Ginny hizo los deberes nada más llegar a casa. Revisar la vida de la autora de Lo que el viento se llevó y escribir una redacción con la influencia de su vida en el libro le pareció fácil. Matemáticas, ciencias sociales e historia también se le pasaron volando.
Era buena en La Salle. El Valdés Franco era muy bueno, pero la disciplina no la tenía.
Cuando terminó, apenas iban a ser las ocho de la tarde.
Al mirar la portada del libro de historia, se acordó del primer día de clase y de que Álex se tuvo que sentar con ella para compartir el libro porque la papelería aún no se lo había traído.
Desde el primer momento le pareció un chico sensible y más sensato que los demás. Así que cuando oyó su nombre en las escaleras, eso la descolocó.
¡Dichoso fútbol! Y con los hijos de los empleados de papá, no tuvo más remedio que envalentonarse como Gaby y darle la vuelta a la situación para ganar tiempo. Ganó seis meses, pero justo lo necesario para no dejar el curso a medias.
Y fue pensando en Álex y su convicción que le dio por investigar el deporte en sí.
Leyó sobre los orígenes del fútbol. Desde Pelé a Llamal, pasó por Maradona y Messi hasta los dos Ronaldos.
Y entre fichas de jugadores, el estómago le rugió.
Al mirar la hora, se sorprendió de que ya fueran las once de la noche. ¿Cómo podía haber ignorado ese deporte por ser tan popular entre la gente común? ¡Eso tenía que arreglarse!
Iba a salir de su habitación para cenar y reparó en que tenía el móvil en silencio. Al descubrirlo, vio que había cinco llamadas perdidas de Gaby y había creado un grupo de mensajes en la aplicación del móvil.
—Gaby te ha añadido a un grupo, ¿aceptar? —leyó en alto—. ¡Por supuesto!
Botón verde, voltear el móvil y ya lo vería luego.
Cuando subió a su habitación después, volvía a tener una llamada perdida de Gaby, más de treinta mensajes sin leer en el grupo y dos conversaciones nuevas de números que no tenía en la agenda.
Una eran advertencias de tipo amenazas, conversación que bloqueó.
La otra, al presentarse como Álex, casi se cae del susto. ¿En verdad era él?
Le temblaba el pulso cuando abrió la conversación.
"Me pareció muy valiente que te enfrentaras a los mayores tú sola, pero no lo estás y podríamos haberte apoyado entre todos, Gin".
Frunció el ceño, la cara se encendió de manera súbita y le temblaban las manos.
Miró la manera en la que escribió su nombre: Gin. Los síntomas crecieron.
Recordó aquel primer contacto, cuando compartieron el libro. Como dio por hecho, al llamarse Virginia y resoplar en el primer "pasar lista", él la llamó Gin sin dudarlo y ella le corrigió con el nombre que todos usan.
Sólo él la llamaría así para demostrarle que era él mismo.
Pulsó el botón de dictado; la timidez no le provocó titubeos.
—Sabes que solo respondo ante Ginny.
El mensaje se envió.
"Espero que nos veamos mañana. Ya hablamos".
Era él, sin duda. Atreverse a decir algo grandioso, que suene como si fuera algo banal, y después quitarle la importancia que provocó.
Se acababa de dar cuenta de que Álex siempre actuaba así, desde la primera vez. ¡En las escaleras también lo hizo!
Se arrepintió inmediatamente de haberlo sentido como si estuviera alienado. Y sobre todo de haberle tratado de una manera tan seca en ese momento.
Volvió a leer el último mensaje de Álex y se extrañó.
Mañana, ¿qué ocurría mañana?
¡La otra conversación, por supuesto!
La abrió y una ristra de mensajes sin leer la hizo suspirar. Los pudo leer porque, al parecer, no había nuevos desde hace un rato.
Reconoció casi todos los nombres de la conversación. Estaban Gaby, Álex, Lin y Kike. Y a Irina y a Julia también las reconoció. Pero Emilio no sabía quién era.
Lo que pudo comprender por la conversación es que el semanal de instituto lo llevaban Julia y él sin ayuda.
También entendió que Gaby e Irina traerían a Lin a su casa para que la dejaran salir sus padres. Y que la propia Lin fue quien se ofreció.
Ante la lectura completada, y con el carácter tan elitista de su padre, puso los ojos en blanco y envió un sencillo "suerte".
Lin respondió con la palabra más extraña y acertada que podría decir una alumna de intercambio: "maña".
Tomó el móvil y lo bloqueó para no pulsar ningún botón. Se lo llevó al pecho con las dos manos, y con la idea de volver a ver a Álex y a Gaby al día siguiente, suspiró.
—Ojalá.
Se preparó para dormir y enchufó el teléfono. Y es con una leve sonrisa como se dejó vencer por el sueño.
Empezó el sábado con un subidón de energía. Esta vez podía intentar hablar con su padre sobre los tres estúpidos, ¡no lo había tenido en cuenta antes!
Al bajar a desayunar, encontró a sus padres y a su hermano ante la mesa. Con la cocinera haciendo tostadas francesas.
—Virginia, ¿qué avances han hecho Leonardo, Reinaldo y Teodoro?
Se notaba a kilómetros que al señor Flintstone no le hacía gracia tener a su primogénita en un centro de enseñanza pública.
—¿Me preguntas si ha variado algo desde la semana pasada? —preguntó con tono neutro—. Igual de machistas.
El padre dejó su taza de café humeante con seriedad sobre la mesa.
—¿Machistas? —El hombre alzó una ceja—. ¿Su acoso se ha agudizado hacia las niñas?
Al hombre le debió parecer un paso atrás en los planes que tenía. Ginny sonrió con disculpa y prefirió narrar lo ocurrido en el recreo del viernes.
—En mi clase hay un chico muy observador... —empezó.
Su padre clavó la mirada en ella, poniendo toda su atención.
—Virginia, si se han metido con él, no entiendo por qué les llamas machistas ahora y no acosadores como antes.
—Alejandro ha asegurado que yo juego mejor al fútbol que ellos tres.
—¡Ese juego tan vulgar! —intervino la madre.
Su marido la chistó para que dejara a la chica hablar.
—¿Saben de tu tapadera? —cuestionó con preocupación.
—He ganado tiempo retándoles a un partido a final de curso. —Se mordió el labio, pues quizás había dado demasiada información a su padre—. ¿Crees que he hecho bien?
El hombre se irguió en su silla y esbozó lentamente una sonrisa.
—Eres aún más estratega de lo que yo esperaba, Virginia. —Soltó la taza y entrelazó sus manos con orgullo—. Si tu compañero Alejandro es tan observador, y si resulta que tiene razón, habremos ganado posiciones en un futuro para que seas su jefa cuando heredes la empresa.
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Editado: 21.09.2026