Fractumbra: Convergencias - Vol. I V

Capítulo 1

Ava en ruinas

La ciudad era un esqueleto dormido. Torres quebradas, redes colapsadas, calles anegadas de polvo y ecos. Ava caminaba sola, con los pies descalzos sobre un concreto que parecía recordar cada paso anterior. Reconocía los restos: la cúpula oxidada del centro temporal, la antena de estabilización doblada como un junco, una señal flotante parpadeando “NOVA AE—”.

Pero no era su ciudad.

Lo sabía por el cielo. El color estaba mal. Un azul con bordes violeta, como si alguien hubiera dibujado la atmósfera con bronca. Lo sabía por el viento, que no traía olor a ozono como siempre, sino a hierba seca y metal. Y lo sabía por el silencio: un silencio que no era de abandono, sino de espera.

Caminó hasta donde antes habría estado el ascensor de la torre central. No encontró más que una grieta. Dentro de ella, un zumbido leve, como el de un sistema apagado que aún recuerda cómo encenderse.

—Estás fuera de fase —dijo una voz.

Ava no se sobresaltó. Se giró, y lo vio: un hombre delgado, piel color arcilla, ojos claros y una capa hecha con retazos de uniformes de Arytza. No lo conocía, pero su rostro tenía algo que se parecía demasiado al de Marcus.

—¿Dónde estoy?

—En una línea que no te corresponde. Entraste cuando no debías. El núcleo está abierto y las versiones empiezan a cruzarse.

Ava lo observó, con esa mirada que ya no era solo de ella, sino de todas las que fue. —¿Vos sos Marcus?

El hombre negó. —Soy lo que queda de una de sus decisiones. Me hice a un lado para que él existiera.

—¿Y por qué estoy acá?

Él la estudió con una mezcla de compasión y cálculo. —Porque dijiste que sí cuando debiste haber dudado. Ese sí quebró la línea. Y ahora… estás atrapada en un eco.

Detrás de ellos, la ciudad tembló. No un terremoto. Era más bien como si algo la estuviera recordando.

—¿Cómo salgo?

El hombre sonrió, pero era una sonrisa triste. —No salís. Pero podés atravesarla. Tenés que encontrar la escena que no viviste y vivirla. Si el eco se resuelve, te soltará.

Ava cerró los ojos. Recordó a Alex. Recordó la máquina. Recordó a Marcus diciendo “esto ya pasó”.

—¿Qué escena?

El hombre señaló una torre quebrada, al este. —Allí decidiste traicionar a Alex. Y lo hiciste por miedo. En esta línea, él aún confía en vos.

Ava no preguntó más. Caminó. La torre se acercaba, rota pero erguida. En algún punto, su sombra se despegó del suelo y comenzó a moverse antes que ella. Iba a tener que enfrentarla.

Esta no era su línea. Pero era su eco.

Y en la Fractumbra, hasta lo que no sucedió, deja cicatriz.




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