El laboratorio, que siempre había sido un lugar de lógica y ciencia para Gia, se transformó en una jaula de testosterona pura. Dax avanzó con la elegancia de un depredador que no tolera intrusos en su territorio. Cada uno de sus pasos sobre el suelo de resina blanca resonaba como una sentencia.
—No te lo volveré a repetir, Viktor —siseó Dax, deteniéndose a escasos centímetros de él. La diferencia de energía era brutal: Dax era una tormenta de granito y Belinsky una llamarada de sol—. Sal de mis instalaciones. Ahora.
Viktor no retrocedió. Al contrario, se permitió el lujo de mirar a Gia una vez más, con esos ojos verdes que parecían ver mucho más allá del mono de trabajo.
—¿"Tus" instalaciones, Dax? —Viktor soltó una risa ligera, casi musical—. Pensé que este era el laboratorio de los Moretti. Pero veo que tu concepto de matrimonio es más parecido a una adquisición hostil. —Se giró hacia Gia y le tomó la mano antes de que ella pudiera reaccionar, depositando un beso fugaz y electrizante sobre sus nudillos—. Fue un placer, Gianna. No dejes que el acero te oxide el cerebro. Volveremos a vernos pronto.
Viktor salió del laboratorio con una seguridad insultante, dejando tras de sí una estela de perfume caro y una tensión que hacía que a Gia le zumbaran los oídos.
En cuanto la puerta se cerró, Dax se giró hacia ella. Su rostro estaba congestionado por una furia que Gia no había visto ni en la boda.
—¿Qué demonios hacía él aquí? —rugió Dax, acortando la distancia hasta que Gia quedó atrapada entre su cuerpo y la mesa metálica—. ¿Cómo es que sabe tu nombre y por qué te miraba como si fueras su próximo objetivo de inversión?
Gia le sostuvo la mirada, aunque su corazón golpeaba su pecho con la fuerza de un martillo hidráulico. El humor ácido era su única defensa.
—¿Y a mí qué me preguntas, Volkov? —soltó ella, cruzándose de brazos, lo que solo sirvió para acentuar el escote del mono—. Tal vez él sí lee las revistas científicas y no solo los estados financieros. Belinsky reconoce el genio cuando lo tiene delante. Tú, en cambio, parece que solo ves una "patente con piernas".
Dax soltó un gruñido y golpeó la mesa con la palma de la mano, haciendo que los matraces vibraran.
—No me vengas con juegos intelectuales, Gianna. Belinsky es un coleccionista. Y lo que más le gusta coleccionar son las cosas que me pertenecen. —Dax la tomó por la cintura, tirando de ella hasta que sus cuerpos chocaron. Gia pudo sentir la dureza de su pecho contra sus senos y el calor furioso que emanaba de él—. Me importa un bledo si es el hombre más guapo del continente o si te dice lo que quieres oír. Eres una Volkov. Mi nombre está en tu dedo y mi contrato está en tu vida.
Gia sintió una oleada de calor que no era solo rabia. La posesividad de Dax era primitiva, erótica y desesperante.
—Soy una Moretti, Dax —le corrigió ella, su aliento rozando los labios de él porque estaban peligrosamente cerca—. Y si crees que un papel me impide decidir quién entra en mi laboratorio o quién me besa la mano, es que no has entendido nada sobre la química. Hay reacciones que no puedes controlar, por mucho que seas el CEO del mundo.
Dax bajó la mirada a los labios rojos de Gia. La tensión sexual era tan espesa que el aire parecía faltar. Su mano grande subió por la nuca de ella, enredándose en su coleta, obligándola a inclinar la cabeza.
—¿Quieres hablar de química, científica? —su voz bajó a un susurro oscuro, cargado de una promesa de castigo—. Probemos tu teoría.
Dax la besó. No fue un beso de amor, fue una colisión. Fue un reclamo salvaje, lleno de dientes y lengua, que sabía a posesión y a un deseo que ambos habían intentado enterrar bajo el odio. Gia soltó un gemido que se perdió en la boca de él, y por un segundo, sus manos buscaron los hombros anchos de Dax, rindiéndose a la evidencia: la fórmula entre ellos era, efectivamente, un desastre absoluto.
Dax se separó bruscamente, respirando con dificultad, con los ojos grises oscurecidos por la lujuria.
—La auditoría empieza en cinco minutos —dijo, recuperando su máscara de hielo aunque sus manos aún temblaban—. Intenta que tu "genio" no se distraiga con visitantes rubios. No toleraré una segunda vez.
Se dio la vuelta y salió, dejando a Gia temblando, con los labios hinchados y la certeza de que este matrimonio iba a destruir mucho más que su carrera.
Editado: 21.05.2026