Fórmula para el desastre

Capítulo 15—La Prueba de Fuego

Pasaron tres semanas. El ambiente en la mansión Volkov era una mezcla tóxica de deseo crudo y silencio gélido. Dax cumplía su palabra: no dejaba a Gia sola ni un segundo. Incluso en el laboratorio, él observaba desde la cristalera superior, como un dios oscuro vigilando su creación más preciada.

​—La aleación está lista, Dax —dijo Gia por el intercomunicador, sin levantar la vista del monitor—. El grafeno se ha estabilizado con el acero. Si la prueba de impacto en el campo de tiro sale bien, el contrato con la Agencia Aeroespacial es tuyo.

​Dax bajó al laboratorio. Vestía un traje gris que acentuaba su envergadura, pero no llevaba corbata. Se acercó a ella y, con una posesividad que ya no intentaba ocultar, le apartó un mechón de pelo de la cara.

​—Es nuestro, Gia —corrigió él, su voz vibrando cerca de su oído—. No olvides que ahora somos un solo bloque. Lo que es mío es tuyo.

​Gia sintió un escalofrío. Ella sabía que esa "generosidad" era la cadena más pesada de todas.

Campo de Pruebas "Sector 7", 02:00 PM

​El campo de tiro era un desierto de arena y estructuras metálicas. Dax y Gia estaban en el búnker de observación. Fuera, una placa del nuevo metal esperaba el impacto de un proyectil de alta velocidad.

​Pero algo no iba bien.

​—Dax, los sensores de presión están fallando —advirtió Gia, frunciendo el ceño—. Hay una señal de interferencia externa. Alguien está hackeando el sistema de seguridad del búnker.

​Dax reaccionó al instante, sacando su arma de la funda sobaquera.

—¡Seguridad, informen! —gritó por la radio, pero solo obtuvo estática.

​De repente, una explosión controlada en la puerta trasera del búnker los lanzó al suelo. Una nube de gas somnífero empezó a llenar la habitación.

​—¡Gia, no respires! —Dax intentó alcanzarla, pero su cuerpo de 1.90 m, aunque poderoso, no era inmune al químico. Se tambaleó, luchando por mantenerse en pie mientras veía a través de la niebla cómo una figura impecable entraba con una máscara de gas.

​Era Viktor Belinsky.

​Viktor se acercó a Gia, que estaba semiinconsciente en el suelo, y la tomó en brazos con una delicadeza que contrastaba con la violencia de la entrada.

​—Te dije que el acero de los Volkov se dobla bajo la presión adecuada, Dax —dijo Viktor, su voz amortiguada por la máscara—. Te quedas con tu metal y con tu imperio manchado de sangre. Yo me quedo con la única pieza que realmente vale la pena.

​Dax intentó levantarse, sus ojos grises inyectados en sangre, los nudillos blancos mientras intentaba apretar el gatillo, pero sus músculos no respondían.

​—Si... la tocas... te mataré —logró rugir Dax antes de que la oscuridad lo reclamara por completo.

​Viktor miró a Gia, acariciando su mejilla con el pulgar.

—No voy a tocarla, Dax. Voy a hacer que ella me elija a mí. Le daré la libertad que tú le robaste.

Mansión Belinsky, 08:00 PM

​Gia despertó en una habitación inundada de luz solar artificial. No había mármol negro ni techos opresivos. Estaba en una cama de sábanas blancas, y frente a ella, Viktor Belinsky la observaba mientras bebía una copa de vino.

​—Bienvenida a la libertad, Gianna —dijo Viktor con esa sonrisa verde que antes la fascinaba y que ahora le causaba terror—. Dax está vivo, si es lo que te preocupa. Pero para el mundo, has desaparecido en un accidente durante la prueba. Estás muerta, Gia. Y ahora, podemos empezar de nuevo. Sin contratos. Sin Volkovs. Solo tú, yo y la verdad sobre tu padre.

​Gia se sentó, sintiendo una furia fría recorrer sus venas. Miró a Viktor y luego a la puerta cerrada.

​—Dax vendrá por mí, Viktor. Y cuando lo haga, no habrá un documento en el mundo que te salve de lo que te va a hacer.

​Viktor se rió, acercándose a la cama.

—Que venga. Mi seguridad es superior a la suya. Pero dime una cosa, científica... ¿realmente quieres volver a la jaula de un hombre que te trata como una propiedad, o prefieres ser la socia del hombre que te acaba de salvar la vida?




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