Four Kingdoms

El Pozo IX

Las grietas lata futuras referencias se abrieron en toda el área que conduce el cuello con su pecho. A diferencia del rostro que su pobre nariz medio sobresalían y un poco sus labios el pecho se encontraba inclinado viéndose más hundido igual que sus pies.

Ni siquiera había echo gran avance, pero Monarca regresó, agitada y con pequeños restos de cristal en su pata incrustadas. Tuve que detenerme un segundo y sacar algunas porque parecían ansiosas por clavarse en su piel. Aún así, agradecí su aparición, antes pregunté

—¿Qué pasó con las que te seguían? — Monarca eliminó su vista sobre mi con rastros de algo que creí, era culpa

— Maté a una de las zuyaz (suyas). La otra ezcapó (escapó), con rezpecto a laz del (respecto a las del) Príncipe...— Apreté su pata buena y la interumpí

— No te preocupes. Hiciste lo que tenía que hacer. Ahora, necesito algo de fuerza de osa para romper es pared. Ha sido una odisea y no avancé mucho.

— No ze (de) preocupe, jueza. Yo me encargo —

Yo en serio era una inútil. Monarca solo tuvo que golpear la pared tres veces con el cristal y se rompieron ambos, tanto el cristal como la pared. Aunque no completamente, las grietas se volvieron larga y alguno pedazo terminaron destruidos. Faltaba, faltaba más de lo que contábamos para sacar a Clavis. Y aquello era un gran problema. Porque a nada de llegar el tercer golpe, con el brazo derecho de Clavis por fin a fuera, la Reina de mis pesadillas apareció.

— Querida, jueza. ¿Se divierte? — No, no lo hacía. Pero, allí estaba, mi versión psicópata arrastrando a Dou por los cabellos.

Esto no tendría un buen final, ni por asomo, pensé tan asustada como la última versión de Clavis que conocí.

— ¡No te acerques! — ella río. La carcajada se coló en mis oídos y se clavó en mi alma.

¡Qué maldito miedo!

— Dime, querida. ¿Me tienes miedo? No deberías, después de todo, yo soy tú y tú eres yo

— Nada de eso. Dijiste que tú eras la original. Te golpeaste el pecho afirmandolo.

— Tú y yo sabemos que es mentira. Y aunque intenté llenar mi ego con con ello, no cambiará nada. Tú eres la original, pero, yo soy quién saldrá de aquí

— Me parece que no y no pienso permitirlo. ¿Sabés? Los Reyes no estarán muy contentos si me haces daño, es un tabú. Te matarán sin dudarlo. Y entonces, ¿de qué valdrá todo esto?

—¿Eres estúpida? — me preguntó — O simplemente no razonas. Los Reyes no me verán. Iré directamente a buscar la estrella de los deseos y luego, le pediré que lleve al mundo humano a vivir tu vida.

— ¡Espera un jodido segundo!¿¡Estás diciéndome que no necesito las cuatro piedras solo han estrella!? — entrecerró los ojos como si hubiese escuchado una gran estúpidez

—¡Intolerable! — gritó Monarca exageradamente molesta —¡Uzar la zagrada eztrella con tanta arroganzia!(Usar la sagrada estrella con tanta arrogancia) ¡Impozible! (Imposible) ¡Atroz!¡Inconzevible! (Inconzevible) — el serpenteo de volvió más pronunciado. Apretó sus dientes con fuerza y su mirada fue poseída por una oscuridad que no reconocí

— ¿Tus Reyes no te lo contaron? Hace eones las lluvias de estrellas caían como cascadas en inundaban las cuatro estaciones con su belleza. Pero las criaturas como yo, pedían cualquier tontería, incluso hubo alguien a quien se le ocurrió desafiar a Madre Vida, Padre Muerte y Tío Tiempo e imponer sus propios Reyes. Otros quisieron cambiar las reglas del Universo. Y, unos cuantos, llevaron el caos al mundo humano. Así que, Padre Muerte las tomó todas y las fundió en una sola.

>>Todos los Reyes la querían, así Madre las dividió en cuatro y le entregó una a cada rey. Pero las disputas no cesaban. Entonces, Tío Tiempo tomó un agente extraño, ató las estaciones a las piedras y se las confío al extraño. Un ser humano, el primer juez.

>> Pero, aún queda una. Las constelaciones, tienen una. Con su poder no hay nada que no puedas desear. Con su poder, no hay nada que no puedas tener. Dime, jueza...

La prórroga no continuó, ví su cuerpo caer de rodillas y a Tem trás de ella. El cuerpo se estampó contra el suelo en un último suspiro y tal como los anteriores, se quebró como un espejo roto.

Este era el problema con los villanos en todas la oeliculas. Comenzaban su discurso malvado y el héroe aprovechaba para ¡Zas!, ganarse sus felices para siempre. O en este caso, una Tem muy cabreada había salvado a su pareja, a Monarca y a mi.

Ahora sabía algo. No le entregaría la estrella a Verano. Especialmente si con eso, está aventura conocía su fin. Miré a Clavis una última vez el intenté calmar el cuerpo de Monarca que continuaba tensa.




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