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"Los secretos pueden ser destructivos, el involucrar a terceros puede verse como un acto egoísta o como un grito de auxilio, viéndolo desde la perspectiva de donde se esté parado."
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Era horrible ver como poco a poco la ciudad sucumbía ante la inseguridad y la incertidumbre, afuera predominaba el silencio después de que él sol se ocultaba. Últimamente ha sido extraño salir a las calles, sin embargo mucha gente actúa con normalidad a pesar de las desapariciones.
Familias enteras se han desmoronado ante la desaparición de sus seres queridos, nueve jóvenes de entre quince y veinte años, nueve chicos con una vida normal y tranquila, nueve chicos con algo aparentemente en común, padecían de alguna enfermedad crónico-degenerativa, siendo más desgarradora sus desapariciones.
Los noticieros no paraban de hablar de ello. Brigadas completas de rescatistas se adentraban al bosque todos los días en su búsqueda, guiándose por los jóvenes que lograron regresar; una pista de ello fue la radiación que emitían ciertas zonas, extrañamente el rastro de radiación sólo los hacía caminar en círculos en una área delimitada con un radio de quince metros.
Al igual que esos nueve chicos, la desaparición de Chris continúa siendo un misterio. Desde ese entonces, la actitud de Matt ha cambiado notablemente, habla poco, evita a toda costa que entremos a su habitación, todo el tiempo está intolerante y siempre trata de evadir el tema sobre qué o quién pudo haber causado la desaparición de Chris, entre otras cosas.
Después de lo acontecido en el bosque, —pues estoy convencida de que en realidad sucedió— nada ha sido igual. El clima es más gélido, con tormentas de nieve nunca antes registradas; casi es imposible que podamos salir del castillo y cuando tengo la oportunidad, me quedo atrapada en alguna parte, ya sea la cafetería o la casa de los chicos.
Mi madre ha estado algo paranoica con lo de la tormenta, las noticias han recorrido el mundo sobre el crudo invierno que padecen los países nórdicos y cree que en Canadá es igual, y no se equivoca. Vuelos cancelados, carreteras obstruidas por la nieve y casas sepultadas por la nieve son las noticias del día.
Cada vez que hablamos no para de resaltar el hecho de que tenga cuidado, mi familia en general se preocupa por ello. Leandro y Lucca no paran de hacer referencia a la película “El día después de mañana”, creen que llegará a suceder algo así y cada que la señal vuelve, recibo decenas de mensajes de su parte, como por ejemplo: “¿Cómo sobrevivir ante una tormenta de nieve?” o “¿Qué hacer si quedo varado en medio de una tormenta de nieve?”, y mi favorita: “¿Cómo puedo defenderme ante un ataque de lobos hambrientos en medio del bosque?” con un video adjunto después de cada pregunta de la explicación que sus pequeñas mentes creen lógica.
Niccolò es el que parece más centrado respecto a todo esto, además, él está convencido de que no es para tanto, ya que el año entrante comenzará con los trámites para aplicar a la misma beca que yo, lo cual me tiene con los nervios de punta, mi extraña y certera intuición me dice que no será buena idea.
Por el momento, solo me queda enfrentarme con lo que pueda suceder mañana, puesto que, en ocasiones, pareciera que al despertar todo fuera diferente. Me he sentido con la desesperante sensación de hablar con el profesor Foster, ya que al ser mi tutor y consejero es viable contarle mis problemas, pero no se cual de todos sin terminar en algún psiquiátrico.
Por el momento solo me queda enfrentarme a la realidad de mis extrañas pesadillas.
…
Desperté sobresaltada, con el miedo todavía latente y el corazón hecho añicos por aquella sensación tan real.
De nuevo fue tan real para mí, que todo mi cuerpo parecia haberse sumergido bajo el agua, con la respracion agitada por los jadeos de desesperación y la vista desorbitada sin saber que puto enfocar, como si tratara de seguir viendo la misma imagen a través de otra realidad.
— ¡¡Anne!! —escuchaba a lo lejos.
— ¡¡¡JOHANNA REACCIONA!!!
Matt sacudía con fuerza mis hombros y yo solo lo miraba asustada. El pecho me dolía como si hubiera chocado contra algo sólido, mi rostro estaba empapado entre sudor y lágrimas que parecían brotar solas.
Tanto él como Gracy tenían una expresión de horror en sus rostros, ella estaba a punto de llorar y yo agradecía que fuera una pesadilla.
— ¡Tranquilos!, est... estoy bien —mi garganta quemaba y mi cabeza dolía mucho.
— ¡¿Cómo esperas que estemos tranquilos si te agarras gritando como loca?! —Gritó Matt—. ¡Y encima, sangrando de la nariz!
— ¿En... serio? —Llevé mi mano hasta mi rostro y las yemas de mis dedos se tiñeron de rojo. Grace me tendió un pañuelo, lo cual le agradecí.
Me sentía aturdida, incapaz de concentrarme por el horrible zumbido en mis oídos.
— Ya déjala Matt, a gritos no resolverás nada.
Se acercó a mí para inspeccionar mi rostro.
— ¿Quieres contarnos lo que soñaste? —Su tono de voz era suave, cargado de preocupación.
— Ni siquiera sé por dónde empezar.
Me esforcé en contarles, el recuerdo del sueño era casi nulo y muy confuso.