Four Kingdoms

El pozo II

Bien, queridos amigos. Una vez más, yo, Bridgette Coleman, protagonista, jueza y miedosa local una vez me encuentro ante un potencial peligro a mi vida.

— ¿¡Te atreves a negarme mi voluntad!?¡Aparte de egoísta, arrogante! — su carcajada profunda y descontrolada me asustó más de lo que ya estaba — Pensé que me habías prometido no volver a usar esa palabra conmigo. ¡Orden!¡Orden!¡Orden!¡Orden!¡Orden! — repetía sin detenerse.

—¿Clavis, realmente eres tú?¿Qué te sucede? Cálmate, ¿sí?. Me estás asustando mucho — no, me realidad ya me tenía histérica. Pero si las órdenes no funcionaban con él, la situación pintaba peor de lo que parecía.

-—¿Te asusto, querida jueza?¡He estado asustado la mitad de mi vida!¡Miedo de mi madre!¡Miedo de mi padre!¡Miedo de que me señalen con el dedo!¡Ves a este niño, el comenzó la última guerra!¡No debería haber nacido! No dejes que la historia se repita, no permitas el mismo error. ¡Es lo único que escucho desde que llegaste!¡Te odio!¡Te odio!

— ¡Ya lo sé!¡Lo has dejado claro desde el inicio!

— ¿Y te has preguntado por qué alguna vez?

—¡Porque no estamos a la misma altura!¡Porque tú eres un príncipe y yo soy la estúpida jueza que llegó tarde y... — su gritó me interrumpió y el dolor trás ella dejó más helada que el frío acompañándome desde que bajé a la cueva.

—¡No!¡No!¡Tu puedes irte!¡Escapar!¡Y yo no!. No, no te odio, te envidio Bridgette Coleman — su cuerpo cayó de rodillas en el suelo derrotado y no pude evitar correr hacia él.

¿Este era el verdadero Clavis?

— ¡Jueza! — gritó una última vez y al hacerlo, ví sus uñas crecer hasta convertirse en garras de diamantes.

Mi cuerpo, en un segundo, fue lanzado al otro lado por una de las ya conocidas raíces. El inconcientes subido de las abejas formaron una nube que levantó al Clavis desquiciado a varios metros sobre mi cabeza y lo dejaron caer. Al contacto con el suelo, se rompió en cientos de pedazos y a su vez un líquido azul se dispersó entre los restos

—¡Santos Cielo!¿Qué fue eso? — las abejas del pelirosa abandonaron su estado en las alturas y comenzaron a moverse en mi dirección, deteniéndose demasiado cerca de mi rostro —¿Pero, qué? — una cosa interesante de las abejas de Clavis, es que aporte de escapar de su boca y mantenerme en la constante interrogante si vivían en su estómago, es que aparentemente, también forman figuras. La mano compuesta por cientos de ellas con un dedo señalando la dirección de la que había venido en primer lugar y las raíces se extendían, imaginé, nuestro príncipe se enfrentaba a un mal tan llorón como el mío.

∆∆∆

No me equivocaba, pensé al ver a un Clavis literalmente contra la pared y una versión de mi casi desnuda.

No bromeo.

La parte superior de mi ropa había desaparecido. Mi cabello, un poco más largo de lo que llevaba, quedaba suelto cubriendolos y cayendo suavemente por mi espalda.

Me tomó unos segundos escuchar que decía mi versión desquiciada.

— ¿Por qué te alejas de mi?. No lo ves, soy como un pequeño fuego y tú eres el bosque que necesita ser quemado y renacer de las llamas. ¿A qué le tienes miedo?. — Yo, al exhibiciones que mi cuerpo era expuesto. No sabía si la vergüenza cruzando el rostro de Clavis ligado con un poco de odio ferviente se debía a lo mismo. — Vamos, cariño, acércate, déjame tocar ese precioso rostro tuyo. Cada vez que mis ojos captan tu figura, deseos insanos se apoderan de mi.

—¡Claro que no! — grité y al hacerlo, me di cuenta de mi error.

Yo y mi estúpida boca lo habíamos hecho de nuevo.

—¡Jueza! — gritó Clavis al verme.

Mi versión caliente y exhibicionista se giró con una lentitud y una sensualidad que me dejó impactada. Parecía que irrdiaba, no sé, como feromonas de femele fatal o algo así.

—¿Qué tenemos aquí?¿Quién se supone eres tú?

— Eso debería preguntar yo. ¿Quién demonios sois vosotros y por qué usas mi apariencia?

—¿De qué estás hablando?. ¿Tu apariencia?. Yo soy la original, ¿de dónde saliste tú?

—¿Original? En mi vida me comportaría como una... una, una pervertida buscando atención de esa forma. Mucho menos con Clavis.

— Oh, Por Dios. Admítelo. Lo deseas tanto como yo. Desde la primera vez que lo ví, esos ojos, esos labios, esos brazos al rededor de mi...

— Intentando matarte, ¿no?. ¿Eres masoquista? — la interumpí

— Con él, soy lo que desee. Mientras pueda permanecer a su lado, aguantaré todos los golpes que me lance.

— ¡Estás loca!¡Eso no sano!¡No quiero escuchar semejante estupidez saliendo de mi propia boca!¡Es espeluznante!

—¡Mentirosa! — gritó — Él te gusta. Él nos gusta. ¿Cuál es el problema? ¿No lo seguimos hasta aquí sin dudar un momento?¿No le pedimos ayuda sin buscar otras opciones?¿No nos aferramos a él en medio de los problemas?. Eres una mentirosa.

— Quizás si, quizás no. Pero tú dices "nos" como si fuéramos una sola personas. Significa que admites, no eres la única Bridgette que existe.

— Es una lógica incoherente.

— Tú eres una lógica incoherente. Ésta situación es una lógica incoherente y este mundo aún más incoherente. Vas a tener que esforzarte más en tu selección de adjetivos.

— No, voy a esforzarme más en deshacerme de ti. Así, solo habrá una original para reclamarlo a él. ¡Yo!.

Ah, sí. Vaya miedo.
La versión de mí de lanzó a matar y ya no lucía tan humana, ni tan parecida a mi.




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