Guarari.—
Los tres entran en la casa y Fernand se toma una pastilla.
—No creí verte nunca usar un vestido por voluntad propia.— dice Axel y el gesto de molestia que ella hace los hace reír a ambos.
—Debo suponer que te envía Su Majestad Azucena, ¿No es así?— dice Fernand y cuando intenta dar un paso para alejarse de la repisa de dónde se tomó la pastilla, cae en el suelo.
Ambos se tiran a levantarla, pero es Alessandro quien la carga en sus brazos y la sienta con ellos en la sala.
—¿Qué te sucede?—
—Estoy enferma. Al parecer, tengo una fuerte enfermedad en el corazón.—
—¡¿Qué?!—
—Ayer comenzó con el tratamiento... Pero según lo que dice el médico, ella ya no debe sufrir ninguna emoción fuerte, o eso le costará la vida. ¿Lo entiendes?—
—Claro que lo entiendo Alessandro... No tenía idea alguna...—
—Pierde cuidado. Por favor, cuando vuelvas, lleva contigo una copia del informe médico a la Reina. Realmente lo siento, pero no volveré a Guarari. No aún. Tal vez nunca lo haga.— dice y abraza sus piernas, dejando ver toda su tristeza y miedo.
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amigas fieles, guerra terrorista y atentados, tragedia lágrimas y drama
Editado: 16.04.2026