Fórmula para el desastre

Capítulo 7— El Teorema de la Humillación

Dax creía que después de ese beso la tendría sumisa, o al menos confundida. Se equivocaba. Gia se limpió el rastro de su boca con el dorso de la mano y se ajustó el mono de trabajo. Si él quería guerra profesional, la tendría.

​Cinco minutos después, Dax regresó con su equipo de auditores: tres hombres de trajes grises y caras largas que miraban el laboratorio como si fuera un museo de juguetes caros.

​—Dax, según los informes de la tía Beatriz, este proyecto está estancado en la fase de estabilización del grafeno —dijo uno de los auditores, ajustándose las gafas—. Si no hay resultados en treinta días, el contrato estipula que Industrias Volkov toma el control total de la propiedad intelectual y tú, Gianna, quedas fuera del proyecto.

​Dax se cruzó de brazos, su espalda ancha bloqueando la salida. Sus ojos grises seguían fijos en los labios de ella, como si aún pudiera sentir el calor del beso.

​—Explícales por qué estamos perdiendo el tiempo, Moretti —ordenó Dax con esa voz de barítono que pretendía dominarla—. Mis ingenieros dicen que tu fórmula es inestable a altas presiones.

​Gia caminó hacia la consola central con una sonrisa de suficiencia que hizo que Dax apretara la mandíbula. Con un movimiento elegante de sus dedos sobre la pantalla táctil, activó el holograma del reactor.

​—Tus ingenieros, Dax, son expertos en fabricar latas de refresco gigantes —soltó ella con humor ácido, haciendo que los auditores se removieran incómodos—. Lo que están viendo aquí es una estructura de carbono reforzada con enlaces de van der Waals modificados.

​Gia se acercó a Dax, invadiendo su espacio personal, obligándolo a oler de nuevo ese aroma a ozono y rebeldía que lo estaba volviendo loco.

​—¿Inestable? —Gia presionó un comando—. Mira la simulación. A 5000 PSI, el metal Volkov se dobla. El metal Moretti... se adapta. No está estancado, Dax. Está esperando a que el comprador tenga la inteligencia suficiente para entender la física que hay detrás.

​Uno de los auditores se inclinó, sorprendido.

—Es... es una conductividad térmica nunca antes vista. Si esto es real, el coste de producción caería un 40%.

​Gia se giró hacia su esposo, sus ojos negros brillando con un triunfo intelectual que era casi tan erótico como el beso anterior.

​—El problema no es la fórmula, Dax. El problema es que necesitas que yo te enseñe a usar tus propias máquinas. Así que, si quieres la patente, vas a tener que seguir mis reglas. Y la regla número uno es: deja de enviarme hombres que huelen a naftalina a cuestionar mi trabajo.

​Dax dio un paso hacia ella, ignorando a los auditores que empezaron a murmurar entre ellos.

​—Eres una mujer peligrosa, Gianna —susurró él, tan bajo que solo ella pudo oírlo—. Tienes una lengua demasiado afilada y un cerebro que no sé si quiero comprar o destruir.

​—Pruébame, Volkov —desafió ella, bajando el tono también—. Pero recuerda lo que pasó hace diez minutos. Si intentas destruirme, podrías terminar quemándote tú también.

​La tensión fue interrumpida por el intercomunicador. Era la secretaria personal de Dax.

​—Señor Volkov, lamento interrumpir. El señor Viktor Belinsky ha enviado una invitación formal. Quiere que usted y la señora Volkov asistan a la gala benéfica en su yate esta noche. Dice que tiene una "propuesta de colaboración" que la señora Moretti encontrará... irresistible.

​Dax golpeó la mesa de metal, sus ojos echando chispas de puro odio posesivo.

​—Dile que no.

​—Dile que —interrumpió Gia, mirando a Dax a los ojos—. Después de todo, es un matrimonio público, ¿no? Vamos a darle al mundo lo que quiere ver. Y de paso, veamos qué tiene Belinsky que tú no te atreves a ofrecer.

​Dax la tomó del antebrazo, su agarre firme pero sin llegar a lastimarla.

—Vas a jugar con fuego, Gia. Y Belinsky es un experto en incendios.

​—Entonces es una suerte que yo sea experta en explosivos, ¿verdad? —Gia se soltó con un movimiento de cadera y le guiñó un ojo antes de volver a su pantalla—. Prepárate, esposo. Esta noche vamos a navegar en aguas muy peligrosas.




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