Fecha: Sábado, 4 de diciembre de 2027
Hora: 8:30 AM
Un año entero había pasado desde aquella tarde helada en que caímos 3-2 ante el Grupo B. Doce meses en la Academia Mainward no eran simplemente trescientos sesenta y cinco días de calendario; eran un filtro implacable que transformaba niños con talento en atletas de alto rendimiento o enviaba de regreso a casa a los que no soportaban la presión.
El frío bonaerense de finales de año volvía a azotar las canchas de césped natural, pero la realidad era completamente distinta a la de mis primeros días. Yo ya no vestía el peto verde de los recién llegados del Grupo C. Ahora, en la parte izquierda de mi chaqueta deportiva brillaba el distintivo negro y dorado del Grupo A.
Había dejado de ser el chico de trece años que dependía de un chispazo de suerte para girar frente a centrales gigantes. Tras un año de entrenamiento con cargas de fuerza, lecturas tácticas intensivas y la disciplina de hierro aprendida en el barrio, mi cuerpo y mi visión de juego habían cambiado. A mis catorce años recién cumplidos, mantenía el centro de gravedad bajo y la explosividad en espacios cortos, pero mi lectura de cancha y mi capacidad para liderar el ataque me habían consolidado como el referente ofensivo del bloque principal.
Sin embargo, lo que realmente hacía especial este momento no era solo mi ascenso personal. La Academia Mainward, tras ver el impacto del título conseguido por Los Forjadores FC en el Estadio Cuscatlán y el informe técnico de los visores en El Salvador, había becado e incorporado a mis antiguos compañeros de equipo. Aquellos bichos con los que me crié entre el polvo de Soyapango y las carencias del barrio también habían cruzado el continente para pelear por su sueño, repartidos estratégicamente en los diferentes bloques de la academia:
Pablo y el "Chele" René (Grupo B): La dupla defensiva que blindó nuestro marco en el Cuscatlán. Pablo, con su garra infatigable, y el Chele, con su lectura limpia, se habían ganado a pulso un lugar en la zaga del Bloque B, aportando esa dureza física aprendida en los torneos libres de la calle.
Samuel y "El Flaco" Marcos (Grupo C): Mis hermanos del mediocampo. Samuel mantenía el pulmón e intensidad en la marca, mientras que Marcos seguía distribuyendo balones con la visión fina que nos dio el campeonato regional.
Carlos "El Zurdo" (Grupo D): El extremo encarador que no le teme al contacto, convertido ahora en la carta principal de ataque del Grupo D por la franja izquierda.
Ellos eran la razón por la que yo estaba aquí. Cada corrida, cada cobertura defensiva y cada pase que me dieron el año pasado en El Salvador fueron los peldaños que me impulsaron hasta el Grupo A.
En el comedor de la academia, me senté a la mesa principal junto a Bashira y Tiago. A los pocos minutos, Pablo y Samuel se acercaron con sus bandejas, vistiendo los uniformes del Grupo B y C respectivamente. Nos dimos un abrazo apretado, un choque de puños con sabor a barrio que rompió la rigidez del comedor.
—Mirá a este mae, ya anda la chaqueta dorada del Grupo A —bromeó Pablo, dándome un palmetazo en la espalda—. No te vayás a agrandar, Feng, que en la cancha te sigo conociendo las mañas desde que jugábamos en el pasaje.
—Ni se te ocurra meterte a mi área porque sabés que te voy a ir a trabar fuerte, como en el barrio —se rió Samuel, acomodándose en la banca.
—Ustedes me ayudaron a llegar hasta acá —respondí mirándolos con sinceridad—. Si no fuera por lo que sudamos juntos en Los Forjadores, ninguno de nosotros estaría vistiendo estos escudos hoy.
—Las planillas oficiales del torneo ya salieron en la pantalla del pasillo central —comentó Shiguiri, uniéndose a la mesa junto a Tiago y Bashira—. El Presidente y la directiva no van a hacer evaluaciones individuales este año. Van a jugar una Liga Completa Mainward.
—¿Una liga completa entre todos los grupos de la academia? —preguntó Tiago, dando un sorbo a su vaso de jugo.
—Así es —asintió Shiguiri—. Todos contra todos a una sola vuelta. Pero el margen de error es nulo: solo tres grupos clasificarán al final de la temporada para recibir los contratos y el cupo directo en la liga profesional de desarrollo europea. Los otros tres grupos serán desmantelados y sus jugadores reasignados o devueltos a sus países.
La noticia hizo ecos en todo el comedor. La presión ya no era individual; era de equipo. Para asegurar un boleto al profesionalismo, el grupo entero debía funcionar como una maquinaria perfecta. Eso significaba que en la cancha tendría que enfrentarme a mis propios hermanos de Los Forjadores: para que el Grupo A avanzara, tendríamos que superar la zaga de Pablo en el Grupo B, el mediocampo de Samuel en el C y los ataques del Zurdo en el D.
A las 11:00 AM, el DT Méndez nos reunió a los integrantes del Grupo A en la sala de estrategia. Frente a nosotros figuraban las fichas tácticas y las pantallas de scouting.
—Ustedes son el grupo de élite, la cara visible de Mainward —declaró Méndez con voz firme mientras recorría el salón con la mirada—. Pero para ganar la liga y quedarse con uno de los tres cupos profesionales, necesitamos profundidad en el banquillo y variantes tácticas.
Méndez presionó un botón en el control remoto y tres expedientes de los nuevos refuerzos asignados a nuestro bloque aparecieron en la pantalla:
Lucas "El Muro" Silva (16 años, Brasil): Un lateral izquierdo con un despliegue físico impresionante, capaz de sostener el ida y vuelta durante los noventa minutos.
Kaito Tanaka (15 años, Japón): Un mediapunta de visión periférica deslumbrante, especialista en pases filtrados a la espalda de los centrales.
Mateo "La Roca" Valenzuela (17 años, Argentina): El implacable central que antes lideraba al Grupo B, ascendido al Grupo A por su desempeño defensivo impecable.
—Feng —dijo Méndez, mirándome directamente—. Como capitán ofensivo del Grupo A, tenés la responsabilidad de coordinar este ataque. Conocés la garra de tus excompañeros de Los Forjadores en los otros grupos, conocés el nivel de Bashira y Tiago, y ahora tenés estas nuevas variantes. Si queremos ganar esta liga y llevar al Grupo A al profesionalismo, tenés que armar la estrategia perfecta.
Editado: 01.10.2026