Dejar ir al Andante se sintió un poco vacío. Me había encariñado con la espalda del animal y con sus deliciosas pero apestosas frutas.
Aún sentía el olor dentro de mi ropa. Necesitaba un baño, pero solo imaginar un accidente similar al del lago me hacía querer convertirme en una Anti-agua extrema. El mayor problema era que mi cuerpo en semejantes condiciones, no sobreviviría mucho sin ella
Y ya comenzaba a notar su ausencia de manera sofocante
— Oye, Clavis — sus ojos se centraron en mi con disgusto — Puedo caminar, ¿sabes?
— No, soy medio estúpido y no me fijé en las dos bolas de grasas, que tienes por piernas
— ¡Serás, cabrón! — grité enojada y mi cuerpo se movió de un lado al otro de forma violenta
Clavis no permitió que mis pies tocaran la arena. Las raíces que envolvieron mi cuerpo, no me soltaron ni por un momento y el resto de ellas, volvieron a la apariencia de araña que había utilizado con anterioridad. Mientras usaban las raíces para caminar, me mantenía levantada en el aire.
Realmente, no me gustaban las alturas, igual que encontrarme en un estado de dependencia hacia él. Y el chico le gustaba ignorar mis protestas y quejas.
Pol jugaba en la arena como un niño pequeño en la playa. Monarca por otro lado, se detenía cada minuto para refrescar sus patas. Colocando el peso de su cuerpo sobre sus manos. Fue entonces cuando comprendí, que la arena debía estar exageradamente caliente para quemarla hasta ese punto.
Y vaya manera que lo comprobé.
En un segundo, una burbuja de aire escapó de la arena y al reventar, un aire expansivo acompañado de gotas de lava salieron él. Solo con la presión del calor, me sentía seca como una pasa.
Luego hubo otra y otra. Llego un momento en que me entretuve contandolas, para matar el tiempo. Poco después, mis ojos se posaron en el enjambre de lo que parecían insectos, revoloteando de un lado a otro sobre una duna de arena.
— Genial, hadas — murmuró Clavis y mi cabeza comenzó a doler
— Ignorarlas, por amor a Dios. Fingé que no existen y ...
— Eso va a estar difícil porque ya nos vieron — tres de ellas se acercaron a nuestro grupo.
— Extraños, extraños, extraños — volando en círculo bastante alto y con el sol impidiendome verlas correctamente. Repetían las mismas palabras, hasta que otra ligeramente más grande, se detuvo deteniendo el paso
— Indentifiquense extraños. No podéis pasar por esta área— el peculiar personaje. Poseía alas en puntas. El cabello blanco esponjoso y un vestido, que bien parecía una versión pequeña de un uniforme de enfermería estilo sesentero. Incluso llenaba el sombrero en la cabeza.
— ¿Quién ze atreve a entorpezer nueztro camino? — inquirió Monarca
— Yo pregunté primero — la encaró el hada
— Yo pregunté zegunda. Azí que rezponde, ingrata — quería reírme de la peculiar situación, pero me abstuve.
—¿Cómo te atreves? — el hada visiblemente molesta. Sacudió un martillo, no más grande que su cuerpo, de un lado al otro. Lista para golpear a Monarca.
Veía casi la pelea comenzar, caundo rápidamente interumpí. Porque parecía que mis compañeros, simplemente, no intervendrán
— Espera un segundo. No hay necesidad de esto, nos presentaremos — cosa que había aprendido desde el principio. Suelta tu nombre tan rápido como te lo pidan — Soy Bridgette Coleman, este — señalé al pelirrosa — es Clavis, ¿Natura? — no me jsuguen por no recordar su apellido. El susodicho chasqueó la lengua de manera sonora, lanzándo una mala mirada. — Ella es Monarca y el chico de allí es Pol — identifiqué al resto con mucho cuidado
— En realidad — me corrigió el chico naranja — Es Pilsen Pol
—Espera, ¿qué?¿Pol es tu apellido?
— No es mi nombre, Pilsen mi apellido — no me costó mucho comprenderlo. Sabía que en mucho países, este tipo de nombres existían
— Comprendo.
— Con rezpecto a mi perzona— continuó Monarca — El gran Otoño me azignó el luztre nombre de Monarqueenzel, Monarca para para laz pobrez mentez.
Me sentí ofendida, pero solo me duró un segundo. El nombre si era ridículamente extraño.
El hada sacudió el martillo, dejándolo caer sobre su hombro y una de las tres que revoloteaba repitiendo la palabra "extraño". Voló hasta quedar frente con frente a mi rostro
— ¿Eres la jueza, verdad? — asentí. Me había acostumbrado de mala manera a esta pregunta.
Metió su mano pequeña en la mano, para apto seguido, golpear mi rostro con tanta fuerza, que dejó un buena marca. A Clavis solo el tardó dos segundos reaccionar. Una de sus raíces empujó al ser sin dudarlo y con la misma, lo azotó sobre la arena caliente. Una y otra vez
—¡Detente! — pero apenas me escuchó. Especialmente, cuando el enjambre de hadas revoloteando sobre la duna de arena. Sacaron extraños arcos y comenzaron a lanzarnos flechas.
Las alas de Monarca se convirtieron en un escudo. Aunque tenía miedo, pudiera herirla. El grutal y salvaje sonido que escapó de su hocico, heló la sangre de muchos, incluida yo.
No fue hasta el segundo, cuando Clavis soltó al hada. Qué el resto de su especie se detuvo
— ¿Estarás contenta?— dijo el hada del martillo.
— Pero, ¿qué demonios hice?
— Diez años y una guerra. ¿Te parece poco? Ahora que estás aquí, te niegas a cumplir tu deber.
—¿Cómo te atreve, a hablarle azí a la jueza? — gruñó Monarca
— Creo que estamos un poco alterados. Vamos relajarnos, hace un día precios... — las palabras de Pol quedaron volando en el aire, después que las raíces de Clavis, salieran de la arena con rapidez e iniciará un estrangulamiento sobre dos hadas hasta hacerlas soltar las cuchillas, con la que aparentemente, iban a herirme.
— ¡Todo el mundo firme y que nadie se mueva!... Tómenlo como una orden o lo que les salga del trasero. — chilé fuera de mi. Porque sí, estoy tenía pinta de terminar con unas cuantas heridas