Forgotten

VII. Recuerdos cruzados

—>§<—

"El ser humano tiene una gran capacidad de retención, pero un evento traumático puede alterar todos sus recuerdos y cambiar las cosas como las conoce, pero ¿y si esos recuerdos son alterados por una fuerza externa al trauma?"

—>§<—

El miedo es la emoción que nos mantiene alertas al peligro real o imaginario, y en ocasiones nos salva del mismo o nos paraliza, pudiendo costarnos la vida o la de los demás… por culpa nuestra.

Aquello no dejaba de rondar por mi cabeza, provocando ese detestable insomnio. Me mantenía alerta e incapaz de cerrar tan siquiera los ojos; mientras los chicos descansaban apaciblemente sobre las camas, yo hace rato que permanezco en este pequeño sillón, alternando la vista de vez en cuando de la puerta a los chicos, en un intento de mantenerme atenta a cualquier atisbo peligro.

La incertidumbre y el sobre pensar me mantuvieron en vela, la atmósfera de mi habitación se percibía densa, como si en cualquier momento alguien pudiera cruzar por esa puerta de la cual no despegaba mis ojos, incluso en medio de las penumbras de mi habitación lograba distinguir la manija.

Mi mente cansada me jugaba una mala broma, en la cual esa puerta se abría mostrando el rostro de aquel caballero.

Mi pecho dolía con cada calada de aire, la espesura de la noche molestaba mis ardorosos ojos, el frío calaba en mis huesos como si pequeñas cuchillas atravesando mi piel hasta llegar a ellos, mi cuerpo tiritaba ligeramente, todo esto a pesar de llevar puesta ropa abrigadora y tener encendida la pequeña chimenea.

El sueño comenzaba a vencerme lentamente y poco antes del amanecer, el cansancio me forzó a cerrar los ojos. Mi subconsciente comenzó a revivir lo ocurrido el día anterior, los recuerdos se convirtieron en incómodas pesadillas; donde Killian no llegaba y nuestro encuentro con… Soren, se volvía en tragedia.

Tras aquellas incómodas imágenes, llegó otra aún más confusa, me encontraba corriendo en medio del bosque, huyendo, intentando encontrar un escondite con desespero y justo antes de siquiera saber porque huía, un ruido externo me hizo abrir los ojos.

Un intenso chillido estalló en mis tímpanos desorientándome por completo y mi mente se tornó en blanco.

El ruido comenzaba a subir unos cuantos decibeles.

Pero no era cualquier ruido.

Era una melodía. Repetitiva e incesante.

Era… ¿Mi teléfono?

¿Espera que…?

Es imposible… ¡¡Estaba hecho añicos!!

Lo observo con cierto temor y desconcierto absoluto, el sonido provoca una punzada de dolor junto a un terrible mareo, inevitablemente lleve una mano a mi cabeza y con la otra intento alcanzar el aparato para poder callar ese molesto sonido.

En la pantalla brillaba el nombre de mi mejor amiga: Grace.

El teléfono continuó sonando hasta que la llamada se cortó; a los pocos segundos volvió a timbrar. Parpadeé un par de veces, miré a mi alrededor en busca de los chicos, pero no estaban, la cama de enfrente yacía intacta, en mi cama únicamente permanecía mi agitada presencia.

Todo era tan confuso.

El aparato continuaba sonando con insistencia, me costaba procesar todo aquello y el estupido teléfono no me dejaba pensar con tranquilidad; irritada y tras una gran bocanada de aire atendí la llamada.

— ¿Hola? —Contesté extrañada.

¡Hola pecosa! —Una alegre Grace saludó al otro lado de la línea— ¿Te desperté?

Soltó una pequeña risa y de fondo, la voz masculina de Matt la reprendió por su imprudencia.

— No. No te preocupes. Igual ya tenía que levantarme.

— Pues si, conociéndote es raro para tí que te levantes casi al medio día.

— ¡¿COMO QUE MEDIO DÏA?! —Alce la voz con notoria sorpresa.

Solo pude oir como ella reía de nuevo, mis oídos volvieron a ensordecer y por instinto me puse de pie para carrera la cortina de la ventana, pero en el trayecto la sabana se enredó entre mis piernas y fui directo al suelo, el móvil salió volando de mi mano.

El golpe sonó seco y contundente, pero ni el dolor de la caída fue impedimento para que corriera hacia la ventana y comprobarlo, puesto que la oscuridad ocasionada por las pesadas cortinas impedían el paso de luz del exterior. El vitral de la ventana estaba algo empañado por el calor de mi habitación, abrí un poco la ventana y de inmediato una rafaga de aire helado golpeó con fuerza contra mi cuerpo, el día lucía en su totalidad nublado y gelido.

El frio calaba hasta los huesos y me hizo recordar que estaba en medio de una llamada. Con un movimiento ágil, alcance mi celular y lo lleve de nuevo a mi oído.

Hubiera sido más sencillo revisar la hora en el celular —reprendió mi conciencia.

¡¿Anne?! ¿Sigue ahí? ¿Holaaa?

— Si. Si, perdona. Me sorprendí tanto que… caí de la cama. —Giré sobre mis talones para ver el desastre ocasionado por mi torpeza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.