Clavis parecía un pitufo. Uno alto y sexy, aunque bastante agotado pitufo. En mi cabeza, me había imaginados esta escena varias veces. Quizás, un gracias, tal vez, me abrazaría. En cambio, revolvió su cabello rosa, apoyó su codo contra la rodilla, cabe destacar que se encontraba sentado en el suelo con las piernas dobladas, y me miró con aquella cara de asco absoluto suya.
—¿Por qué no te lárgaste?
—¿Qué? — lo miré sin comprender a que se refería
— ¿Cuánto?
—¿De qué estás hablando?
— ¿¡Cuánto tiempo hemos perdido!?¡A este paso el otro grupo debe haber regresado con Verano, pedazo de idiota!¿!Por qué hacer siempre lo que quieres y no lo más lógico!?¡Arriesgar así tu vida!¿Por qué? — mi mano se movió por inercia. Su mejilla tomó un color rojo vistoso y las lágrimas corrieron por mi rostro sin control, no eran de miedo sino de dolor.
Dolor porque había sacrificado mi vida por él y no le importaba
—No se qué pensaba. ¡Eres de lo peor!
— Eso, tú no piensas. Si fuera así, ya te hubieses ido. Tendrías los tres objetos y estarías de camino a la próxima estación
—¿Cómo puedes pensar que te abandonaría?
— ¡Porque es lo correcto!¡El tiempo...
— ¡Lo correcto es quedarme a salvarte como haz echo por mí desde el principio!
— Lo hice porque eres mi responsabilidad. Yo soy tú...
—¡No digas que eres mi guía!¡No estamos en Primavera!¿Hasta cuándo vas a esconderte trás ese estúpido título para seguirme?
— ¡No me escondo!¿Tienes otro guía?¿¡Dime dónde está!?¡Viento del Este te abandonó!¡Ese engendro de Pol te abandonó! Estás atrapada y no hay nadie a tu lado para evitar que mueras. Hice lo mejor que pude para salvarte de la locura de emi madre. No porque me guste, sino porque no quiero cargar con la muerte de otro Juez. No necesito más de ello sobre mis hombros. Eso es todo. No te has detenido mi un segundo para utilizar esto — tocó su cabeza — Deja de malinterpretar cada pequeña acción que hago. Deja de creer que algo sucederá entre tú y yo, porque no lo hará. Desde el principio te lo advertí, no te obseciones conmigo. No soy bueno. No soy lo que necesitas. Lo que sea creas sientes aquí — dijo señalando mi pecho — No es real. Es culpa de esto — señaló su rostro — Todo el mundo cae por esto. Todo el mundo busca esto. No eres diferente de los demás. Nunca mostraste ser diferente del resto. Siempre pegada a mi. Siempre demostrando que no me equivoco. Siempre...
Lo besé
Sí, fue la única manera de callarlo. De evitar que siguiera hiriendome y sus palabras golpearan mi pecho con tanto dolor.
No fue suave. No fue bueno. Fue mi desesperación diciendo adiós y cuando nos separamos, ví la sorpresa en sus ojos ser remplazada por la ira. Iba a explotar
— Una de tus versiones me dijo que la razón de tu odio hacia mi es por celos. Tienes envidia que yo tenga un lugar donde regresar y sea libre. Mientras tú tienes que estancarte aquí. No puedo sacarte de este mundo, pero puedo liberarte de tus responsabilidades. Te besé en la cueva, ¿verdad? Significa que ya no estamos vihinculados. Eres libre de mi, de ésta responsabilidad.
— Tú, ¿qué acabas de hacer?— siseó — Aún no...
— No te preocupes. A partir de ahora, Tem será mi guía.
—¿Quién es Tem? — preguntó enojado
— Yo — levantó la mano la aludida — Pero... — le brinde una súplica silenciosa y ella se tragó sus palabras
— No, aún.
— Es suficiente, Clavis. Solo... vete. Estoy con ellos apartir de ahora.
— Ellos son unos inútiles. No sobrevivirás...
—¡Mejor morir con ellos que contigo!¡Tú vas a matarme, Clavis!¡Estás acabando con la poca cordura que me queda!¡Arriesgué mi vida para salvarte! — su rostro, por primera vez desde que lo conocía era un poema de emociones que no tenían idea a dónde bullir. Me puse de pie y le dí la espalda — Tienes razón. Desde el primer día que te ví, sentí cosas por ti. Llámalo obsesión, gusto, admiracion. Cómo quieras estará bien. Eres precioso por fuera, Clavis. Pero estás muy roto por dentro.
No tuve dificultad de decir lo que pensaba. No tuve miedo de hacerle saber parte de mis sentimientos. Es pavor que una vez tuve por Clavis, me había costado dos estaciones y un montón de malas decisiones, pero lo había superado.
Al final, guardé una de las piedras que estaba segura eran el agua del Pozo, por eso Pol nos había dicho que las recogieramos y me marché. No dije más adioses. Solo, regresé al caluroso desierto y caminé en él, hasta que mis piernas empezaron a extrañar a mi Príncipe Problemático.