Footprints

Capítulo 12

Seguían pasando los primeros días de octubre y no iba a mentir, lo único que había en mi cabeza eran preocupaciones, pensamientos pesados e intrusivos, y las ganas de volver a ver a Miles. Por suerte venía hoy. ¡Llegaba hoy!

Estaba muy emocionada y estas dos últimas semanas habían sido suficientes para que me quedase claro que ese tiempo no era ni la mitad de suficiente para aclarar mis ideas en cuanto a él.

Lo que sí tenía claro era que, aunque no fuera a pasar nada entre nosotros, nada fuera de nuestra amistad, no iba dejar que esta terminara. Así que dejaría que todo siguiera siendo así. Solo éramos dos amigos. Punto. Era lo mejor. Lo más fácil. Y lo adecuado.

Golpeaba con agitación la goma de mi lápiz sobre la mesa, sin apenas hacer ruido. Me reñí mentalmente y traté de prestar atención a la clase de biología. No solo me distraía por lo aburridos y liosos que eran los conceptos, sino también porque mi culo estaba demasiado acartonado por el taburete en el que estaba sentada.

—Bien. El trabajo se hará por parejas y las haré yo por orden alfabético. No quiero complicaciones. Vais a tener que prepararlo y exponerlo en dos semanas. Este trabajo junto a los demás que haremos tendrán un valor muy alto en la nota final del semestre. —Agarró un papel de su mesa, deduje que la lista—. Kamila Abraham y Janeth Adams; Butler Anderson y…

Exhalé en silencio, girando los ojos con gran desilusión.

Cada vez que me asignaban un compañero la palabra que describiese algo así era incómodo. Muy incómodo. Daba igual con quien fuera o que asignatura fuese, siempre era lo mismo.

Solo se hablaba lo necesario, lo que tuviese que ver con el trabajo. Siempre intentaba hacer mi parte lo mejor que podía ya que si llegábamos a fallar en algo tenía la manía de culparme a mí. Odiaba los trabajos que no fueran individuales. Bueno, y esos también.

—Jack Martin y Vanessa Miller; Irene Moore y…

Posé un codo en la mesa y descansé mi cabeza. Bueno, solo esperaba que me tocase con alguien amigable. Los nombres siguieron saliendo de su boca sin descanso.

—Grace Rivers y…—Puse mis ojos de inmediato en el profesor, pendiente de su próximo nombre—… Myrcella Roberts.

¿Qué? ¡No!

Me puse recta de inmediato. No, no, no y no. No podía hacer un trabajo con Myrcella, por dios. Ya bastante me costaba aguantarla en las clases de gimnasia. Aquí siempre me limitaba a ignorarla y ¿ahora debía estar dos semanas con ella trabajando en un proyecto?

No sé por qué no paraba de decir «no» en mi cabeza. Sabía que no estaba en mi mano cambiar de compañero, pero por la cara que me estaba poniendo al otro lado del aula dejaba muy claro que a ella tampoco le hacía ilusión tenerme como pareja.

—Leed artículos e investigad el tema juntos. Informaros bien y tratad los temas apropiadamente, por favor.

La gente comenzó a moverse, creando bullicio e intercambiando sitios, y como yo siempre estaba sola Myrcella solo tuvo que venir hacia mí; con paso lento y desencantado. Sus labios seguían fruncidos. Joder, no era agradable ver algo así. Aunque, puede que mi cara estuviese igual y que ella estuviese pensando lo mismo.

Se sentó de mala manera en el asiento izquierdo. Dejó su mochila en la mesa, una repleta con sellos deportivos de colores, y me miró sin pestañear. Definitivamente, no estaba contenta de ser mi compañera.

—Hay que trabajar duro. No quiero sacar mala nota por tu culpa.

Le sonreí falsamente.

—Me has quitado las palabras de la boca.

Ella me devolvió el gesto. Estuvimos a punto de iniciar la investigación sobre el tema de este año; la educación sexual, pero el timbre sonó salvándome. Mi nueva compañera se marchó despidiéndose por lo bajo, mientras yo me quedaba y hundía la cabeza en la mesa.

Gruñí y me erguí al instante. Me había dejado caer con tanta fuerza que uno de los muchos granitos que tenía en la frente y al que había pegado en la dura mesa, me hizo sentir un dolor insoportable. Froté mi frente, y al flequillo que solía tapar esos puntitos, para después suspirar.

Sí, sin duda no tenía buena suerte.

—¿Por qué crees que algunos tratan mal a las personas? —pregunté encogiendo mis piernas y acurrucándome en mi pequeña butaca.

Él se paró a discurrirlo ya que vi como movía la mandíbula, vacilante.

—No lo sé… Supongo que necesitan hacerlo, aunque eso no quita que sea algo terrible.

—¿Y si son aquellos que simplemente muestran que les caes mal sin haberles hecho nada?

Se encogió de hombros mientras se apoyaba en la barandilla de mi terraza.

—Envidia, tal vez. O una mala impresión.

Y aquí estábamos de nuevo; compartiendo tiempo con otras de nuestras conversaciones sobre cualquier cosa que se nos venía a la mente. Esas en las que cada uno quería saber la opinión del otro. Hoy deseaba saber la suya sobre este tema.

Todo el asunto de Myrcella y la gente del instituto me había empujado a querer saber lo que pensaba. Solía evitar hablar de esto con él. Prefería charlar de algo que no me hiciese sentir apenada o demasiado pensativa. Sin embargo, hoy me veía con fuerzas como para comentarlo.

El hecho de que no hablásemos específicamente de nosotros la mayor parte del tiempo no significaba que nuestra amistad fuera menos. Siendo alguien que detestaba la realidad, todo lo que había en ella y lo que me causaba; hablar de cosas sin más eran la mejor cura para un día lleno de pensamientos reales y agotadores.

Intuía que él pensaba como yo.

Eran las seis de la tarde. Miles había llegado hace una hora y se le veía cansado. Valoré que se hubiese tomado su tiempo para pasar por aquí. Llevaba el pelo revuelto y desaliñado e iba vestido de manera informal y cómoda.

Yo me encontraba casi igual que él. Agotada como de costumbre por el instituto y vestida con un chándal gordo y ancho. Mi pelo estaba igual de dejado al estar atado en una coleta mal hecha y dejando mechones sueltos repartidos a los perfiles de mi cara.




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