Four Kingdoms

Juego de Verano III

— Pruebame, ya no te tengo miedo. Tú, no puedes tocarme un pelo. Yo en cambio, podría obligarte a bailar la Macarena vestido de pollo durante seis horas consecutivas y nadie diría nada.

Las espinas retrocedieron, su rostro era todo un poema. La expresión de incredulidad no tenía precio

— ¿Has pedido la cordura?¿La Maquena?¿De qué estás hablando? — solo pude reírme a carcajadas. El pensamiento de aquello cruzó mi mente de manera incoherente.

— Es una amenaza, aunque me esté riendo. No te va a gustar ni un poco

— ¡Estás loca! — fue lo último que dijo antes de darme la espalda

Hice lo mismo y con mucho cuidado saque la ropa húmeda e intenté colocarme el traje de baño. No tenía idea cómo me quedaba. No había un espejo o nada en que reflejar mi cuerpo. Excepto, quizás, el agua. Pero allí, no me acercaba ni de broma

Agradecí mentalmente la bolsa tejida con varios colores, que acompañaba mi nuevo conjunto. Guardaría la piedra y el mapa mojado. También había un pantaloncillo bastante corto, me daba un poco de vergüenza. Pera era mejor que andar solo con la ropa de baño

— Clavis

—¡Qué! — me respondió molesto

— Sí se supone que debería estar en Invierno, ¿cómo llegué a Verano y por qué estás aquí?— escuché un suspiro frustrado

— No tengo idea. Mi madre te envío a Invierno por el portal de Agua. Algo o alguien intervino, arrastrandote hasta aquí. Sabía que había algo mal y...

— ¿Discutiste con tu madre?¿Además, por qué me lanzó de esa manera? — lo interrumpí

— Dijo que no quería aguantar tus lloriqueos, ni preguntas estúpidas....

— Pero sí ella fue la que se brindó a contestarlas — volví a interrumpirlo

— La mentalidad de mi madre, solo la entiende mi madre. Me retuvo cuando intenté seguirte. Me permitió hacerlo cuando se dio cuenta que te habían desviado. Soy tu guía a final de cuentas. Sin contar que, ¡por tu culpa estamos unidos!

— Sí, te iba a preguntar eso también. Dijiste que tenías que acompañarme hasta esta estación. ¿Qué se supone que ibas a buscar a aquí, para separarnos? — hubo un silencio incómodo unos segundos. Seguido de un suspiro y me dijo

— El pozo del Sol. Tenemos que besarnos en el pozo y...

— Espera, espera un maldito segundo — dije dándome la vuelta — ¿A qué te refieres con besarnos?

— Sabía que eras estúpida, pero esto tiene un límite. Jueza, boca con boca, saliva con saliva, lengua con lengua.... Si tanto difícil te parece ¡No me hubieras besado en primer lugar!— me gritó

— Te bese porque esa hada me dijo que eso te despertaría de....

— Del estado en el que tú me pusiste... ¿Eso es lo que ibas a decir?¡Nadie le hace caso a las hadas!¡Están locas y les gustan los problemas! — me dice moviendo los brazos

Al verlo de pie, con unos pantalocillos verdes con flores rosadas. Una camisa de mangas cortas, del mismo tono de su cabello. Abierta sin abotonar. Me hizo darme cuenta que su cuerpo, poseía mas músculos que los que ostentaba bajo el traje. Le quedaba todo perfecto y me hacía sentir a mi, un tanto insegura.

Si no fuera por esa maldita personalidad suya, sería el hombre prefecto

— ¡Yo no lo sabía!¡Dejá de recriminar cada cosa que hago!— su ojo derecho comenzó a moverse con un pequeño TIC. Suspiró nuevamente y ví la fuerza de voluntad que utilizaba, para volver a colocar esa máscara de tranquilidad

— Eres, sin dudas, la criatura más exasperante que he conocido. Encontremos las piedras restantes y olvidemos que existimos

— ¿Sabes? Es la mejor idea que has tenido hasta ahora — no había duda de eso — También tenemos que buscar el pozo para cortar lazos del todo

Me miró con asco y dijo

— Estamos perdidos, ya te obsecionaste conmigo — chasqueé la lengua

— En este punto, prefiero morirme — le respondí con la misma mirada asqueada

♠♠♠

Salimos con prisa. Clavis delante y yo de trás. Cómo era de esperar cada par de ojos, cada mirada, cada gesto de asombro se centró en él. Aunque, no parecía importarlo lo más mínimo

Que rabia

Pol se acercó a mí, se quitó los lentes de sol y se los tendió a Clavis

— Tienen pinta de quedarte mejor a ti que a mí — sin perder la sonrisa en el rostro, obligó a nuestro príncipe a tomarlas y luego se dirigió a mí

— ¿Estás lista? — negué

— Todo estará bien. Estaré en tu equipo — me guiñó un ojo y pude decir que había algo en el chico de naranja que me hacía sentir seguridad

Como el tipo de persona a la que confiarías tus problemas. Y te ayudaría a resolverlos sin preguntar

— ¿De qué están hablando?— interrumpió Clavis

— En resumen, para obtener la piedra de esta estación. Debemos ganarla en un juego de encontrar objetos perdidos— le expliqué

— Interesante — murmuró

— Sera fácil, están enfrente del campeón del último juego del Plasis — dijo Pol, inflando el pecho.

—¿Y eso cuándo ocurrió?— soltó un carcajada y dijo

— Ayer — No pude evitar reír con él. Eso significaría algo de esperanza. Por muy pequeña que fuera

— No jugarás en nuestro equipo — habló Clavis y comenzó a caminar

—¿Disculpa?— lo detuve a medio paso — Nadie pidió tu permiso — su rostro no mostraba molestia o alguna otra expresión

— Soy tu guía, él no — zanjó, como si tuviera todo el sentido del mundo a sus pies

—¿Estás celoso? — la pregunta visiblemente lo sacó de lugar. Levantó una ceja y me señaló con el dedo índice. Moviendo su cuerpo a centímetros del mío

— Sí quieres ganar, deja de soltar porquerías por esa boca y concertrate en no meter el pie. Este imbécil no jugará con nosotros. Tengo una buena razón para ello

— El imbécil tiene nombre y con respecto a tu grandiosa razón.¿Te gustaría compartirla conmigo?— lo reté.

El carraspeo de Pol de escuchó y un:

— El imbécil sigue aquí y puede escucharlos — sonó como un broma bastante mala, pero igual se rió entre dientes




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.