Football Girlike

Dorsal 1 de Misa Rodríguez: Con razones para mirarla.

Ginny tiró del amarre.
—Álex, ¿qué haces?
La soltó, avergonzado.
—Huir de los bullies.
—Leo, Teo y Rei no me preocupan.
Gaby y Lin se enderezan; él lo hace inmediatamente después.
—¿Ah, no? —Era bastante chocante.
—Los conozco desde hace años. Digo lo del fútbol.
La bajita se puso en medio.
—¡Eso!, ¿por qué has dicho que Ginny es mejor en fútbol que ellos?
—Porque lo es.
—¡Yo nunca he jugado al fútbol, Álex! —intervino Ginny de nuevo.
—Porque no te lo has propuesto, pero les das mil vueltas a ellos. —Álex quería dar sus motivos, pero le costaba hacerlo sin descubrirse.
—¿Ginny es veloz como gacela y ágil como conejo? —Lin aclaró la situación como si fuese ella misma la traductora.
—¡Sí, exacto, eso es! —exclamó Álex con gratitud.
—¡Mira qué listo, con aptitudes independientes no se puede demostrar nada, pelirrojo! —increpó Gaby.
Ginny se echó las manos a la cara.
—Les tendré que pedir disculpas, y eso no ayudará a sus padres a educarlos para que dejen de acosar a los demás.
Su amiga se volteó hacia ella.
—¿De qué tipo de relación estamos hablando? —se acercó, inclinándose hacia ella, con acusación en su mirada.
A Álex tampoco le gustó nada que Ginny hablara de los bullys con tanta confianza.
—¿De qué los conoces?
—Son mi salvaguarda. —Se encogió de hombros, para quitarse importancia—. Estaría estudiando en La Salle si no hubiera sido por ellos. Es solo que sus padres trabajan para el mío, y me dejó venir a un instituto público si les informaba periódicamente a los cuatro padres sobre los tres matones.
Gabriela se enderezó con el júbilo de quien acaba de descubrir que tiene la mano ganadora.
—Entonces el instituto está a salvo de su acoso mientras tú estés en él; eso es genial.
—No, ya no. —Ginny frunció el ceño, le miraba directamente a él con algo de acusación—. Ahora que se han percatado de mi existencia, pueden… ¡Seguro que se darán cuenta de que yo soy el topo!
—Perdón, no tenía ni idea. —Se disculpó Álex.
—¿Y no se puede arreglar? —Gaby torció la boca tras decirlo.
—Demuestra que Álex tiene razón. —Sugirió Lin, sin inmutarse.
—¡No es tan fácil, guapa, no sé jugar al fútbol! —expresó Ginny.
Gaby se dirigió a Álex.
—¿Cómo de seguro estás, pelirrojo?
—¿De las capacidades de Ginny, dices? —Mostraba determinación en su afirmación—, ¡por completo!
Ginny infló sus carrillos y miró para otro lado.
—Sigo insistiendo en que no sé jugar al fútbol y me has metido en un lío por decírselo a los bullys.
Un chico muy alto, de cabello tazón chocolate alborotado, se paró detrás de Álex.
—¿Qué problema hay con el fútbol? —intervino el chico.
Gaby sonrió, Lin levantó la vista con curiosidad, Ginny resopló y Álex dio un respingo.
—¡Kike, qué susto!
—¿El otro día hablabas de Ginny? —Kike le revolvió el pelo al pelirrojo—. Yo os puedo ayudar.
—No te ofendas, pero tú practicas baloncesto. —Soltó entre risas Gaby.
—¿Te recuerdo que mi padre estuvo en el mismo colegio que la mitad de la cantera del Barcelona?
La chica le dio un cariñoso y ligero puñetazo en la pulsera de cuero que llevaba él en la muñeca, a juego con la suya. Le sacó la lengua.
—¿Y tú qué ganas con ayudarme? —Ginny le miró de reojo; entendía la confianza que tenían su amiga y Kike, pero dudaba que su juego en baloncesto le sirviera para el fútbol.
—Es que no te ayudo a ti solamente, Ginny; ayudo al grupo. —Kike se cruzó de brazos—. A mis amigos Álex y Gaby, sobre todo.
Álex no le consideraba amigo; como mucho, buen compañero agradable, y era exagerar. Pero si eso servía para convencer a Ginny, no lo iba a desaprovechar.
—Creo que eso servirá para que los abusones dejen de serlo, y además, sin meter a los padres más de lo necesario. —Gaby aplaudía con las yemas de los dedos para no armar alboroto.
—¿No os dais cuenta de que estáis contando conmigo sin tenerme en cuenta? —Ginny desarmó el grupito que se había formado a su alrededor con un par de pasos y ademanes de ir a clase—. ¡Conmigo no contéis!
Caminó los veinticinco metros que había hasta la puerta de clase con Gaby pisándole los talones.
La rubia de ojos caídos entró primero y la bajita morena y contestona, con un leve movimiento de cabeza, se disculpó y la siguió.
—Veo cómo se mueve en educación física y es perfecta para fútbol —Álex resopló con resignación—. Zigzaguea, corre, frena, esquiva, salta…
—Te gusta. —Kike debía de creer que decía alguna obviedad.
—Esa es mi razón para mirarla. Analizarla y descubrir su talento vino después. —Álex le miró directamente a la cara—. ¿Desde cuándo somos tú y yo tan amigos, Kike?
—Solo hablo de cosas que no son baloncesto si es contigo o con Gaby.
—¡Porque somos compañeros de pupitre, caray! —se sorprendió de lo que pasó por su mente—. ¿Con los demás solo hablas de baloncesto?
—Sí.
—¿Y con Gabriela Fuentes, por qué también tienes esa confianza?
—Somos vecinos y nos conocemos desde siempre. —Kike se encogió de hombros, miraba hacia otro lado, pero se le sonrojaron un poco las mejillas.
Álex se enderezó al darse cuenta de ello y sonrió.
—Me gustaría que Ginny probara el fútbol, aunque sea solo una vez, ¿crees que me podrías ayudar con eso?
—Eso es mío. —Lin les interrumpió.
Los chicos se asustaron al percatarse de su presencia.
—¿Pero tú no te habías ido con ellas? —Álex se agarraba el pecho, que le iba desbocado.
—No. —Mostró una pequeña sonrisa juguetona de alguien que ha leído entre líneas—. Pero yo guardo las flechas como un tesoro. Vuestro amor está a salvo conmigo, que yo no soy ningún Zhuozi Gui.
La chica los apartó y se dirigió a clase.
Oyeron los pasos de la profesora acercarse y corrieron tras Lin para entrar también en clase.
Se miraron entre ellos por un momento, justo antes de pasar el arco. Compartían un secreto; al final, sí que iban a ser tan amigos, después de todo.




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