Ginny observaba a escondidas de nuevo a Álex.
Él siempre estaba tranquilo, con un bolígrafo en la mano, aunque no llevara papel.
Algún día se lo quería preguntar, pero le era más fácil encontrar un motivo para no hacerlo.
Apenas llevaba en ese instituto desde septiembre, y todos se conocían del colegio. Ella, en cambio, había ido al colegio privado al que fueron sus padres, y sus tíos, y sus abuelos, y sus primos...
—¿Te vas a acercar o no?
Gabriela la asustó.
—¿Y tú a Henry?
—No compares, Ginny. A ti te gusta Álex y yo con Henry no tengo más que la dirección en común.
Ginny bufó como un gato.
—No le quiero molestar.
—Vamos a las gradas y nos ponemos cerca, así daremos pie a que sea él quien se acerque, ¿te parece buena idea?
Ginny dirigió la vista hacia esa zona del patio y se dio cuenta de que Álex observaba a Henry jugar al baloncesto. Sonrió.
—Vale.
Llegaron y se sentaron en la grada más baja, con cuidado de no mancharse la falda del uniforme escolar.
—¿Yo me puedo sentar?
Ginny y Gabriela se giraron hacia la voz; era una chica asiática, de ojos marrones y corte bob, que lucía un uniforme de chaleco marino y falda gris, a diferencia del uniforme purpúreo y crema del instituto Valdés Franco en el que estaban.
—Eras Lin, ¿verdad? —preguntó Gabriela.
—Sí. —Afirmó, corroborándolo con la cabeza lentamente.
—Hola —Ginny extendió la mano—, yo soy Ginny y ella es Gaby.
—¿Vienes a las gradas para ver a alguien en particular? —Fue directa al grano.
Lin se sonrojó y negó con vehemencia.
—Yo no quiero estar sola, y Ginny y Gaby parecen chicas buenas.
Se miraron entre ellas y después a la alumna oriental.
—Pues eres bienvenida, Lin.
Ginny y Gaby acogieron a la alumna china de intercambio como una más. Al parecer, hubiera sido un intercambio del curso anterior, pero por problemas en la solicitud, hubo que retrasarlo.
—Es que este año, el intercambio de alumnos es con Japón. —Informó Gaby—. En mi clase de naturales hay dos chicos llamados Tsuki e Hiro.
La conversación había sido tan amena que todos se levantaban o caminaban para ir a clase.
—No nos hemos dado cuenta del timbre. —comentó Ginny al levantarse y sacudirse la falda del uniforme.
Aceleraron la marcha hasta unirse al grupo general de alumnos. Álex estaba con un grupo de chicos de un curso superior, sin prestarles mucha atención.
—¿Visteis la jugada que hizo el otro día? —comentaba un chico con el pelo largo, negro y escaso.
—Ese movimiento fue muy random, fue pura potra. —Respondió un chico con mechas blancas.
Las chicas pudieron observar la nuca de Álex moverse con la intención de escuchar la conversación de los otros chicos.
—¿Crees que el "Georgino" lo haría mejor? —saltó un tercero—. ¡Pero si su juego es vintage!, ¡Está out!
Ginny y Gaby se miraron con incomodidad.
—Hay gente desconocida que puede jugar mejor que todos juntos. —Álex elevó la voz, sorprendido de opinar en voz alta, pero con convicción de su afirmación.
Los chicos se dieron la vuelta, aun estando al pie de las escaleras para acceder a su clase.
—¡El zanahorio sabe hablar! —comentó el de mechas.
—¿En serio crees que hay alguien que pueda jugar mejor? —invadió el moreno de pelo largo.
Álex dio un paso atrás; se acababa de dar cuenta de que lo había dicho en voz alta. Tragó saliva y se enderezó.
—En el Valdés Franco hay alguien que es mejor que Alves y Piqué defendiendo, y mejor que Torres regateando.
Los tres se pusieron a debatir si se referían a alguno de ellos y Álex aprovechó para rodearlos, subir las escaleras y acudir a clase.
Ginny, Gaby y Lin habían alcanzado al pelirrojo y se pusieron a su vera.
Ya estaban las tres chicas y Álex a distintas alturas de la escalera, cuando al chico mayor, con mechas en el pelo, le llamó la atención.
—¿Por cuál de los tres lo dices, pelirrojo?
Álex se dio cuenta de que Ginny estaba en las escaleras, al pie de las suyas, y se colocó las gafas. Sonrió con un leve sonrojo que los mayores no percataron.
—Tú corres dando zancadas como un pato —se cruzó de brazos—. Él quiere presumir tanto con los toques, que le quitan el balón en todo momento; y el alumno que está detrás de vosotros —miraba directamente al fan de Cristiano Ronaldo— es demasiado lento hasta para estarse quieto de portero.
Se miraron entre ellos; al parecer opinaban lo mismo que el pequeño, pero eso no les satisfizo.
—¿Y de quién hablas, so listo? —exigió el último aludido—, porque si no somos ni Teo, ni Leo, ni yo... ¿Quién juega mejor que nosotros?
—¡Ginny! —Se mostró seguro, aunque tenía los puños cerrados y presionados.
Ella le miró atónita. Gaby y Lin la observaban a ella, al igual que Álex.
—¿Quién es Ginny? —preguntó el moreno.
Los cuatro adolescentes más jóvenes intentaron seguir con su camino.
—¿Hay algún Ginny en este instituto? —replicó el adolescente con mechas en el pelo.
—Ella es Ginny. —Álex se giró y señaló en su dirección. Todos en la escalera la observaban—. Y es mejor jugadora de fútbol que vosotros, mil veces mejor.
Se sintió atacada la primera vez que conseguía hablar con él por algo que no tuviera relación con las clases y era para reclamarle una metedura de pata.
—¿Fútbol? —empezó a excusarse Ginny—, nunca he jugado a eso.
—¡Hasta Kiko Rivera jugaría mejor que una chica, zanahorio! —El de mechas en el pelo hizo el movimiento de explosión con las manos desde sus sienes—. ¡Y es un boomer gordo, idiota!
—Nuestra selección española de fútbol femenino ha ganado el Mundial de dos mil veintitrés —replicó Álex, amarrando el manillar de la puerta para entrar.
—Las españolas serán las mejores, pero siguen siendo chicas, enano. —Inquirió el de pelo largo.
Álex abrió la puerta, agarró a Ginny de la muñeca y corrió hacia el interior. Gaby y Lin fueron detrás con la ligereza de quien había entendido su movimiento antes que el propio chico. Gaby cerró la puerta tras de sí.
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Editado: 25.04.2026