Querida madre, te extraño. El excéntrico viaje de tu hija continúa y aunque no seas capaz de escucharme, necesito quejarme con alguien porque de lo contrario siento que me volveré loca.
Estoy en Verano, en una cueva con un aparente complejo de fotocopiadora, para ser exactos. En la cueva hace un frío y me aseguraron muchísimo que era un pozo, me siento estafada. Pero repito, continúo en Verano. Mi guía, alias El Príncipe de la Primavera, alias el chico del que no debo enamorarme y vive repitiendolo hasta el cansancio, está lamentable, encerrado en una pared de cristal en la que estoy prácticamente segura es hielo. Mi nuevos compañeros, dos estacionales con una actitud aparentemente agradable, no comparten mi opinión con respecto a la composición del material que solo nos ha causado problemas. Luego tenemos a Monarca, que resultó tener vena medio decapitadora y me ha dejado, puedo asegurar a ciencia cierta, un trauma que no voy a olvidar en mucho tiempo.
Y para colmo, tengo un tatuaje. A mi, que nunca me había planteado en mi vida tener uno.
En conclusión, no hay avances significativos.
- ¿Está segura que se encuentra bien, jueza?- Dou mantuvo el rostro asustado por demasiado tiempo como para no notar la evidente preocupación exudado en él, cosa que agradecí.
Clavis simplemente hubiese soltado un: Sigues viva y perdemos tiempo por tu culpa.
- Jueza - Monarca no parecía comprender el por qué trás mi reacción. Me había salvado, si, no le quitaba eso. Entre el susto, el intento de asesinato y la locura en los ojos de la versión filosófica de Clavis, no me lo quitaba nadie de la cabeza el caos mental.
Si bien debería estar acostumbrada, ya que su yo real tuvo varios intentos para dejarme medio muerta, quiero aclarar que nunca lo hizo. Llamemoslo suerte o conciencia. Era todo a lo que me aferraba.
- Puedo ponerme de pie. Eso es algo - mis piernas temblaban y el suelo parecía más agradable que forzar a mi cuerpo a luchar contra la gravedad.
- Jueza - repitió Monarca encontrándose unos metros por detrás de Dou y Tem, casi pareciendo cautelosa
- Estoy bien - reafirmé - ¿Alguien puede explicarme cómo apareció otro clon de Clavis?
- Tengo la hipótesis de que el pozo realmente no desea dejarlo ir. Ni a usted tampoco.
-Ahí es dónde argumentado el por qué, ¿sabes?- le inquirí a Dou, simplemente, se encogió de hombros
- Desconozco la repuesta.
- Yo tengo una rezpuezta (respuesta) - soltó Monarca ganándose la atención de todos - Se de donde vienen
-¿En serio? - salté sobre ella -¿Entonces tienes una idea dónde podemos encontrar a Clavis?
- Azí ez (así es). Una verzión de uzted (versión de usted), jueza me dezpertó (despertó). No paraba de gritar y patalear. Me culpó de algunaz cozaz (algunas cosas) que no comprendí del todo. No fue hazta (hasta) que comenzó a hablar mal de los cuatro reyez que comprendí, no se trataba de usted. Una persona tan culta y amable como la jueza, nunca depocritaría de eza(esa) forma tan atroz y vulgar. - me sorprendí ante su declaración - Me lanzó varioz golpez (varios golpes). No contaba con enfrentarme a una fuerza tan (dezcomunal) descomunal. Mi cuerpo terminó en el aire...
- Espera un minuto - la interumpí - ¿Cómo exactamente votaste por el aire?
- Uzted (usted) agarró mi brazo y giró conmigo, pero fue mi cuerpo quién zufrió el impacto. No perdió tiempo y se dirigió a mis alaz (alas). Jaló de ellaz hazta cazi arrancarze (ellas hasta casi arrancarse) - un gemido de escapó de mi boca y no pude evitar buscar sus alas para comprobar su estado. Parecían estar bien.
-¿Y no hiciste nada?
- Creí, ze (se) trataba de uzted (usted). Quería sacarla de encima zin dañarla. Para mi zuerte (suerte) una de miz alaz(mis alas) cortó zu roztro (su rostro). El corte a zu alrededor ze volvió el un azul eztraño(extraño).
En eze inztante (ese instante) maldijo a mi rey y a loz otroz(otros). ¡Inconzevible!¡Una falzedad dezagradable! (falsedad desagradable)
- Genial. Una versión quejica y otr filosófica de Clavis. La versión psicópata y la agresiva de mi. ¡Santo Cielos!¡Nos están produciendo en masa!¡Debemos que encontrarar a Clavis y salir de aquí!¡Urgente!
- Zu opinión zerá rezpetada, jueza. (Su opinión será respetada, jueza) - dijo Monarca y mostró un ímpetu al hacerlo, que Doy y Tem se mostraron tensos.
- No era una orden ni nada parecido, ¿sí?. Yo solo... la piedra de Verano... el tiempo, ya saben. No quiero presionar a nadie es que, este sitio me tiene nerviosa. - comencé a divagar. Nada salía bien cuando daba una orden, aún así, como una maldita dependiente continuaba acercándome a ellas - Así que, Monarca, indica el camino... por favor.
La osa soltó una carcajada, realizó un saludo militar y dirigió nuestro pequeño grupo en busca de nuestro Príncipe Verde local.
Una vez más, ví a la suerte con ganas de querer joderme. Para cuando encontramos a Clavis, nos dimos con la dura realidad de que no estaba solo. Por lo menos, había una seis o siete versiones de nosotros dos montando guardia.
En serio iba a reunirme con las tales Hermanas suerte y plantearles algunas cosas sobre su precencia en este viaje.