Al medio día, llegan dos soldados al Palacio de Apamelia, notificando lo ocurrido en la noche.
—¿Dónde están ellos ahora?— dice Joaquín, contagiado de la impaciencia del Rey.
—En casa de la General de nuestro Regimiento.—
—¿Cuál General? ¿No se suponía que ustedes se quedaron sin General en el mes de diciembre?— dice Arthur.
—Nuestro Regimiento es dirigido desde el mes de diciembre por una General retirada. Generala Fernand de Blacksheep, quién dirige nuestro Regimiento por pura misericordia, pese a su enfermedad. No sabíamos qué hacer hasta que ella apareció.—
—¡¿Qué?!— dicen Arthur, Axel, Ignacio y Joaquín al mismo tiempo.
Ellos indignados en que Fernand fuese General en desacato desde hacía meses, mientras Roderick estaba sorprendido en que se le conociera como la señora de Alessandro.
—Entonces, ¿Mi esposa y mi hijo se encuentran en la casa de Alessandro de Blacksheep y Fernand de Gadeón?—
—Si, Su Real Majestad. Mi Generala pide que salga la Guardia Real a buscarlos bajo las órdenes de un oficial de Alto Rango.—
—¿Y eso? ¿Porqué Fernand no los trae ella misma?— dice Ignacio de brazos cruzados.
—Mi Generala padece de una grave enfermedad cardíaca, la cual le impide caminar del todo bien. Dada esa situación, no puede salir de Vompert.— dice el soldado cabizbajo.
La Corte a su alrededor murmuran y critican, unos espantados, otros molestos y algunos indignados.
—El General Joaquín de Gadeón y gran parte de la Guardia Real irán por ellos.— dice el Rey, con firmeza pese a que muchos protestaron.
Unos minutos después, en la oficina, Roderick le da unas órdenes:
—Te envío con el único fin de que traigas a la Reina y al Príncipe de vuelta a casa. Cuídalos muy bien y no dejes que nada les ocurra.—
—Como Su Majestad lo ordene.—
—Y otra cosa: no quiero que confrontes a Fernand. Déjala tranquila a ella.—
—Majestad...—
—No Joaquín. Yo mismo dejé en paz a tu hija, tú más rápido. Por lo visto ha empeorado mucho desde la última vez que supe de ella. Joaquín, deja a Fernand tranquila. Tienes terminantemente prohibido el siquiera acercártele o dirigirle la palabra ¿Me dí a entender?—
—Si, Su Majestad.— dice cabizbajo. Sabe que ni siquiera el Rey confía ya en él.
Roderick mira al Escuadrón salir al atardecer, temeroso de lo que pudiese pasar. Joaquín piensa durante todo el camino en su hija. Trata de distraerse pensando en su misión, pero la sola idea de que Fernand aún lo odie y de que se encuentre realmente grave lo atormentan. Lo segundo más que lo primero. Recordaba y en su cabeza danzaban los recuerdos de lo ocurrido hace casi 4 años antes. “Es verdad. En junio Fernand cumple 19 años y en julio se cumplen 4 años desde que la internaron en el hospital.” piensa y rememora aquellos días de suplicio, dónde creyó que la perdería. Una voz en su cabeza lleva meses atormentándolo, diciéndole mil y un cosas que lo hacían sentir horrible. “¿Porqué no recordaste eso el día en que casi la matas? ¿Qué diferencia había entre verla morir lenta y dolorosamente mientras sangraba por la boca, a asesinarla y cargarla muerta entre tus brazos, sabiendo que el último momento de su vida fue traumático y doloroso? ¡Claro que había diferencia! Al menos la morir en el hospital se iría con la ilusión de que la amabas.” dice la voz de su mente y casi lo hace llorar. Él y el Escuadrón llegan a Vompert en la madrugada.
Azucena, Jhosep y Fernand duermen juntos en una habitación, mientras Alessandro los mira. “¿Seguirá siendo buena idea separarlos?” piensa. En eso, uno de los soldados entra tras tocar a llamarlos. Ya la Guardia Real estaba en Vompert y se dirigían a la casa. Alessandro despierta a Fernand y a Azucena. Ambas se alistan y comienzan a despedirse. Jhosep yace dormido en los brazos de Alessandro.
—Cuando todo ésto pase, vendré a visitarte amiga mía.— dice Azucena abrazándola.
Fernand le regala una daga de plata, con la que estimaba que podría defenderse hasta que la ayudaran si algo salía mal.
—Apenas esté mejor, iré al Palacio con ustedes.— responde ella, cabizbaja.
Cuando la Guardia Real llega, ellas aún estaban abrazadas y dudan de sí soltarse o no.
—No quiero dejarte ir... Siento que ésta es la última que te veré. Ruego al Cielo no sea cierto.—dice Fernand finalmente y Azucena trata de no llorar.
—Volveremos a encontrarnos querida amiga. Volveremos a pasear juntas y llevaremos a mi Jhosep y al hijo que tengas en nuestros caballos como antes. No te preocupes...—
—Azucena... Tengo miedo.—
En eso, Joaquín se les acerca y le indica que es momento de partir. Fernand lo saluda militar y Joaquín corresponde. Oculta la alegría y la admiración que siente al verla de pie, caminando con su bastón, en vestido pero con la chaqueta de General sobre éste y sus labios de un rojo intenso que brillaba. La veía realmente hermosa. Alessandro le entrega a Azucena a Jhosep aún dormido, mientras Fernand lo bendice. Fernand y Joaquín siguen a Azucena hasta que sube en el Carruaje Real.
—Estás muy hermosa.— dice Joaquín finalmente entre dientes y Fernand no logra ocultar su sorpresa.
—Gracias...— dice ella aún sorprendida.
Fernand ve el carruaje alejarse y siente su corazón doler. Apenas amanecía cuando el Carruaje sale de la casa de Fernand y Alessandro, mientras ellos miran desde la puerta de la casa. Ella los mira, intentando no llorar. Algo le decía que no volvería a verlos. Siente su pecho doler y le sale un surco de sangre de la boca. Alessandro la abraza y, tras cargarla en sus brazos, la lleva dentro de la casa. La sienta en la cama de su habitación. Ella tiene la mirada seria, pero dolida. Él se acerca y le da un beso en la mejilla.
—Deja de contenerte. Llora si es lo que necesitas. No debes seguir conteniéndote y lo sabes amada mía.— le dice con cariño. Ella se abraza a él y suspira.
—No sé porqué tengo ésta sensación... Es como sí... Cómo si supiera que todo se va a acabar, como si no fuese a verlos de nuevo... Esa sensación me inunda el pecho y me hace doler. Siento como si todo... Estuviese a punto de terminar... Y tengo miedo.— dice ella con voz entrecortada.
#3552 en Otros
#545 en Novela histórica
#675 en Acción
amigas fieles, guerra terrorista y atentados, tragedia lágrimas y drama
Editado: 16.04.2026