Ya sentía el calor pasarme la cuenta como la factura de la electricidad. Necesitaba sentarme, un poco de agua, unas horas del aire acondicionado y unas seis horas de sueño profundo ininterrumpido. Cosa que parecía ser difícil.
Tem y Dou charlaban como si se tratará de un paseo por el jardín y aunque agradecía los intentos de volar bajo de Monarca para brindarme un poco de sombra, el sudor bajando por mi espalda me tenía la piel pegajosa y super incómoda
—¿Falta mucho?
— Cinco minutos menos que la última vez que preguntó, jueza — dijo Tem
— Brigitte — le corregí — le pedí que me llamarán por mi nombre. A este paso voy a olvidarlo
Dou fingió un carraspeo y me dijo
— Es difícil, jueza. Nos hace sentir incómodos, solo los vinculados a su persona tienen permiso a llamarla por mi nombre
— Clavis estaba vinculado a mí y nunca me llamó por mi nombre. Estúpida, idiota, ignorante... Uff, puedo hacer una lista y quedarme sin suficiente papel
— Sabe, jueza, con respecto a lo del vínculo — antes de que Tem pudiera hablar, Dou le dio un codazo y ella frunció el ceño — Es que es raro — murmuró
— No es nuestro asunto.
— En serio. Nada de secretos, por favor. Me siento más ignorante de lo que ya soy y no me parece justo. Así que, adelante
— Bien — dijo ella convencida — ¿Cómo dice que se vinculó con el Príncipe de la Primavera? — suspiré resignada, ya había contado esa historia antes, dos veces y sinceramente, no me apetecía contarla de nuevo. Pero ya que preguntaba, le haría el microresumen del año. Ella asintió mientras me escuchaba — ¿Y le dijo que besarlo en la cueva resolvería el asunto?
— Si
— Me temo, le mintieron descaradamente — me detuve en silencio y luego reaccioné
—¿¡Qué!?
— El juramento vinculativo es algo sagrado y si, la parte de él cómo está bien, pero es imposible romperse con un beso. Básicamente, no se rompe a menos que usted muera o se vaya. Cosa que no afecta al estacional vinculado. Especialmente cuando no se a establecido la Unión
—¿La qué?
— Oh, es maravilloso, jueza. Usted comenzaría a ser capaz de comunicarse emocionalmente con sus vinculados para asegurar su protección. Compartiría sus padres, incluso, sus pensamientos.
Santa Madre del Sol. Alguien en había mentido bien duro
— !Monarca! — grité un poco enojada
—Zi, jueza (si, jueza)
—¿Recuerdas cuando nos encontramos con Don Amor y el expliqué mi problema con aquel hada loca que me había echo vincularme con Clavis?
— Zi
—¿Y durante todo el trayecto que Clavis y yo discutíamos sobre desvincularnos por qué nunca dijiste nada al respecto?
— Yo no había ezcuchado (escuchado) nada al respecto y de hazerlo (hacerlo), mi trabajo es ayudarla a encontrar las piedraz (piedras), jueza. No inmizcuirme (inmiscuirme) con su relazión (relación) con el Prínzipe (Príncipe)
Me ví frustrada, enojada, estafada, con ganas de dar vuelta y gritarle a ese bastardo hasta perder la voz.
¿Por qué?
Era lo único que surcó mi mente y entonces, de la nada, el sonido de un motor.
— Zon loz (son los) del otro grupo — siseó Monarca
Tem movió las manos, dió saltos junto a gritos y el auto hecho de remaches de metal se acercó a nosotros, estacionado a metros de mi.
— Joder, te lo dije — dijo uno
— ¿Realmente son los verdaderos? — dijo otra
— Los originales y nos abandonaron en la cueva — gruñó Dou
— Hombre, no te sulfures. No lo sabíamos, les dimos una buena patada cuando nos dimos cuenta — dijo un tercero
—¿Y ahora? — preguntó Tem
— Pues vamos de vuelta — dijo la segunda voz
—¿Cómo?¿Encontraron la piedra de los deseos?
— Guao, la jueza acaba de hablarme, ¡increíble!— chilló la chica. El primero, el que iba al volante habló
— ¡Qué va! Todo el mundo sabe que están extintas. Viramos con lo que tenemos, Viento del Este va a tener que hacer una excepción.
— ¿Cómo que Viento del Este?— todos rieron ante mi pregunta
— No invente, jueza. No se dio cuenta.
— Espera, sí ni Otoño o el Príncipe lo hicieron
— Bueno, ¿van a contarme a que se refieren?
— Lo siento, jueza. Ya se nos fue la lengua una vez y dos...
— Miren, tengo la paciencia que se acaba de largar sin retorno. Van a contarme o voy a obligarlos. ¿No recuerdan lo que sucedió en la plasis?
El conducto se bajo los lentes de sol y me dió una mirada breve. Ví a otro, de los sentados atrás tragar con dificultad
— Verano y Viento del Este son gemelas idénticas. Cuando Viento no está en su forma de ventisca, se hace pasar por Verano mientras ella está en el Centro de Conciliación o en guerra con Invierno. Si ella estaba en la plasis y Otoño también, lo más probable es que ande la última.
— No de enoje con nosotros, jueza. A la mayoría no le importa y no todos se dan cuenta del cambio
— Por eso fue rente a dejarme llamar a Viento del Este para que formará parte de nuestro grupo.
— Puede chantajearla con eso, sí se cansa de buscar la piedra.
— No — dije — Necesito un medio de transporte... aún me faltan cosas por encontrar.
— ¡Ah, sí!— chilló la chica — Hay un barco hundido cerquita de aquí. Podemos armar algo con las piezas que hay y justamente, traernos un motor de repuesto
— ¿Harían eso por mi?
— Claro, usted es la jueza
— Eso y mejor hacerlo voluntariamente a que nos obligue — mis mejillas se pusieron rojas
— Lo siento, no quería sonar como una perra malvada... solo quiero regresar a casa y, todo el mundo parece intentar que no lo logre
— Vamos, jueza. Cambie esa cara — dije el tercero
— Saldrá bien — sonrió Tem — Seguro no lo sabía, pero todo los de Verano somos unos manitas de los buenos — me aseguró y me sentí mejor. Con una calidez en el pecho por primera vez en mucho tiempo.