Football Girlike

4: Dorsal 2 de Ona Batlle: Ojalá se viera como yo la veo.

Álex y los demás intentaron seguir a Ginny, pero se les escapó de lo rápida que era.
Kike regresó a clase para recoger su mochila.
—¡Antes de alcanzarla, he visto algo peor!
—¿A qué te refieres? —se preocupó Álex.
—Leo, Teo y Rei estaban esperando en el patio. Lo he visto por la ventana del pasillo.
Álex se echó su macuto al hombro y se adelantó.
—¿Por qué no me habré estado calladito como siempre?
—¡Álex, voy contigo! —oyó que le gritaba Gaby.
—¡Yo la metí en esto, Gaby, yo la tengo que sacar!
La inercia y su foco hicieron que atropellara a un chico de otra clase.
—¿Álex, dónde vas tan corriendo?
Lo reconoció; era el vecino que vivía enfrente. Rubio platino, ojos grises y con la mano muy proclive a sacar el móvil para hacer fotos.
—¡Emilio, perdona, Ginny me necesita!
Siguió corriendo las dos plantas de escaleras y llegó a diez metros de ella, donde los bullies ya la estaban acosando.
Empezó a escuchar cosas en ella que no le cuadraban, justo cuando Gaby, Kike y la pelirroja le alcanzaron.
—¿Por qué no le echamos una mano? —preguntó Kike.
Álex se volvió.
—Parece que no le hace falta. Pero ella no es así; Ginny es taimada y no llama la atención.
—Tienes razón —Gaby se encogió detrás de él—, se comporta como lo haría yo. —Se enderezó y ladeó la cabeza, contrariada—. ¿Soy así de kamikaze?
—Creo que en eso reside tu fuerza, pequeñaja. —La broncas había intentado ser cordial de manera muy torpe.
—Ya sé que soy más bajita que tú, Irina, no hace falta que me lo digas porque no me gusta.
—¿Por qué? A Kike le dejas y es más alto que yo.
—¿Perdona? —preguntó el aludido.
—Porque le conozco desde siempre, obvio. —La respondió Gaby.
—¡Ginny se va! —Álex les llamó la atención.
Todos miraron cómo Ginny se montaba en un coche y se derrumbaba al cerrar la puerta trasera.
—¡Estaba fingiendo! —entonó Irina.
Los otros tres la miraron con sorpresa.
—¿Fingiendo? —Aparecieron detrás de ellos la risueña reportera y Emilio—. ¿Quién decís que se merece un Óscar?
—Yo lo escucho todo. —Lin apareció por el flanco contrario, asustándoles a todos a la vez.
—¿Otra vez igual, Lin? —se quejó Álex.
—¿La china siempre hace lo mismo? —preguntó Irina.
Gaby sonrió.
—Eso parece. —dijo.
—Soy de Pekín. —Lin se inclinó de manera cortés. Al elevarse mostraba una sonrisa tan amable que les desconcertó hasta dar grima.
—Vale, eso sí que no me lo esperaba. —La risueña oteó a cada uno del grupo buscando a alguien en concreto—. ¿Puede alguien decirme dónde está Ginny?
Álex, Irina y Kike señalaron la dirección en la que se había alejado el coche. Gaby, sin embargo, frunció el ceño con una mirada acusatoria hacia Álex.
—Se ha ido a su casa en coche. —contestó por todos, algo presionada por ser la única en reaccionar distinto.
—Quería hacerle preguntas para el semanal del instituto.
Álex y Gaby se miraron, incómodos.
—No. —Respondieron a la vez.
—¡Oh, venga! —sacó bolígrafo y cuaderno—, ¡es una buena noticia para llevar en la revista!
—¡Julia, espera un momento! —Emilio se acopló a la conversación—. ¿Por qué no documentamos todo, sin llevarlo al papel?
—¡Estarás de broma!
—No, Julia; solo piensa en lo que implica una simple entrevista frente a un reportaje en condiciones como las de los periódicos de verdad.
—¡Alto ahí, Emilio! —le paró Álex—. ¿Sabéis de lo que está hablando el otro?
—De la proeza que va a conseguir Ginny, ¿no?
El pelirrojo se quedó blanco de sopetón.
—¿Cómo te has enterado? —Gaby intentó dirigir la conversación.
—Me lo ha dicho Julia, obvio. —Emilio se encogió de hombros, aunque reparó en Irina y se puso nervioso de repente—. ¡Solo somos compañeros de profesión, no hay nada más, lo juro!
Julia rodó la vista, con cansancio.
—Pues vale. —Respondió Irina con condescendencia.
El ambiente se había quedado raro, para todos menos Irina, Kike y Lin.
—¿Queréis que intentemos probar algo mañana? —Gaby rompió el silencio—. Hay un descampado detrás de mi casa en el que podemos practicar.
—No es por fastidiar, Gaby, pero creo que nos olvidamos de lo más importante. —Corrigió Álex, pensando en el eje de todo el lío montado.
—Ginny, lo sé. Pero hay que preparar todo antes. ¿Quién está conmigo? —Adelantó la mano.
—Yo vivo al lado; el Paletódromo será nuestra cancha de entrenamiento. —Kike también puso su mano sobre la de Gaby.
—Yo voy. —Lin fue la siguiente.
Irina también se unió, seguida de Emilio y Julia.
Álex fue un poco reticente, pero al ver a su compañero de pupitre y a la mejor amiga de Ginny tan convencidos, también acabó sucumbiendo al grupo.
Gaby sonrió con orgullo, contagiándolo al resto. Bajó un poco la mano y, con la energía que la caracteriza, la elevó con convicción.
—¡Football Girlike! —gritó.
—¡Football Girlike! —respondieron los demás.
—Yo tengo balones en casa, no hay problema con la herramienta. —Kike levantó las manos, intentando sonar vencido a duras penas.
—¿Y Ginny cómo va a acudir? —Álex, siempre focalizando sus prioridades—. Preparar su grupo de apoyo sin ella es un poco absurdo, ¿no creéis?
—¡Eso lo hago yo! —Se ofreció Lin de nuevo.
Gaby la miró desde los doce centímetros que la sobrepasaba.
—Yo soy la única que tiene su número y sabe dónde vive, graciosa. —Atacó con sarcasmo.
—Pero yo soy un buen motivo para que Ginny salga de casa. —Sentenció con una sonrisa.
Todos se miraron.
—Explícate. —Pidió Álex.
—Tener amigos en Pekín siempre es buena idea, ¿verdad?
Gaby no consiguió replicar con nada convincente. Kike se cruzó de brazos, sonriendo. Álex se mostraba algo preocupado, pero por cómo estaban creciendo las cosas. Julia y Emilio se fueron de inmediato, concertando detalles mientras se alejaban. Irina se quedó algo extrañada.
—Supongo que iréis juntas a casa de Ginny. ¿Puedo acompañaros? —Mostró genuino interés.
—¿Quieres acompañarnos al casoplón de los Flintstone? —se extrañó Gaby—. ¿Para qué?
—¿Os digo la verdad? Es para no perderme. Lo suelo hacer a menudo.
Gaby rodó los ojos.
Álex creyó, de repente, que tener a Irina en el grupo, con su altura y sus rudas maneras, podía ser una seguridad añadida para Ginny.
—Yo estoy de acuerdo. —Sentenció.




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