Marcus, patrón de sí mismo
El cielo de esa realidad no tenía color. Era una red translúcida, como si alguien hubiese descascarado la textura del tiempo y dejado solo la estructura. Marcus caminaba por una ciudad sin calles, donde los edificios crecían hacia abajo y los relojes latían. Cada paso que daba generaba un eco de sí mismo, una estela breve que moría un segundo después.
Sabía que no era su mundo. Lo sentía en los pies, como cuando uno entra a una casa ajena y todo está ligeramente mal.
—¿Sabés qué es esto? —preguntó una voz, sin cuerpo.
—Un error —respondió Marcus, sin dudar.
—No. Una posibilidad que te evitaste. Un lugar donde no dudaste. Donde no te quebraste. Donde fuiste todo lo que podías ser… demasiado rápido.
Una figura emergió del aire, ensamblándose como una escultura de datos. Era Marcus. Más alto. O más viejo. O más decidido. Era imposible precisar.
—Acá no me contuve —dijo la figura—. Cuando sentí el tirón del Patrón, no peleé. Me entregué. Fui su arquitectura. Su núcleo. Y sí… vi todo.
—¿Qué viste?
—Que pelearlo de frente no sirve. Que el Patrón no se vence: se redibuja. Desde adentro.
Un silencio tenso. El otro Marcus extendió la mano, mostrando una esfera que flotaba sobre su palma. Era una miniatura del Patrón, pulsando lentamente.
—Tomalo —dijo—. No para rendirte. Para comprender. Para diseñar lo que viene después.
Marcus original dudó. Su yo alterno bajó la voz.
—Si no lo hacés vos, lo va a hacer alguien que no sos vos. Y ahí sí que estamos en el horno.
La esfera latió, y por un instante, Marcus sintió todos sus yoes superpuestos: el niño que amaba desmontar relojes, el técnico de Arytza, el que se quebró en la sala del Patrón, el que murió, el que todavía no nació.
Extendió la mano. La esfera desapareció. No necesitaba llevarla. Ya estaba en él.
Cuando abrió los ojos, estaba de vuelta en un taller abandonado, solo, cubierto de polvo de memoria. En una pared oxidada, un grabado:
“El Patrón no era una cárcel. Era un espejo. Vos elegís qué reflejar.”
Marcus se levantó, con una idea fija: aún no era el guardián . Pero ahora sabía lo que guardaba.
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Editado: 20.12.2025