Fórmula para el desastre

Capítulo 10: Desayuno con Veneno

El sol de la mañana entraba por los ventanales de la mansión Volkov con una claridad insultante. Gia se despertó envuelta en sábanas de seda gris, con el cuerpo sintiéndose extrañamente pesado y eléctrico a la vez. Al estirarse, su mano chocó con el vacío. El lado de la cama de Dax estaba frío, pero el aroma a sándalo y poder seguía impregnado en la almohada.

​Se puso una bata de seda blanca, corta y sugerente, y salió al pasillo del ala oeste. No había dado diez pasos cuando se encontró con una escena que le revolvió la sangre.

​Renata estaba de pie frente a la puerta del comedor privado, luciendo un vestido de diseño impecable y una sonrisa de suficiencia. Al ver aparecer a Gia desde el pasillo de las habitaciones principales, sus ojos se entrecerraron con sospecha.

​—Vaya, Gianna. Te levantaste temprano para ser una "esposa de adorno" —soltó Renata, recorriéndola con una mirada cargada de envidia—. Pensé que estarías encerrada en tu laboratorio llorando por la atención que Dax no te da.

​Gia se cruzó de brazos, dejando que la bata se abriera lo justo para mostrar la marca roja que Dax le había dejado en la clavícula la noche anterior.

​—Siento decepcionarte, Renata, pero tu primo es un hombre de... muchas necesidades —respondió Gia con una sonrisa ácida—. Y parece que yo soy la única capaz de satisfacerlas todas. En el laboratorio y fuera de él.

​El rostro de Renata se puso pálido. Sus ojos se fijaron en la marca del cuello de Gia. Antes de que pudiera soltar otro veneno, la puerta del comedor se abrió y Dax apareció.

​Dax vestía solo un pantalón de traje negro y una camisa blanca desabrochada, con las mangas remangadas. Se veía devastadoramente guapo y peligrosamente relajado. Al ver a las dos mujeres, su mirada se clavó en Gia con una intensidad que hizo que a ella le temblaran las rodillas.

​—Renata, ¿qué haces aquí tan temprano? —la voz de Dax era un trueno bajo.

​—Vine a traerte los informes de la licitación, Dax... pero veo que estabas "ocupado" —Renata escupió la palabra—. ¿Desde cuándo rompemos la regla de no mezclar placer con negocios? Esta mujer es solo una patente, lo dijiste tú mismo.

​Dax caminó hacia Gia y, frente a los ojos desorbitados de su prima, le rodeó la cintura con el brazo, pegándola a su costado desnudo. El calor de su piel era un recordatorio silencioso de todo lo que había pasado en la oscuridad.

​—Mis reglas han cambiado, Renata. Y mi esposa no es un tema que te incumba —sentenció Dax, su voz gélida—. Dile a mi madre que el desayuno familiar de hoy se cancela. Gianna y yo tenemos asuntos más... urgentes que tratar.

​Renata dio un paso atrás, con los nudillos blancos de tanto apretar su bolso.

—Te vas a arrepentir, Dax. Viktor Belinsky no se va a quedar de brazos cruzados. Ayer en el yate todos vieron cómo lo desafiaste. Estás arriesgando el imperio por una cara bonita que ni siquiera conoces.

​—Fuera —ordenó Dax.

​Renata giró sobre sus tacones y salió de la mansión como un torbellino de furia. Dax suspiró y relajó el agarre sobre Gia, pero no la soltó. La giró para que quedara frente a él, atrapándola contra su pecho firme.

​—¿Estás bien? —le preguntó, su pulso latiendo fuerte bajo la piel de Gia.

​—Estoy perfecta, Volkov. Pero tu prima tiene razón en algo: Belinsky va a jugar sucio. Y tu madre no va a estar feliz cuando sepa que el contrato se ha vuelto... personal.

​Dax le tomó la barbilla, obligándola a mirarlo a los ojos.

—Que jueguen. Belinsky puede intentar robarme la patente, y mi madre puede intentar controlar mi vida, pero ninguno de ellos sabe lo que yo sé ahora.

​—¿Y qué es lo que sabes, Dax? —susurró ella, su aliento rozando los labios de él.

​—Que prefiero arruinar mi imperio antes que dejar que alguien más te toque.

​El teléfono de Dax sonó sobre la mesa del comedor. Era un mensaje de un número desconocido. Gia se asomó y sintió un frío repentino en la espalda. Era una foto de ella en el laboratorio, tomada desde un ángulo imposible, con una frase corta:

"El grafeno es fuerte, pero el corazón de una Moretti es frágil. ¿Qué pasaría si el mundo supiera que tu 'esposa' oculta un secreto sobre la muerte de su padre, Dax?"

​Gia se puso pálida. El humor desapareció de sus ojos.




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