Four Kingdoms

Juego de Verano XI

Pol sacó las cáscaras negras con mucho cuidado, de seis frutas recién cortadas del árbol. Eran delgada y difícil de quitar sin perder un pedazo de la masa blanca y pegajosa que tenía por dentro. Todas poseían semillas, aunque no del mismo tamaño. Continuaban viéndose enormes, casi tan grande como su estructura. El chico naranja, logró extraerla sin dificultad, solo una de ellas y al hacerlo, la masa se volvió amarillenta

Cortó con una navaja, que no tenía la mínima idea donde Monarca había sacado, un pedazo bastante grande. En sí, la fruta bien tendría el tamaño de una cabeza humana. Y antes de darme un trozo para mi deguste. Me lanzó una pequeña advertencia

— Jueza, una sola fruta es suficiente alimento para un día. Te saciará y llenará tu estómago. Pero ... — asentí ante su explicación y luego tragué duro cuando escuché el tan problemático "pero" — estarás un hora completa diciendo puras verdades. En algunos casos, un poco más de tiempo

Espera, ¿qué?

— No deberían ser "puras mientras" — Pol solo negó

— Dices mentiras, si decides comerla con la cáscara. Pero es ridículamente amarga y perversamente tóxica. Sí no extraes la semilla, entre más grande esté, menos peligro dentro. De esas... — dijo señalando las otra cinco — ... tres no son comestibles para los estacionales. Los reyes y las representaciones como mi madre, pueden comerla entera y solo reciben un ligero dolor estomacal.

— Sabiendo que les va a doler, ¿por qué se arriesgan? — pregunté

— Porque si sabes de dónde cortar, tendrás algo delicioso entre manos — volvió a tender el pedazo de fruta. Severamente consideraría no comerla, mi estómago en cambio, parecía listo para comenzar una escándalosa protesta.

Sabía que con el estómago en semejantes condiciones, no llegaría muy lejos. Así que tomé una última respiración profunda y la metí en mi boca sin pensarlo dos veces.

El sabor dulce y pegajosa llenó mi paladar de forma deliciosa. En segundos, brindaba otra mordida y luego otra, hasta que chupé mis dedos ante la crema en los dedos. Imaginé, cuando hablaron de amargura, sería algo dulce pero con su toque amargo. Nada que ver, no se parecía a nada que hubiese probado antes

Mis ganas comenzaron a crecer y me acerqué a tomar otro pedazo, sin siquiera pedirlo. Cuando se hallaba entre mis dedos, una raíz larga y marrón me la quitó de un latigazo. Me quejé del dolor, pero en vez de cruzar palabra alguna con el ladrón. Me arriesgue a tomar otro pedazo. Esta vez fue Pol quién la arrebató de mis manos, más el regaño vino de Monarca

— Jueza, un pedazo por perzona. No máz, no menoz — asentí sin entender la razón. La fruta tenía tan buena pinta y no me sentía satisfecha

— No te escucharé, tomaré otra cuando no me veas — las palabras se escaparon de mi boca sin dificultad. Y estaba segura, que aquello eran mis planes, pero no se suponía que lo dijera en voz alta

Al ver la mirada penetrante de la gran osa, la risa escándalosa de Pol y la protesta silenciosa del Príncipe. Comprendí la parte de "puras verdades"

Iba a decirlas, quisiera o no

♠♠♠

El viaje continuó minutos después. Todos sobre el rápido y extraño animal, corriendo por el desértico y caluroso Verano. Con Monarca al mando

—¿Cómo sabe a dónde vamos? — dije señalandola — Está no es su estación, ¿no debería ir Pol, guiando? Ni siquiera tiene el mapa ¿Qué va a pasar si nos perdemos? Voy a pedir perder por su culpa

Clavis no respondía. Me estaba aplicando la misma cara de póker que usaba con su madre. Totalmente ajeno al mundo. Totalmente ajeno a mi. No le resté importancia, solo chasqueé la lengua e intenté llamar al chico naranja. Quién se hallaba subido en lo más alto del árbol.

—¡Pol! — grité con fuerza. Sin embargo no podía moverme mucho o ponerme de pie, sin correr el riesgo de caerme nuevamente — ¡Pol! — lo intenté una vez más. Está vez, intentando estirarme un poco

Las raíces rodearon mi cuerpo, apretando con fuerza. Obligandome a mantenerme en mi sitio. Recostada al tronco del árbol, justo al lado de Clavis, hombro con hombro

— ¡Pol! — grité por última vez, escuchando el molesto resoplido del Príncipe, como primer gesto en un buen rato

El chico de naranja, aparentemente logró escucharme. Porque no tardó mucho en saltar entre las ramas y caer justo a mi lado. No pude evitar aplaudir ante las múltiples volteretas que dió, dejándome bastante impresionada

— ¿Qué desea mi preciosa, jueza? — el halago y el beso en la mano, me subieron un poco los colores al rostro

— Un poco pegajoso, ¿no crees?— negó y continúe hablando— ¿Sabes, si falta mucho para llegar? — el sonrió

— Si, un poco. Pero no hay que preocuparse, acabamos de dejar pasar a nuestros enemigos — abrí mis ojos y la fruta de las Mentiras o de las "puras verdades", hizo lo que llevaba haciendo todo el trayecto. Obligarme a hablar hasta por los codos

— ¿Encontraron la fruta? Por supuesto que lo hicieron. No debimos detenernos, hace tiempo estaríamos en el pozo. Debí escuchar a Clavis, es medio idiota, pero parece siempre tener la razón. No es justo, tenía hambre. No sé si ustedes siquiera comen, ¿van a culparme por ello? ... nunca voy a regresar a casa. Tal vez pueda quedarme aquí, al final y...

Cubrí mi boca, apretando los labios con tanta fuerza. Asustando cada aspecto de mi, por el desastroso pensamiento. Como a Pol, por la forma abrupta en la que decidí callarme

— La verdad, te hará libre — me dijo el chico, tomando una de mis manos e intentado sacarla de mi boca

Negué con fuerza.
Aquella idea tan descabellada que había llegado a mi cabeza. Era digna de querer gritar. Una ridícula y problemática idea

Miré al causante de mi fugaz pensamiento, observar la nada que cruzaba los interminables caminos de arena. Y me negué a eliminar las manos de mi boca hasta llegar a nuestro destino

Al final del día, nadie me creería. Después de todo lo que había echo y dicho, sobre todo, dicho, para regresar a mi hogar. Que me planteaba, levemente, quedarme en este extraño mundo, junto a uno de los dos tontos que se encontraban a mi lado




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