Fórmulas del deseo

CAPÍTULO 2: Cruces innecesarios

Los cruces entre turnos siempre eran caóticos. Estudiantes entrando, otros saliendo, conversaciones superpuestas y pasos apurados. Yo solo quería irme. Fue entonces cuando escuché risas detrás de mí. Michael estaba jugando, lanzando una lapicera al aire mientras molestaba a Thomas. No parecía mala intención, solo exceso de confianza. —Concéntrate —le dijo Thomas—. Te vas a meter en problemas. Demasiado tarde. Michael empujó sin querer a Juliet y el celular que ella tenía en la mano cayó al suelo con un sonido seco. Todo se detuvo. —¿Te das cuenta de lo que hiciste? —dijo Juliet, agachándose de inmediato. Michael se encogió de hombros. —Relájate, seguro no pasó nada. Juliet revisó la pantalla. Estaba rota. —¿Eso es todo lo que tienes que decir? —No fue para tanto —respondió él, sin disculparse. Ahí fue cuando todo explotó. Juliet, molesta, empujó a Michael y tomó el celular que él tenía en el bolsillo, lanzándolo al suelo con fuerza. El aparato rebotó una vez antes de quedar inmóvil. Michael se quedó paralizado un segundo. —¿Estás loca? —dijo, recogiendo su celular con rabia. —Ahora estamos a mano —replicó Juliet. La discusión subió de tono. Palabras rápidas, miradas duras. Hasta que, sin previo aviso, Juliet le lanzó una cachetada. El sonido resonó más de lo que debería. Sin decir nada más, recogió su celular roto y se fue. —Juliet —la llamé, y fui tras ella. Detrás, sentí varias miradas observándolo todo. Incluida la de Thomas. Más adelante, sin que yo lo notara, Petter observaba la escena desde el pasillo opuesto. No dijo nada. Solo me miró un segundo más de lo normal. Fue extraño, pero un poco confuso. Y mientras ayudaba a Juliet a respirar, supe que nada de eso había sido un simple accidente.




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