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¿Casualidades o provocaciones?
Los sucesos extraños siempre tienen un por qué.
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Septiembre 01, 2024
El fin de las vacaciones llegó más pronto de lo esperado.
Los gemelos se han vuelto parte vital de mi estadía en la Columbia Británica. Los días los mantenemos ocupados saliendo de vez en cuando o simplemente disfrutando de la ociosidad en la casa de los chicos.
Por las mañanas trabajo en una linda cafetería en la zona suburbana de Lynn Creek, al sur del castillo. La dueña del café, Rousse, una amable y dulce señora de sesenta y cinco años, me ofreció el puesto sin chistar. Decía tener buen ojo para las personas, y que estaba demás decir que yo le daba buena espina, eso y mi perfil de trabajo.
Debido a mi ajetreado horario universitario, me dio la opción de permanecer trabajando junto con ella medio tiempo, en lugar de renunciar. Así ganábamos ambas, ella no se quedaba sin empleada y yo no me quedaba sin ingresos extras.
Hoy, como ya es costumbre, me encontraba en casa de las copias, mañana iniciarán las clases y tuvimos la fantástica idea de hacer una "pijamada".
— Tengo hambre.
— Ya casi está listo, cállate.
— Llevas como dos horas preparando de comer —se quejó por milésima vez.
— Pásame la sal.
Me paso el frasco de mala gana.
— Matthew, déjala en paz —reprendió con tono monótono.
— Gracias, mamá Grace.
— De nada corazón —me lanzó un beso sin despegar la vista de su móvil.
Al terminar de servir, Matt no tardó ni diez minutos, cuando ya iba por su segundo plato. La mayoría de las veces que nos juntamos a mi me toca preparar de comer.
Me sentía bastante cómoda estando con ellos, su amistad era muy sincera y reconfortante, al igual que yo, en diversas ocasiones tuvieron malas experiencias con antiguas amistades, más Grace.
Mi tendencia a alejar a las personas y excluirme se esfumó estando con ellos, en el corto tiempo que llevo conociéndolos me han mostrado una amistad sincera. Son muy atentos y su honestidad me resultó confortable, sus padres son geniales y bastante unidos, por lo que me he sentido como en casa desde que me abrieron las puertas de su hogar.
Aún no tengo el valor de contarles del pasado que me atormenta, en ocasiones he tenido el impulso de hablar de ello, sin embargo, es algo que me sobrepasa, me convencí a mi misma de ocultar cualquier atisbo de debilidad ante cualquier persona, me ha servido como una especie de armadura ante cualquier problema.
Mañana tendríamos nuestro primer día de clases, cada quien por su lado, excepto en la hora de descanso en la que coincidimos.
Mi estómago dolía sólo de pensar que mañana comenzaré, me pone los nervios de punta pensar en que pasaré cuatro años de mi vida estudiando lejos de casa.
Estos tres meses se han sentido como nada en comparación con lo que viene.
La tarde transcurrió tranquila, los chicos y yo la pasamos viendo películas. En instantes, Matt y yo peleamos como de costumbre y Grace haciéndola de mamá. Me gustaba molestarlo hablando en español, ya que no entendía ni una palabra y eso lo desesperaba.
Decidimos dormir todos en la habitación de Gracy, era amplia, cómoda y estaba mil veces más ordenada que la de su copia. Hablamos hasta que se hizo la medianoche, sobre temas triviales y que sería lo primero que haríamos mañana.
— Buenas noches, repetidos.
— Buenas noches, Anne.
— Buenas noches, manchas.
El muy idiota me pone apodos raros cada que se le ocurre por las pecas de mi rostro, algunos son graciosos y otros dan pena.
Cerré los ojos con una sonrisa en mi rostro y poco a poco el sueño llegó a mi.
...
Caminaba por un túnel rocoso, que lentamente iba tomando forma con paredes de ladrillo y un arco bien formado al final, la luz al otro lado cegaba mis ojos, impidiéndome distinguir cualquier forma allá afuera. La tierra suelta bajo mis pies crujía con cada paso, mi pulso era elevado y mi cuerpo sudaba.
Comenzaba a distinguir algo de vegetación al otro lado, antes de poder llegar al final todo se tornó oscuridad.
...
Otra vez ese sueño.
Desde que pase la primera noche en el castillo, he tenido sueños extraños, además de las pesadillas habituales. Jamás logro pasar de ese túnel. Al principio le reste importancia, pero se volvió constante, como si fuera más un recuerdo que un sueño, siempre despertaba igual, con una presión en el pecho y un ligero mareo.
Cada sueño que tengo, lo escribo en una libreta. El sueño en el túnel no ha sido el único, pero sí el más frecuente, he soñado con una extraña máquina y un objeto pequeño, pero no logro recordar mucho al despertar.
La libreta me la regaló la nonna al cumplir los catorce, jamás la usé, hasta ahora. La cubierta es de piel, con hojas cosidas al lomo, algo así como un diario antiguo.