Four Kingdoms

Queridas Conteslaciones I

Ya sentía el calor pasarme la cuenta como la factura de la electricidad. Necesitaba sentarme, un poco de agua, unas horas del aire acondicionado y unas seis horas de sueño profundo ininterrumpido. Cosa que parecía ser difícil.

Tem y Dou charlaban como si se tratará de un paseo por el jardín y aunque agradecía los intentos de volar bajo de Monarca para brindarme un poco de sombra, el sudor bajando por mi espalda me tenía la piel pegajosa y super incómoda

—¿Falta mucho?

— Cinco minutos menos que la última vez que preguntó, jueza — dijo Tem

— Brigitte — le corregí — le pedí que me llamarán por mi nombre. A este paso voy a olvidarlo

Dou fingió un carraspeo y me dijo

— Es difícil, jueza. Nos hace sentir incómodos, solo los vinculados a su persona tienen permiso a llamarla por mi nombre

— Clavis estaba vinculado a mí y nunca me llamó por mi nombre. Estúpida, idiota, ignorante... Uff, puedo hacer una lista y quedarme sin suficiente papel

— Sabe, jueza, con respecto a lo del vínculo — antes de que Tem pudiera hablar, Dou le dio un codazo y ella frunció el ceño — Es que es raro — murmuró

— No es nuestro asunto.

— En serio. Nada de secretos, por favor. Me siento más ignorante de lo que ya soy y no me parece justo. Así que, adelante

— Bien — dijo ella convencida — ¿Cómo dice que se vinculó con el Príncipe de la Primavera? — suspiré resignada, ya había contado esa historia antes, dos veces y sinceramente, no me apetecía contarla de nuevo. Pero ya que preguntaba, le haría el microresumen del año. Ella asintió mientras me escuchaba — ¿Y le dijo que besarlo en la cueva resolvería el asunto?

— Si

— Me temo, le mintieron descaradamente — me detuve en silencio y luego reaccioné

—¿¡Qué!?

— El juramento vinculativo es algo sagrado y si, la parte de él cómo está bien, pero es imposible romperse con un beso. Básicamente, no se rompe a menos que usted muera o se vaya. Cosa que no afecta al estacional vinculado. Especialmente cuando no se a establecido la Unión

—¿La qué?

— Oh, es maravilloso, jueza. Usted comenzaría a ser capaz de comunicarse emocionalmente con sus vinculados para asegurar su protección. Compartiría sus padres, incluso, sus pensamientos.

Santa Madre del Sol. Alguien en había mentido bien duro

— !Monarca! — grité un poco enojada

—Zi, jueza (si, jueza)

—¿Recuerdas cuando nos encontramos con Don Amor y el expliqué mi problema con aquel hada loca que me había echo vincularme con Clavis?

— Zi

—¿Y durante todo el trayecto que Clavis y yo discutíamos sobre desvincularnos por qué nunca dijiste nada al respecto?

— Yo no había ezcuchado (escuchado) nada al respecto y de hazerlo (hacerlo), mi trabajo es ayudarla a encontrar las piedraz (piedras), jueza. No inmizcuirme (inmiscuirme) con su relazión (relación) con el Prínzipe (Príncipe)

Me ví frustrada, enojada, estafada, con ganas de dar vuelta y gritarle a ese bastardo hasta perder la voz.

¿Por qué?
Era lo único que surcó mi mente y entonces, de la nada, el sonido de un motor.

— Zon loz (son los) del otro grupo — siseó Monarca

Tem movió las manos, dió saltos junto a gritos y el auto hecho de remaches de metal se acercó a nosotros, estacionado a metros de mi.

— Joder, te lo dije — dijo uno

— ¿Realmente son los verdaderos? — dijo otra

— Los originales y nos abandonaron en la cueva — gruñó Dou

— Hombre, no te sulfures. No lo sabíamos, les dimos una buena patada cuando nos dimos cuenta — dijo un tercero

—¿Y ahora? — preguntó Tem

— Pues vamos de vuelta — dijo la segunda voz

—¿Cómo?¿Encontraron la piedra de los deseos?

— Guao, la jueza acaba de hablarme, ¡increíble!— chilló la chica. El primero, el que iba al volante habló

— ¡Qué va! Todo el mundo sabe que están extintas. Viramos con lo que tenemos, Viento del Este va a tener que hacer una excepción.

— ¿Cómo que Viento del Este?— todos rieron ante mi pregunta

— No invente, jueza. No se dio cuenta.

— Espera, sí ni Otoño o el Príncipe lo hicieron

— Bueno, ¿van a contarme a que se refieren?

— Lo siento, jueza. Ya se nos fue la lengua una vez y dos...

— Miren, tengo la paciencia que se acaba de largar sin retorno. Van a contarme o voy a obligarlos. ¿No recuerdan lo que sucedió en la plasis?

El conducto se bajo los lentes de sol y me dió una mirada breve. Ví a otro, de los sentados atrás tragar con dificultad

— Verano y Viento del Este son gemelas idénticas. Cuando Viento no está en su forma de ventisca, se hace pasar por Verano mientras ella está en el Centro de Conciliación o en guerra con Invierno. Si ella estaba en la plasis y Otoño también, lo más probable es que ande la última.

— No de enoje con nosotros, jueza. A la mayoría no le importa y no todos se dan cuenta del cambio

— Por eso fue rente a dejarme llamar a Viento del Este para que formará parte de nuestro grupo.

— Puede chantajearla con eso, sí se cansa de buscar la piedra.

— No — dije — Necesito un medio de transporte... aún me faltan cosas por encontrar.

— ¡Ah, sí!— chilló la chica — Hay un barco hundido cerquita de aquí. Podemos armar algo con las piezas que hay y justamente, traernos un motor de repuesto

— ¿Harían eso por mi?

— Claro, usted es la jueza

— Eso y mejor hacerlo voluntariamente a que nos obligue — mis mejillas se pusieron rojas

— Lo siento, no quería sonar como una perra malvada... solo quiero regresar a casa y, todo el mundo parece intentar que no lo logre

— Vamos, jueza. Cambie esa cara — dije el tercero

— Saldrá bien — sonrió Tem — Seguro no lo sabía, pero todo los de Verano somos unos manitas de los buenos — me aseguró y me sentí mejor. Con una calidez en el pecho por primera vez en mucho tiempo.




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