Four Kingdoms

El Pozo VI

Cristal rojo
Cristal verde
Cristo amarillo
Cristal negro

Sinceramente, este sitio debería de ser renombrado. 'El pozo Arcoiris' quedaría muy bien o, el Laberinto del estrés cristalizado.
A medida que caminaba sentía el aire a mi alrededor más frío, más denso, más... difícil de respirar. No veía evidencia de otra vida que no fuéramos nosotros tres. ¿Acaso en esta cueva no había algún, primo, tío, hermano, abuelo, tío abuelo o jefe al que pudiera impresionar con mi bonito título y nos ayudará a salir del problema en el que estábamos metidos hasta el cuello?.

Me dediqué a buscar detenidamente en cada esquina una entrada sorpresa o algo peligroso, al punto de verme como una auténtica loca paranoica. Pero, no había cambios, no encontraba a Monarca, ni a Clavis. Estaba segura llevaba un rato caminando círculos y me daba algo de vergüenza preguntar a quienes amablemente se habían ofrecido de guías.

Ah, pero que equivocada estaba.

- Jueza - cuando Dou me llamó en un murmullo apenas entendible y ví como Tem bajaba la velocidad de sus pasos, supe, algo no pintaba bien - Alguien nos sigue

Fingí continuar en mi búsqueda, aunque mis miedos ya comenzaban a salir.

- Jueza, cuando yo le diga va a agacharse. ¿Lista? - No, no, lista no. - Jueza... 1, 2, 3, 4...

¿Por qué siempre hay que contar en las situaciones más peligrosas?, pensé. Y antes de que Tem llegará al siete, Dou lanzó dos cristales negros que traía en los bolsillos, saliendo disparados de tal forma que parecían proyectiles.

Uno de ellos, para nuestra buena suerte, golpeó un cristal grande y de alguna forma, la estructura entera colapsó. La figura que nos seguía salió de su escondite huyendo de los fragmentos que volaban por el aire y me sorprendí al ver que no era otro que Clavis.

¿Pero qué demonios?¿Había vencido a mi clon malvado?

- ¡Clavis! - grité al verlo. Claro que lo había hecho, se trataba de Clavis.

- Jueza, ¡retroceda! - gritó Dou.

El Clavis frente a mis ojos mantenía esa cara de Poker super inexpresiva que en ocasiones llevaba.

-Oye - ladró - ¿Por qué me estás mirando?

-¿Disculpa? - pregunté

- No creo que ese sea el Príncipe de la Primavera - especuló Tem - giré mi rostro hacia ellos y luego hacia él.

- ¡Otro! - concluí - ¡Éste tampoco es real!¿Quieres decir que pueden crear más?¿Es una broma?

- Tú eres una broma. Andas por ahí con tus aires de grandeza y crees que por un segundo estás por encima de mi. ¿Todos lo humanos son igual de arrogantes?

- Unos cuantos si, no todos

- Jueza no le responda a sus palabras. Cada vez que le habla lo hace sentir más real - Bueno eso no lo sabía, agradecí mentalmente a Dou antes de comenzar a estresarme por un camino de huida.

- Soy real. Estoy aquí y soy todo lo que verás hasta ahora...

- Tenemos que hacer algo - dijo Tem. La pregunta era qué - Tengo una idea.

-...apartir de hoy siempre estaré aquí. ¿Qué es la existencia para ti, jueza?¿Por qué existimos en este mundo?¿Hay alguna razón particular?¿O eres tan engreída para no preguntarte?...

- Jueza, olvide lo que dije. Responda. Responda todo lo que pueda, distraigalo.

Genial, ya me pintaban de carnada

Dou lanzó otro cristal y ante el mismo efecto, el clon de Clavis cubrió un segundo sus ojos, yo aproveché para esconderme trás un cristal relativamente medio y mis compañeros para huir.

- Me pregunto todos los días desde que nací por qué mi cabello era de este color. Mi madre tiene un tono rubio muy bonito y el de mi padre era un negro oscuro, precioso. Eso sí, antes de que comenzara a caerse. Ahora tiene la mitad de la cabeza calva y no para de quedarse al respecto. Creo que es algo hereditario.

- Silencio - exclamó él ante mi diarrea verbal. Me encontraba asustada, esperaba, la fuga no contara con abandono o me iba a enojar mucho. - ¿Cómo puedes considerar que tu vida es de mi incumbencia? Te hice una pregunta y respondiste de manera incorrecta.

El clon del pelirosa no era mi distinto de su contraparte. Su personalidad parecía un poco filosófica, aunque igual de desequilibrada e incoherente. Otra cosa eran sus poderes, el suelo no tardó en sacudirse y caí de bruces sobre mi trasero. Cosa que no fue difícil ya que en mi escondite me hallaba de cuclillas. Fue vergonzoso arrastrarme como un bebé entre las demás paredes mientras escuchaba su discurso sobre mi arrogancia, su arrogancia o la arrogancia de mi especie. Al final alguien era el arrogante y a mi simplemente me daba lo mismo, porque mi arrogante original se encontraba atrapado sin posibilidades de venir a salvarme.

- Tu perseverancia me parece estúpida. Te atraparé, es cuestión de tiempo. Disfrutaré de tus gritos y...

- No se supone que matar a un juez es un maldito tabú. Me siento estafada. Un pedazo de cristal ambulante va a matarme. Alguien debería de llamar a Tío Tiempo y clausurar este sitio - la risa más espeluznante de mi vida se hizo lugar.

- Palabras difíciles para una muerte fácil. Yo - entonces llegó un ¡Bam! y luego otro.

El cuerpo del Clavis falso salió disparado hacia mi posición. Le faltaba un brazo y parte de su cabeza teñida de azul, había sido destruida. Eso no impidió que se pusiera de pie y arremetiera contra mi cuerpo. Su brazo apretó mi cuello y forcejeé para sacarmelo de encima. Cosa que no funcionó. Y en mi momento de desesperación, agarré lo primero que estuvo a mi mano. No imaginé, la piedra elemental de Primavera me salvaría el trasero.

Con el breve roce de mi mano, sentí un cosquilleo indescriptible y de la nada, todo se pintó de verde, porque, el Clavis de cristal se convirtió en un arbusto con forma humana. A mi alrededor un manto remplazó el frío reflejo de agua congelada por lo menos a unos cuantos metros de mi posición.

Monarca llegó corriendo, entre sus manos, mi cabeza colgaba y creo que el impacto de la vista me hizo perder el conocimiento. Ya que después del susto, no recuerdo más nada, excepto asombrarme por el tatuaje que se formó en mi mano.




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