— Cuento unoz trez Claviz y doz juezaz (Cuento unos tres Clavis y dos juezas) — murmuró Monarca y sentía que sus (s) salían de su hocico similar al sonido de una serpiente pero más pronunciado de lo normal. Porque si, era obvio que la escena le molestaba muchísimo
Sí estuviésemos en una caricatura estaría soltando humos por los oídos. Algo que sería divertido de ver. Su ceño fruncido pronunciadamente y la manera en que apretaba los colmillos servían de evidencia de su evidente enojo.
— Olvídalo, acaba de entrar otra jueza en juego — Tem tomó mi mano y sonrió para que no me estresará con el comentario de Dou
— Todo va a salir bien — agradecí sus palabras. No quería alarmar a nadie pero la última versión de mí en entrar, era la psicópata-exhibicionista. Quién por cierto se había dignado en ponerse una camisa... la camisa de Clavis, aquella que le había dado Verano.
— Eso espero — tomé una respiración profunda — ¿Cuál es el plan?
— Tú eres la jueza. Deberías tener una plan o al menos una idea — soltó Dou sin despegar los ojos del grupo de clones.
— Si tengo una idea, pero no va a gustarles ni un poco — agregué.
— Yo planeaba zimplemente una embozcada (simplemente una emboscada) — añadió Monarca
— Es algo similar — les dije. Los miré a los ojos y les conté mi idea. Dou me miró con recelo. Tem escuchó con calma y Monarca solo asentía como sí fuera la idea más brillante del universo.
°°°
Apreté mis puños. Esto era una mala idea, una pésima idea. Ridícula, tonta, mal calculada. La peor parte, se me había ocurrido a mí entre todos los presentes.
Monarca corrió fingiendo un ataque sorpresa y gracias al cielo una buena parte de los clones la siguió. Tal como esperaba, la versión psicópata se quedó. Sus brazos sobre el pecho apenas cubierto, miraba a su presa con adoración y entonces, el plan B atacó. Dou, armado con cuántos cristales pudimos recoger, inició su acción de lanzarle tantos y tan rápido como pudiera. Y cuando ella se disponía a atacarlo, persiguiendolo un poco para lograr alejarla de Clavis, Tem entraba en acción con el mismo procedimiento desde el lado contrario. En la conmoción, me escabullí como la cobarde que era y con cristal en mano, comencé a martillar la pared como si vida dependiera de ello. Porque vaya que si lo hacía.
Cómo dije, un plan bastante tonto, pero fue el único que se me ocurrió en aquel momento de tensión.
El cuerpo de Clavis estaba casi dentro, solo su brazo derecho hasta el codo y sus dos piernas se encontraban afuera. Con su rostro totalmente congelado me asustaba que no estuviera respirando.
— Clavis, por favor. Ayúdame un poco, ¿sí? — Mis avances eran lentos y bien mis manos temblando más que una gelatina, vigilando cada dos segundos en caso de llegar visitas de último minuto, no ayudaban mucho.
Golpeaba el área de su rostro y poco, la punta de su nariz salió. Quise chillar de alegría, pero en cambio tomé otro cristal y comencé a golpear con ambas manos. Yo no era ambidiestra ni nada parecido, pero estaba desesperada y una mujer desesperada, es una mujer capaz de hacer lo que sea. Hasta romper una pared sin los utensilios adecuados.
— Jueza....— la mención de mi voz me heló la sangre
— Maldita sea — maldije en voz baja. Realmente me lo pensé mucho para darme la vuelta y comprobar contra que tenía que enfrentarme.
— No deberías estar haciendo eso — gimoteo
—¿Cómo? — pregunté viendo la figura de un Clavis encorvado, con las manos mas temblorosas que una gelatina.
— Eso, liberarlo. Por favor, por favorcito. Detente, ella nos matará
— Y él, ¿crees qué va a estar bien si continúa atrapado en el hielo?
— Si — afirmó el con entusiasmo, pero luego se retractó — Digo, no. — lo pensó con miedo y volvió a hablar — No lo sé. Lo único de lo que estoy seguro, es que no deberías intentar liberarlo.
— Lo siento. Pero de aquí no me largo sin él
— Puedes llevarme a mi. No voy a gritarte, lo prometo. Seré muy cuidadoso y no te molestaré. Nadie tendrá problemas con ello.
— No... tú no eres el real.
— Él es malo y da miedo — afirmó como si fuera suficiente para hacerme cambiar de opinión. En cambio, me dió una idea
— Tienes toda la razón. Él es malo, un maldito demonio. No ha hecho más que entorpecer todo mi camino hasta este sitio y tratarme como una auténtica mierda. Pero, verás, ¿sabés a quién no le va a gustar la idea de un Clavis bueno o amable como tú? — negó y en segundos su rostro se iluminó como si tuviese una idea. Encogiéndose mucho más y aumentando los temblores en su cuerpo — Estoy hablando de la Reina de...
—¡No menciones su nombre! — gritó tan asustado que me dió pena.
Nunca imaginé ser testigo de un Clavis tan frágil. Aquel hombre con su porte imperturbable y la crueldad en su mirada. Esta versión, mostraba vida en sus grisáceos ojos.
— Su madre va a extrañarlo mucho. ¿Crees qué no se dará cuenta? No eres el Clavis original y eso la volverá loca.
— Yo, yo, yo... ¡No!¡No! — su respiración se volvió errática, dificultandole respirar. Abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua. Cubrió su cabeza con amabas con ambas manos y cayó al suelo. — ¡No quiero que ella me odie! — y dicho esto, su cuerpo se rompió en cientos de pedazos por su propia cuenta. Dejándome sin entender qué había sucedido.
Escuché un crack mientras veía enmudecida los pedazos de cristal en el suelo. Se trataba de Clavis, dos grieta se habían formado. Dos grites que no estaban allí cuando comencé a golpear la pared. Dos grites que utilicé para acelerar el proceso de rescate de Clavis.
Golpeé allí, golpeé con todas mis fuerzas y continúe golpeando porque su vida dependía de ello.