Flowers

Capítulo 6: Flores, Libros y Luces

Peino mi cabello de prisa, mientras aún mi pie intenta calzar en los zapatos.

Dándome una rápida inspección en el espejo, pienso:

Al menos me veo decente.

—Chip-chip.

Mel silbaba confundida por mis acciones, si no es propio de mí actuar así.
Pero mi alarma decidió que este día sería perfecto para agotar su batería.

Hasta anoche aún sonaba.

Luchando contra el arete, oí la bocina de Jacob.

—¡Carajo! De todos modos quedan bien los aretes solitarios.

Tomando la mochila, di un último beso a Mel, que comía contenta unas semillas, y salí pisando las escaleras de dos en dos.

Afuera, Jacob me esperaba en su auto. Cruzando el jardín, subí al auto.
Recuperando el aire, volteé para saludarlo, pero él colocó una lonchera entre nosotros.

—Buenos días, dormilona —me sonrió—. No contestaste mis mensajes, así que supuse que te quedaste dormida.

—¿Te he dicho cuánto te quiero? —con rapidez tomé el táper.

Adentro, unos sándwiches con una manzana hicieron gruñir mi estómago; apenas llegué a tomar un poco de agua.

Probando el delicioso sándwich, me sentí en las nubes. Jacob, dejando escapar una risa, encendió el auto y partimos a la escuela.

Poco a poco el paisaje cambió; pasando por la ciudad, finalmente las calles empezaron a ser más familiares, y ahí estaba.

La escuela Bloomfield.

Una academia nombrada así por su amplio y cuidado campo de flores. Según dicen, el fundador tenía una esposa que amaba las flores, pero al no poseer un jardín decidió plantarlas en su escuela.

El edificio principal dominaba el centro del campus; era grande y elegante, con grandes ventanales. Por fuera, los senderos bordeados con flores se encrucijaban como enredaderas.

A un costado, separado del edificio principal y unido por un sendero florido, se encontraba la biblioteca, mi lugar favorito:

un enorme edificio con una arquitectura clásica; arcos altos, balcones interiores y estanterías que parecían no tener fin.

Más allá, el campo deportivo se abría en contraste con la tranquilidad de la biblioteca, ambos en extremos opuestos del campus.

Consistía en un área extensa donde estaban las canchas de fútbol, básquet, vóley, una pista para atletismo y, además, una piscina interior.

Solo lo sé por curiosidad; además de la clase obligatoria, odiaba todo lo que significaba correr y sudar.

Cuando nos acercamos lo suficiente, Jacob estacionó el auto. Tomando nuestras cosas, bajamos; cruzando los grandes portones caminamos a la par. Jacob hablaba de nuestros horarios, pero yo miraba al resto de estudiantes.

Algunos rostros eran conocidos, otros nuevos, pero entre el mar de estudiantes que iban de un lado a otro, vislumbré una familiar cabellera rizada.

Una sonrisa se extendió en mi rostro, con la alegría brotando en mi pecho, extendí mis brazos para abrazarla. A pasos veloces me alcanzó, de un salto que casi nos derriba a ambas.

Amelia, efusiva como siempre, me estrechó en sus brazos.

—Amiga, no sabes cuánto te extrañé —dijo.

—Nosotros estábamos muy bien sin un huracán orbitando a nuestro alrededor —bromeó Jacob.
Separándose de mí, Amelia le sacó la lengua; después se rió.

Extendiendo ambos brazos, atrajo a Jacob. Este no se negó; entrelazando un brazo con cada uno, ella nos guió.

—No saben las cosas que tengo para contarles —exclamó feliz.

Jacob suspiró; yo solo sonreí, feliz de tener a Amelia a mi lado. Los tres juntos caminamos hacia el edificio principal, mientras Amelia contaba acerca de sus vacaciones en la Patagonia.

—En serio, tenían lagos preciosos. Fueron días muy bonitos, hasta pude nadar en ellos. Las mejores vacaciones —exclamó emocionada.

Todas son sus mejores vacaciones.

Ella siguió hablando. Jacob, en algún punto, dejó de escucharla y repasó el horario en su teléfono.

Charlando con Amelia, ella dijo que este año sin duda sería la mejor bailarina de la escuela, por tercera vez consecutiva.

Jacob solo blanqueó los ojos; yo le comenté acerca de mi deseo de unirme al club de repostería.

—Ánimo, Chloe, seguro todo saldrá genial. Yo apuesto a que terminarás el año siendo la mejor de la clase —aseguró.

—O ella acabará con la clase —pinchó Jacob con una sonrisa.

Mi puño y el de Amelia impactaron contra su brazo y hombro; él solo dejó salir una sonora carcajada.
Pronto nuestros juegos se vieron interrumpidos por unas voces en el pasillo.

—Aww, ¿ya lo viste? —suspiró una chica—. Cada año es más guapo.

—Sí, lo sé. El presidente no solo es lindo, sino también muy amable —concluyó la otra—. Me guió a mi clase, incluso cuando la suya estaba hacia el otro lado.

Presidente…

Ahí estaban las palpitaciones en mi pecho, el sudor en mis manos, incluso la sangre corriendo por mi rostro.

—Chloe, ¿sigues con nosotros? —preguntó Amelia, estupefacta.

Solo entonces me di cuenta de que había parado de caminar; a unos pasos estaban Jacob y Amelia mirándome con extrañeza.

—¿Estás bien? —dijo Jacob.

Alejando esas emociones, asentí. Jacob arqueó una ceja y miró a Amelia; esta regresó su mirada a mí.

—Ya te lo he dicho, dile lo que sientes —declaró con los brazos cruzados en el pecho.

Negué rápidamente.

—No, sabes que ni siquiera nos conocemos.

—Daa, ya lo sé, pero no pierdes nada —aseguró, dando palmadas en mi hombro—. Vamos, atrévete a enfrentarlo.

—Pero, Amelia, yo no tengo interés en unirme a su séquito de fans. Me conformo con admirarlo de lejos —aseguré.

Jacob soltó un suspiro. Observándome como si fuera una niña que no entiende, se acercó.

—Pandora, no se trata de ser su novia, solo no ocultes tus sentimientos.

—Pero si ustedes lo saben —murmuré—. No es secreto de nadie.
Jacob negó con la cabeza, derrotado. Amelia golpeó su frente con la palma y me miró frustrada.

—No es por él —chilló—, es por ti.




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