Fórmulas del deseo

CAPÍTULO 3: Observaciones innecesarias

Los días siguientes al incidente con Juliet no fueron exactamente normales.

No porque la universidad hubiera cambiado, sino porque el ambiente sí lo hizo. Las miradas duraban un segundo más. Las conversaciones se cortaban cuando alguien se acercaba. Y yo, que solía pasar desapercibida sin esfuerzo, empecé a notar cosas que antes ignoraba.

O tal vez siempre estuvieron ahí y recién ahora me fijaba.

Thomas, por ejemplo.

No hablábamos. No coincidíamos en clases. Ni siquiera compartíamos laboratorio. Pero, aun así, lo veía. En los pasillos, apoyado contra alguna pared, conversando con Michael o con Kate. Siempre tranquilo. Siempre atento.

Y a veces —solo a veces— mirando en mi dirección.

No sostenía la mirada. Yo tampoco. Nunca me gustó ser evidente. Mirar de lejos era suficiente.

—¿Lo estás viendo? —susurró Juliet una tarde, mientras esperábamos que abrieran el aula.

—¿A quién?

—No te hagas. Al de Industrial.

Me encogí de hombros.

—Solo estaba ahí.

—Claro —dijo ella, con esa sonrisa que usaba cuando no me creía nada—. “Solo estaba ahí”.

No era mentira. No me gustaba alguien por mirarlo dos veces. A lo mucho podía admitir que era… guapo. Nada más. Decir que alguien me gustaba era otra cosa. Más seria. Más “peligrosa”.

Y yo evitaba esas palabras incluso con Juliet.

Desde el otro lado del pasillo, Thomas hablaba con Kate. Ella gesticulaba más de lo normal, riéndose, tocándole el brazo mientras decía algo. Él escuchaba, asentía… pero su atención parecía dividida.

—Oye —dijo de pronto—, ¿la chica que estaba contigo el otro día? La de Química.

Kate parpadeó.

—¿Tany?

—Sí.

Ella sonrió, aunque algo en su expresión se tensó.

—¿Por qué?

—Solo curiosidad.

No era una pregunta cargada de intención. O al menos eso parecía. Pero Kate lo sintió igual.

—Es callada —respondió—. No habla mucho con desconocidos.

—Ya veo.

Kate lo miró un segundo más, evaluándolo.

—¿Te interesa?

Thomas negó con la cabeza, rápido.

—No. Solo… me pareció interesante.

Kate rió, pero no sonó convencida.

Desde lejos no escuché nada.
Tampoco quise hacerlo.

Me limité a seguir caminando, fingiendo que no pasaba nada, como siempre. Como si no importara que alguien mencionara mi nombre cuando yo no estaba.

Tal vez no era nada.
Tal vez solo era curiosidad pasajera.

Pero, aun así, algo me quedó dando vueltas en la cabeza más tiempo del necesario.
Y odié eso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.