Forgotten

X. Respuestas.

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Nada es casualidad y no todo es como lo pensamos. A veces la verdad no está oculta, sino a simple vista.

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— Maldito Matteo.

Me queje desde mi cama, mientras refregaba mis manos por todo mi rostro.

Llevo varias noches sin poder dormir a causa de la incertidumbre. El suspenso en el que nos dejó Matt me está matando, al no terminar de contarnos lo que su amigo Chris le confesó. Justo en el momento que intentó explicarnos, su madre entró por la puerta principal llamándonos desesperadamente, al percatarse que nos encontrábamos bien rompió en llanto.

Resulta que en su guardia ocurrieron cosas extrañas; en medio de la noche ella atendía una cirugía importante y de mucho riesgo, en ese instante la red eléctrica fue suspendida tras un fuerte zumbido. La gente entró en pánico y ellos solo se preocuparon por mantener con vida al paciente; pero eso no fue lo peor.

A lo largo de los pasillos podía escucharse el pánico por doquier, los cristales del edificio estallaron, la gente entró en una especie de psicosis, tres personas desaparecieron en medio del caos.

El director del hospital, una de las enfermeras principales y la recepcionista.

Ella intentó llamarnos pero fue inútil, la señal colapsó y ningún auto encendía, su deber era quedarse hasta que se solucionara, sin embargo, su instinto maternal prevaleció y salió disparada del edificio tras escuchar que algunos jóvenes habían desaparecido después del incidente.

Su único medio de transporte fue una bicicleta que se encontró en el camino tras correr un par de manzanas. Sinceramente admiro el amor por sus hijos y el coraje que tomó para que su cuerpo atendiera a sus exigencias, ante la falta de sueño tras treinta y dos horas continuas, su cuerpo no dio más al momento que cruzó el umbral su cuerpo se derrumbó pero en su mirada cansada se mostraba el alivio.

Matt la cargó en brazos hasta su recamara y ambas lo seguimos, ese día me causó una sensación extraña ver su habitación y más cuando Gracy abrió la ventana para que el aire fresco entrara. Atendimos a su madre y nos rogó que no saliéramos ese día. Tal y como dijo permanecimos con ella en su casa.

Tras lo ocurrido esa noche Matt tomó la decisión de contarnos cuando las cosas estuvieran un poco calmadas, pero eso ha tardado más de tres semanas. El ambiente es denso, la universidad pronto reanudará clases la próxima semana, a pesar de lo ocurrido.

Me debatía si levantarme de la cama o seguir durmiendo, pero mi cuerpo necesitaba un baño urgentemente. El agua corriente logró bajar un poco el estrés y tensión que he acumulado estos días.

Al salir de la ducha me sentí mejor, pero eso se esfumo por un segundo al mirarme en el espejo, me ha costado mucho superar mi pasado y las marcas que dejo en mi; por una parte agradezco haber cambiado de aires, seguir viviendo en mi antiguo hogar era una tortura, cada cosa me recordaba a él.

Ayer creí que la pesadilla que tuve estaba relacionada a él, pidiéndome ayuda aun estando en otro lugar, pero no, el físico no era el mismo ni la altura, lo atribuí así porque suelo tener constantes pesadillas con ese fatídico día.

Como siempre largo un suspiro y me preparo mentalmente para dejar a un lado esos recuerdos.

Desde que comencé a vivir aquí mi estilo de vida cambió radicalmente, puedo decir que me he enfocado en mi bienestar, mi forma de vestir cambió, hago ejercicio, intento comer saludable, pues hay momentos en el que los estudios consumen bastante tiempo y suelo saltar comidas o comer comida rápida.

Pero al punto al que voy, es que he mejorado, deje de escuchar los prejuicios que mi propio subconsciente me atribuía, comprendí que hacer algo por mi no era ser egoísta o voluble, sino que era tener amor propio.

Lamentablemente esto lo aprendí cuando toque fondo, a pesar de eso mi madre siempre fue quien me recordaba todos los días lo bueno en mi, existía esa extraña sensación de no poder ser suficiente para los demás, ni para mi.

Pero como ya lo he mencionado, eso se acabó.

Mi teléfono comenzó a sonar y el contacto de Matt iluminó la pantalla.

—¡Hola Mauricio!

— ¿Cuándo comenzaste a llamarme por mi nombre?

— ¿No lo se? Eso siempre será un misterio.

Alargó un extraño quejido y contestó:

— ¿Crees que podamos vernos?

Sip. ¿A qué hora?

— Estoy en el castillo, vine a recoger unas cosas. ¿Te parece bien si nos vemos ahora?

— Ah... Si está bien, solo me termino de arreglar.

— Bien. Te espero en el estacionamiento.

— Bueno. Nos vemos «¡Adiós!»

— ¡Bye, manchas!

Sonreí al finalizar la llamada. Corrí hacia el ropero, siempre me daba la sensación de que al abrirlo encontrará un mundo totalmente nuevo y que pelearía contra extrañas criaturas, con mi brillante armadura y que él tiempo fuera relativo. Hoy tenía ganas de usar el pantalón gris que mamá me dio de cumpleaños, este era ceñido a la cintura y un poco holgado de las piernas.




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